
Los inversores del mundo miraban anoche el premarket de las Bolsas de Nueva York. Hay temor por las empresas de Inteligencia Artificial que cambiaron las reglas del juego. Ahora los inversores no solo se preguntan si hay riesgo en apostar por ellas, sino si los daños colaterales que están provocando los obligará a desprenderse de acciones de otros sectores, como software, seguros, inmobiliaria, bancos o logística.
Por caso, hay empresas de transporte marítimo que han diseñado su propio modelo de IA para mover los containers y las empresas que se ocupaban de esta tarea pueden quedar de lado. La mayoría de ellas son grandes.
Por otro lado, la función de los programadores quedó relegada porque la IA diseña sus propios programas.

Ismael de la Cruz, analista de mercados financieros, alertó que también afecta a las compañías de seguros porque un modelo nuevo de IA compara las tarifas de las distintas empresas que aseguran autos reduciendo la tarea de los productores y, seguramente, desatará una competencia que les hará perder renta. A los bancos los vulnera en el sector de gestión patrimonial: la IA le indica a cada individuo la mejor estrategia para reducir el pago de impuestos personales.
Pero, por otro lado, la IA se desarrolló en base a un enorme endeudamiento que todavía no muestra ganancias. Las inversiones son incalculables, pero los retornos no aparecen y, cada vez hay más competidores en el sector, que abaratan los precios. Peor señal imposible: estar endeudados con precios en retroceso.
Los memoriosos recordarán cuando nació la telefonía celular. Las primeras compañías se endeudaron a cuenta de un gran negocio y pagaban en las licitaciones de las grandes ciudades montos inimaginables por habitante. En ese momento, las licitaciones se hacían en base a la cantidad de residentes y las empresas creían que tenían por delante un mercado infinito. Pronto aparecieron nuevas empresas, con menores tarifas y los pioneros tenían que seguir compitiendo y pagando la deuda que tomaron. La crisis de las telco estalló en la segunda mitad de los ’90 porque la tesis de que el mercado era infinito fue una ilusión y se dieron cuenta de que pagaron caro las licitaciones. Hubo quiebras, fusiones y renegociación con los bancos. Desaparecieron los operadores regionales y entraron nuevos y grandes jugadores. Abundaron los inversores heridos.
La IA se desarrolló en base a un enorme endeudamiento que todavía no muestra ganancias
Ahora, los inversores al principio creían que la IA transformaría a todas las industrias, que iban a tener enormes ingresos a futuro. Hicieron valuaciones a cuenta de ese futuro que se demora en aparecer. En otras palabras, el temor a que estén sobrevaluadas (burbuja) es cada vez mayor y se asemeja a una profecía negativa que no es difícil de cumplir.
Cada inversor opera preparado para gatillar la orden de venta ante cualquier movimiento que no comprenda. Una ínfima baja, puede desatar un derrumbe.
El temor hace que el inversor actúe con todos los sentidos en alerta. Ahora, por caso, perciben que los abonados a Copilot, la IA de Microsoft, representan una centésima parte de los abonados que tiene la compañía.
Anoche, las primeras operaciones del premarket en Nueva York expresaban el temor. Las acciones del Nasdaq estaban 0,02% abajo con tendencia a disminuir y el S&P 500 abría 0,10% arriba. El Nasdaq está 3% abajo y el S&P500, 0,14% en lo que va del año. Ambos índices vienen de dos semanas de pérdidas.
El oro trataba de quebrar el techo de USD 5.000: es el refugio preferido de los inversores, pero creen que está sobrevaluado. El metal cotizaba anoche con una baja de 0,50%. El petróleo Brent era lo sobresaliente con una suba de 1,3% acercándose a los USD 69 por barril.
Las acciones de Microsoft, Meta, Apple y Tesla, entre otros estaban en rojo.
¿Qué destino alternativo está en la mira de los inversores? La buena noticia es que Sudamérica, junto a Asia, son dos de los destinos elegidos.