Sandra Hüller volvió al drama histórico con una elogiada actuación en “Rose”, presentada en la competición oficial de la Berlinale, donde recibió una ovación tras la proyección. La actriz alemana interpreta a una mujer que asume la identidad masculina en la Alemania del siglo XVII, una interpretación que la sitúa como candidata al Oso de Plata a la mejor interpretación, según informó EFE.
Después de su participación en “Anatomía de una caída”, trabajo por el que fue nominada al Oscar, Hüller actuó en una comedia y tiene cuatro nuevos proyectos, incluidos “Digger”, dirigida por Alejandro González Iñárritu y coprotagonizada por Tom Cruise, que llegará en octubre. Su presencia con “Rose” en el festival berlinés representa un regreso a papeles dramáticos y refuerza su perfil como una de las figuras más versátiles del cine europeo, según recogió la agencia EFE.

La interpretación de Hüller en “Rose” fue reconocida tanto por el público como por la crítica, consolidándola como una de las favoritas para el máximo galardón. Previamente, obtuvo el Oso de Plata a mejor actriz en 2006 por “Réquiem” y ahora acumula elogios por este nuevo papel.
En la película, Hüller representa a Rose, una mujer que durante años ha adoptado la identidad de un hombre para proteger su libertad y seguridad. La trama transcurre tras la Guerra de los Treinta Años, en una zona rural donde un soldado aparece reclamando una finca al alegar que es hijo del antiguo dueño.
A lo largo del filme, el personaje deja claro que no desea ser hombre, sino que utiliza esa apariencia para vivir con autonomía y tener una existencia propia. La actriz explicó en rueda de prensa que, aunque se ha especulado sobre la orientación de Rose, la verdadera motivación del personaje radica en sobrevivir ante una sociedad opresiva.

Markus Schleinzer, director de “Rose”, señaló que se inspiró en hechos reales documentados en el siglo XVII, incluida la última ejecución en Alemania de una mujer acusada de sodomía. Explicó que un amigo historiador le relató el caso de una mujer ajusticiada dos siglos y medio atrás, lo que despertó su interés por situaciones similares de la época.
Schleinzer afirmó que identificó unos 300 casos de mujeres en Alemania y otros países que se vistieron con pantalones y prendas masculinas para evitar matrimonios impuestos, obtener mayor autonomía o protegerse de agresiones. Reflexionó sobre si aquellas mujeres alcanzaron la libertad que buscaban y subrayó que la mayoría solo es conocida a través de sumarios judiciales.
Sobre el mensaje central de la película, Hüller consideró que persiste la violencia y la discriminación contra quienes desafían las normas de género. Schleinzer, quien se definió como persona queer, expresó: “Tenemos que llegar a la idea de que todos somos queer; solo así lograremos la libertad de ser lo que deseamos y amar a quien queramos”.
Una de las decisiones más destacadas del filme es el uso del blanco y negro. Schleinzer explicó esta opción para centrar la atención en la historia y en los personajes, evitando que los colores —y especialmente el rojo de la sangre— aumentaran el dramatismo visual.
A pesar de los avances en derechos y libertades, Hüller subrayó que muchas personas aún enfrentan ataques y discriminación por su sexualidad, recordando que la lucha por la igualdad y la libertad sigue vigente.
(Con información de EFE)