Henry Kissinger fue secretario de Estado de Estados Unidos entre 1973 y 1977 (EFE/Andre Kosters)

La Munich Security Conference (MSC) tiene lugar entre el 13 y el 15 de febrero de este año en el Hotel Bayerischer Hof, es la número 62, se consulta la participación de 200 representantes de 120 países, y sin duda, es la más importante para el tema geopolítico en Occidente, adquiriendo una renovada importancia por el protagonismo que ha adquirido, siendo quizás el elemento más llamativo de la época histórica que estamos viviendo, tanto que desde el punto noticioso, esta Conferencia es el equivalente de lo que representa Davos para el globalismo económico.

Marco Rubio llegó a Alemania con la misión de seguir manteniendo la presión sobre Europa para que invierta más en seguridad y defensa como también de seguir haciendo explícitas las diferencias que existen en temas como Ucrania, Rusia y el futuro de una alianza a la cual no se le aprecia hoy la misma utilidad que tuvo en el pasado, pareciendo decir que quizás debió haber desaparecido con la URSS, tal como ocurrió con el Pacto de Varsovia.

Aun en el peor escenario, la OTAN no desaparecería hoy por el costo impresionante que tendría concordar una política de defensa y seguridad con 28 diferentes países, tal como fue desarrollado en una carta abierta firmada por embajadores y ex encargados militares de esa institución, en el sentido que la inversión hecha beneficiaba a EE. UU., más que a los europeos, pero si las próximas elecciones la ganan los republicanos, sin duda quedaría reducida a una mínima expresión y sin cumplir un rol protagónico a nivel mundial.

En todo caso, como Rubio se ha limitado a repetir lo que ha dicho más de una vez, es de esperar que por la reacción que tuvieron en aquella oportunidad sus líderes políticos, es de esperar que al menos los servicios de inteligencia del Reino Unido y Francia no hubiesen sido sorprendidos tal como ocurriera el año pasado con la intervención del vicepresidente JD Vance con las muy duras críticas que hiciera a las políticas europeas sobre inmigración, partidos populistas y libertad de expresión, sobre todo en este último punto, donde los europeos, salvo excepciones como Hungría, se sintieron particularmente ofendidos, cuando aseguró que el continente sufría un “retroceso” al respecto, aunque a mi juicio, ello efectivamente ha ocurrido con esa libertad.

De hecho, a partir de ese momento, EE. UU. se transformó en quizás el único país en el mundo que ha transformado este tema en relevante para su política exterior, recordando la forma como el tema de los derechos humanos se incorpora hasta hoy en el gobierno de Jimmy Carter. EE. UU. lo ha incorporado en conjunto con la protección de sus gigantescas empresas tecnológicas, incluyendo X, Meta y Google, no solo con Europa sino también con Brasil y otros países, sirviendo de base, para sancionar a nivel internacional a funcionarios y jueces que han sancionado a ejecutivos de esas empresas, siempre en base a leyes estadounidenses, como ocurriera en el caso del Juez De Moraes y familiares, sanciones posteriormente levantadas.

En todo caso, en su estilo, Rubio parece menos interesado en la confrontación que Vance, su rival en la carrera por suceder en la presidencia a Trump. Rubio no va a asistir al foro después de su visita a Armenia y Azerbaiyán, uno de los siete lugares donde EE. UU. hoy ha mediado a favor de la paz y la mantención del cese de fuego, no perdiendo oportunidad de exigir mayor participación de Europa en aquellos conflictos como el que ha tenido lugar entre Armenia y Azerbaiyán, donde por ejemplo, Israel ha cambiado su apoyo a favor de los segundos, debido a que fue muy importante para la guerra de 12 días que sostuviera el año pasado con Irán, siendo clave para el despliegue del Mossad en Teherán, toda vez que los azeríes son una de las etnias perseguidas por los ayatolás, por lo que no deja de llamar la atención la espléndida bienvenida que le han dado a los israelíes, considerando que son un país musulmán a la vez aliado de Turquía.

Es tan solo uno de los sorprendentes cambios geopolíticos que han tenido lugar el último tiempo y que llevan a Marco Rubio a decir que vivimos en una nueva era en la geopolítica, y va a requerir que todos nosotros revisemos como se ve eso y cual va a ser nuestro papel, y, por lo visto EE. UU. piensa que la Unión Europea (UE) todavía no lo está haciendo.

Durante su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Marco Rubio llamó a

Además, todo esto está teniendo lugar después que el secretario general de la OTAN lograra un acuerdo en el tema de Groenlandia, ya que en definitiva, EE. UU. des escaló el lenguaje agresivo de adquisición de Groenlandia, aunque en definitiva lo más seguro es que no regrese, simplemente ya no es necesario, toda vez que obtuvo todo lo que quería, debido a que puede aumentar su presencia militar al mismo tiempo que toda la OTAN empezó a compartir el fondo de lo que planteaba Trump sobre la importancia del ártico, incluyendo la amenaza actual que representan China y Rusia, lo que antes era negado por los europeos.

En relación con cómo satisfacer a los europeos, Rubio aceptó que le parecía razonable que sus aliados “quisieran saber hacia dónde vamos, hacia dónde nos gustaría ir, hacia dónde nos gustaría ir con ellos”. Sin duda, esta Conferencia tiene lugar en Munich en un momento importante en lo que a definiciones se refiere, toda vez que además se desarrolla poco antes que Trump convoque el 19 de febrero en Washington la primera sesión de su Consejo de Paz, inmediatamente después de una reunión que tuviera con Benjamín Netanyahu para resolver las diferencias que existen sobre Irán. En este Consejo, la OTAN no ha sido relevante como tampoco Europa, pero también podría dar origen a una nueva institucionalidad geopolítica, si es verdad que podría reemplazar a la ONU para asegurar la paz a través del mundo.

Si fuera real esto último, sería en cumplimiento del rol secundario que la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 le atribuye tanto a Europa como a la OTAN desde el punto de vista geopolítico. Rubio envía al respecto otro mensaje, ya que viajará acompañado por Sarah Rogers, subsecretaria de Estado para diplomacia pública y muy crítica de las políticas de la UE, incluyendo su irrelevancia actual.

El último mensaje es que después de su participación, Rubio continuará su gira por Eslovaquia y Hungría, donde gobiernan líderes nacionalistas, cercanos a Putin y a Trump, al mismo tiempo de ser muy críticos de la UE.

La novedad es el traslado a Munich de la polarización y división que caracteriza a EE. UU., ya que los demócratas se hicieron presentes con el discurso que Europa debiera confrontar y resistir a Trump, ya que de ganar ellos las presidenciales del 2028, EE. UU. cambiaría dejando sin efecto todo lo hecho por su gobierno. La “presencia demócrata” tuvo lugar con dos presidenciables como lo son el gobernador Newsom de California y la representante Ocasio-Cortés quienes acudieron con un mensaje alternativo y de crítica a Trump, al mismo tiempo de mostrar sus diferencias internas. Al parecer por el momento no hay consenso, además de mostrar que ninguno de los dos tiene claridad en temas internacionales. Es, en todo caso, un cambio que fue bien recibido por algunos europeos, ya que el gran defecto de la oposición demócrata es que precisamente en años no ha demostrado ser alternativa, más allá de rechazar lo que Trump dice y hace, aquí se vio por lo menos los inicios de un proceso que debiera conducir a un nombre que represente como líder a ese partido, posición que hoy está vacante.

Mientras tanto hay novedades por todas partes, sobre las cuales EE. UU. debiera tener una posición, debido a que sigue siendo la principal potencia del mundo, a modo de ejemplo que Suiza busca hacer un referéndum para limitar su población a 10 millones de habitantes, lo que es novedoso como tema de autolimitarse en el crecimiento, como forma de regular un problema inmigratorio donde realmente Europa no parece saber qué hacer.

Rubio viajó a Eslovaquia tras su participación en la Conferencia de Seguridad de Múnich (Alex Brandon/Pool via REUTERS)

Esta falta de claridad en torno a qué hacer, hace resurgir el nombre de Henry Kissinger, y en lugares como esta Conferencia de Munich, más de alguien debe haberse preguntado como lo estoy haciendo yo, qué haría alguien como el más importante diplomático estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, es decir, cuál sería la propuesta o el análisis de Henry Kissinger para abordar el tema de Ucrania-Rusia o el de China, toda vez que Marco Rubio acudió reconociendo lo obvio, que no sabe si Rusia quiere poner fin a la guerra en Ucrania, aunque sí dijo algo que no es obvio para todos, en el sentido que Washington quería “vigorizar” la relación trasatlántica.

La verdad es que no es difícil responder, a pesar de que murió después de cumplir un siglo el 29 de noviembre de 2023, y en vida escribió mucho sobre la ex URSS y China como también libros acerca de liderazgo, manteniéndose activo intelectualmente hasta el final de sus días, opinando incluso sobre Inteligencia Artificial, o sobre cómo responder a la reocupación de Crimea por parte de Rusia, de la invasión a Ucrania y cómo evitar la tercera guerra mundial. Probablemente alguien como Kissinger también tendría una opinión detallada en relación con los 20 puntos del último plan de Estados Unidos para la paz, al igual que como estudioso de la historia tendría una aproximación personal a la doctrina de las “regiones históricas” de Rusia, el mapa de Putin para redibujar Eurasia, ya que ese era un origen lejano a un conflicto quizás inevitable, si Putin consideraba a las regiones vecinas como “creaciones artificiales”, con la potencialidad para una confrontación de largo plazo con Occidente, si se deseaba que el conflicto con Ucrania fuera a prolongarse en el tiempo.

Kissinger estaba convencido que EE. UU. y China debían aprender a convivir, para lo cual tendrían menos de 10 años, por lo que estaría satisfecho que la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 redujera a una confrontación principalmente económica lo que ahora están teniendo lugar, junto a un proceso de negociación en marcha. En relación a que si se podía negociar con Putin, más de una vez destacó que Israel lo hizo en Siria, lo que se logró a plena satisfacción de ambos, a pesar de que estuvieron siempre apoyando a rivales, debido a que Rusia lo hizo con Bashar al-Asad.

La verdad es que todo indica que Kissinger seguía siendo la expresión más lúcida de la llamada escuela realista que tanto orientó su quehacer académico como también las decisiones que tomó como autoridad de gobierno. Su reflexión parecía siempre tener como punto de partida, que incluso Rusia y China necesitaban de una buena diplomacia, y que, en comparación a China, Ucrania sería un conflicto menor, contenido geográficamente, por lo que China sería el único con la capacidad como para conducir a una tercera guerra mundial.

Tenía una comprensión del conflicto ucraniano que lo haría un interlocutor grato para Putin, ya que después del 2014 aconsejó que no hubiera una respuesta dura a Rusia por la toma de Crimea, y que se mantuviera abierto el diálogo, considerando su importancia decisiva para los rusos, además que históricamente fue parte del Imperio ruso, siendo fundamental para su marina, y que solo fue transferido a Ucrania como parte de un acuerdo administrativo tomado en 1954 e impulsado por un ucraniano como lo era Nikita Jrushov.

Al mismo tiempo, siempre parecía entender que la guerra, realmente la invasión de Ucrania no se inició el 24 de febrero de 2022, sino el 2014 con la ocupación de buena parte del Donbás y la mencionada de Crimea. En general, creo que la respuesta a la pregunta de si había una solución para lograr la paz en Ucrania, no sería muy diferente al camino que hoy ha tomado EE. UU. para llegar a un cese del fuego, pero ante la reiterada negativa de Rusia a avanzar por este camino, creo que al igual que en la estrategia de detente seguida con la URSS, se abriría a utilizar lo único que podría interesar a la actual Rusia y a un liderazgo personal como el de Putin, que sería aceptar su posición que para resolver el conflicto se necesitaría revisar el fin de la URSS, y abrir una negociación para fijar las fronteras definitivas, lo que Putin dice que no debiera ser la división administrativa de la URSS en 15 repúblicas, sino un acuerdo político entre EE. UU. y la actual Rusia como sucesora legal.

Kissinger estaba convencido que EEUU y China debían aprender a convivir

Por cierto, ello es difícil de aceptar para EE. UU., ya que requeriría una negociación tan extensa como lo fue la Detente del siglo pasado, y no el apuro que tiene un gobierno como el de Trump al que se le acortan los plazos para la elección en noviembre de medio término, ya que de partida requiere hacer al revés el viaje que Nixon y Kissinger hicieran en 1972. Para ello, sin duda, no tiene en Trump el apoyo que tuvo con Nixon.

Por ello, se necesita algo que no hay evidencia que hoy esté disponible, que se abriera un escenario distinto, donde se le ofrezca a Rusia algo semejante a lo que se le ofreció a China en esa oportunidad, un incentivo tal que lleve a Rusia a renunciar a la alianza que hoy tiene por primera vez en la historia con China, lo que no existió ni siquiera durante el comunismo.

No hay evidencia alguna que EE. UU. desee ir por este camino, donde hay más obscuridad que claridad, pero mi opinión sería que, aunque no lo apoyara, entendería mejor que muchos porque Trump está siguiendo un camino donde hasta el minuto, a pesar de todas las concesiones hechas, no ha logrado tener éxito en convencer a Putin. Es parte de una relación que con Trump sería muy distinta a la que tuvo con Nixon, ya que le sería difícil adaptarse a sus frecuentes cambios de opinión, a veces, incluso en el mismo día.

En relación con China, creo que Kissinger entendería que los dirigentes chinos y Xi Jinping en particular, se sienten insultados por un trato que ellos consideran condescendiente por parte de EE. UU., ya que el poder económico que poseen los hace un rival distinto, más poderoso del que fuera la URSS, salvo en lo militar. En ese sentido, a diferencia de la negociación actual, Kissinger revisaría en detalle lo que el propio EE. UU. hizo para desbancar el siglo pasado a la Gran Bretaña de su sitial como superpotencia, ya que hoy China está haciendo lo mismo, paso a paso, para intentar hacerlo con EE. UU.

Mi opinión es que así como en sus memorias relata que ante su curiosidad de qué opinaba Zhou Enlai sobre la Revolución Francesa, destacaba como brillante la respuesta que era muy pronto para tener una opinión, por lo que hoy seguramente recurriría a lo que opinaba el general De Gaulle cuando decía que en la Segunda Guerra Mundial, Japón y Alemania perdieron la guerra mientras que el Reino Unido y Francia fueron países derrotados toda vez que iniciaron la guerra como grandes países coloniales, y al término de ella eran potencias de segundo orden. Aplicado al actual conflicto europeo, diría lo mismo que señalaba un especialista en geopolítica en estas páginas: que Ucrania estaba perdiendo la guerra, pero Rusia estaba siendo derrotada, si se considera el desempeño militar que se esperaba de ella el día de la invasión. Es en ese sentido que Kissinger seguramente aconsejaría la lectura del libro de Graham, la Trampa de Tucídides, para entender el momento en que estarían China y EE. UU. para entender por qué en relación con Taiwán en ningún caso aconsejaría que se siguiera el camino tomado por la administración Biden en relación con la invasión de Ucrania, ya que ese camino destruiría la isla y devastaría la economía mundial.

Henry Kissinger, durante una reunión con el líder chino, Xi Jinping

Es decir, lo que haría Kissinger es rebajar la temperatura nunca subir los decibeles, en otras palabras, lo que ha intentado hacer Trump, quizás con mayor éxito con China que en el escenario ucraniano. Por lo mismo, quizás su consejo final sería intentar hacer lo mismo que para efectos del cese de fuego ha tenido éxito en el medio oriente, es decir, “definir objetivos que puedan sumar gente. Encontrar medios, medios descriptibles de alcanzar esos objetivos”, agregando lo que permitió la detente con la URSS en el contexto de la guerra fría, es decir, evitar lo que fracasó con Biden y que hasta el momento también fracasó con la invasión rusa, en el sentido de que “la actitud de todo o nada es una amenaza para buscar la distensión”.

Y eso incluye la opinión final que expresó en vida sobre el líder ruso, en el sentido que “al final, Putin cometió un error de juicio catastrófico”. En definitiva, creo que Kissinger hubiera apoyado regresar a lo que se acordó como solución en Los Acuerdos de Minsk (2014-2015), es decir, acuerdos internacionales que fueron firmados por Ucrania, Rusia, Francia y Alemania, el llamado Cuarteto de Normandía para detener la primera guerra del Donbás que establecían un alto al fuego, la retirada de armamento pesado y una hoja de ruta política, que establecía la federalización del territorio, el respeto a los derechos de la minoría rusa y la autonomía regional, y que también fue firmado por los separatistas rusos. En definitiva, fue lo que pudo haber evitado la guerra, y a pesar de no haber sido respetados ni por los rusos ni por Ucrania, todo se pudrió con la invasión.

El consejo de Kissinger hubiese sido regresar a lo único que pudo haber evitado la invasión. Hoy sería también, según creo, que Kissinger agregaría que sería la forma de obtener un triunfo europeo, al lograr una frontera estable. El contexto sería lo que le dijo a The Economist: “Creo que todos tenemos que admitir que todos estamos en un mundo nuevo (donde) no hay un rumbo garantizado y (donde) Estados Unidos necesita desesperadamente un pensamiento estratégico a largo plazo”. Algo que todavía carece, agrego yo como también recuperar el consenso perdido, que tanto desmerece su rol de gran potencia.

@israelzipper

-Máster y PhD. en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)