'Un tal Paul Darrigrand' es la reconstrucción literaria de episodios reales de la vida del escritor francés Philippe Besson

“La historia acaba de empezar.” Así describe Philippe Besson el instante en que conoce a Paul Darrigrand en Burdeos, en el otoño de 1988. El encuentro, aparentemente trivial, marca el inicio de una relación marcada por la atracción inmediata y el descubrimiento mutuo. Paul se presenta con naturalidad, reclamando un lugar a su lado en la mesa del comedor universitario y dejando claro su interés: “Paul Darrigrand”. Aquella presentación, sencilla y frontal, establece el tono de una historia que mezcla deseo, incertidumbre y una necesidad inexorable de proximidad: “En muchos de mis libros, más adelante, describiré encuentros como este: el tipo que se planta ahí mismo, delante del otro, y le arroja a la cara, como si nada, su deseo; el tipo que emplea palabras casi anodinas sabiendo que aquel al que se las destina entenderá todos los sobreentendidos”.

Un tal Paul Darrigrand explora de forma paralela la construcción de una relación amorosa clandestina y el desarrollo de una enfermedad grave. Phillipe Besson narra cómo el diagnóstico de trombocitopenia irrumpe en su vida al poco tiempo de haberse enamorado: “Pregunto: ¿tiene nombre? Me mira sin entender. Aclaro: ¿esta enfermedad? Responde: se llama trombocitopenia. Lo primero que pienso es lo feo que es ese término. Es una tontería, pero hubiera preferido un nombre propio, una adscripción”. La noticia instala el miedo y una nueva rutina, dividida entre el tiempo social —la universidad, los amigos, los amores secretos— y el tiempo médico, con tratamientos, ingresos hospitalarios y la amenaza constante de una hemorragia.

La experiencia hospitalaria se narra con precisión y crudeza. La noche tras la cirugía, el narrador describe un silencio extraño, una suspensión del tiempo. El cuerpo queda marcado para siempre: “El 5 de julio, un cirujano me practica una esplenectomía. Desliza el bisturí por mi abdomen, abre y extrae el órgano. Esa parte de mi cuerpo queda dañada para siempre. Más adelante sabré que casi me pierden durante la operación”. El hospital se convierte en el escenario donde amor y enfermedad se entrelazan, y la fragilidad física se vuelve visible también en la relación.

La relación amorosa se construye en la clandestinidad y el deseo, con momentos de comunión y desconcierto. Besson describe escenas de intimidad y vulnerabilidad, en las que la enfermedad y el amor compiten: “Paul me empuja contra la pared del salón y me besa con voracidad… Descubre mi cicatriz, se detiene, parece examinarla y realiza este acto incongruente: la roza con los labios, luego apoya con delicadeza la mejilla contra mi vientre, clava la mirada en las suturas, me rodea las caderas con los brazos; un náufrago”. El deseo se enfrenta constantemente a la desazón, y el miedo a la ruptura se vuelve palpable: “Dice: Esto no puede durar más. Exactamente las mismas palabras que empleó la doctora. Es evidente que está descompuesto. No pronuncia la palabra ruptura. No puede”.

El contexto social de la Francia de los 80 aparece en los detalles: la universidad, los bares, la dificultad de vivir una relación homosexual en secreto, las referencias a la epidemia de sida y el miedo latente que impregna las relaciones entre jóvenes. El narrador observa cómo los demás perciben la enfermedad, y cómo el silencio y la incomodidad se instalan en el entorno: “Me parece que los demás ven mi enfermedad, que ahora la perciben, la detectan (algunos le dan otro nombre, un acrónimo) y se afligen de inmediato. Se nota en un ligero velo en su mirada, una incomodidad, una pregunta que queda en el aire”.

El desenlace de la relación entre Philippe Besson y Paul Darrigrand se define por una serie de elecciones, silencios y renuncias. Todo se juega en un instante de incertidumbre, cuando Paul debe decidir entre continuar sus prácticas en París o quedarse en Burdeos. “Dice: si me pides que me quede, me quedo. Vértigo. De modo que sí me quiere, quiere nuestra historia, lo está confesando.” Frente a esa confesión, el narrador opta por la neutralidad, evitando pedirle que se quede: “Digo: quiero lo que sea mejor para ti. (Lo empalagoso de esta frase, cuando lo pienso). Y ya está. Entonces, será París. Acabo de pronunciar mi propia condena. Él baja la cabeza. Game over.” La relación termina sin dramatismo, con la aceptación silenciosa de la pérdida y la certeza de que el amor existió, aunque no sobrevivió a las circunstancias: “Más adelante, me preguntaré si en verdad lo habría hecho, si se habría quedado si le hubiera dicho: quédate. Me preguntaré si no plantó aquel desafío precisamente porque estaba convencido de que yo le recomendaría irse, que no me sentiría con derecho a retenerlo, a recortar su libertad. Me preguntaré si no corrió ese riesgo porque, en realidad, no lo era. (Siempre ha sido tan fuerte, tan astuto, mucho más que yo). Más adelante, en cambio, también me diré: él me amaba, hasta entonces había lugar para la duda, pero, de repente, la horrible duda desapareció, sí, él me amaba, no se dice algo así si no se ama. Y me culparé por haberlo dejado escapar, me culparé hasta límites insanos. Me sentiré el único responsable de nuestra separación.”

Philippe Besson aborda temas de amor, enfermedad y juventud desde una perspectiva personal y literaria

La dimensión autobiográfica del libro se hace explícita y reflexiva. Besson revela que muchos de los episodios narrados proceden de su vida. El diagnóstico médico, la relación clandestina y los años de juventud forman parte de una memoria personal que el autor expone y, al mismo tiempo, transforma en literatura: “En efecto, se me ha borrado la sonrisa. Llegados a este punto de mi relato, creo que conviene advertir a quienes no me conocen o no han leído todo lo que he publicado (que son, con diferencia, la mayoría) que esta enfermedad ya la mencioné hace mucho tiempo. Fue en 2001, en un libro titulado Son frère del que se hizo una película, Su hermano. Novelé por completo una experiencia real de mi juventud.”

Más adelante, el propio autor reflexiona sobre los límites entre ficción y realidad en su obra: “En la novela, me asigno el papel del sano. Sin embargo, todo está escrito de modo que el lector quede convencido de tener entre sus manos un relato autobiográfico, un testimonio. El efecto de verosimilitud es tal que, tras la publicación del libro, me preguntan una y otra vez: ¡¿pero esta historia ha ocurrido de verdad?! En cada ocasión respondo lo mismo (he elaborado a fondo la formulación que utilizo): sí, tengo un hermano mayor que yo, pero nunca ha padecido esa enfermedad y está vivo y coleando. Lo cual es totalmente cierto (insisto: en la respuesta a la pregunta formulada no miento).”

El cierre de la historia, lejos de la reconciliación o el reencuentro, deja al narrador solo, sentado en una cafetería, repasando un año de amor clandestino, enfermedad y pérdida. El propio Besson concluye: “Recuerdo que me quedé sentado en la cafetería, aturdido, rodeado del bullicio del bar, el baile de los camareros, el ir y venir de los clientes, los golpeteos de una máquina del millón, incapaz de levantarme de la mesa, dándole vueltas y más vueltas a todo en mi cabeza, y finalmente tomar conciencia de que había pasado casi un año entre el momento en que me había tropezado con Paul Darrigrand al salir de una clase en el último piso de un edificio universitario de Burdeos y el momento en que él había cerrado la puerta de un piso parisino tras besar mi minusvalía. Y que llegué a la conclusión, por paradójico que pueda parecer, de que quizá ese año había sido, sí, el más bonito de mi vida.”

Philippe Besson (Barbezieux-Saint-Hilaire, Francia, 29 de enero de 1967) es escritor, guionista, crítico literario y abogado. Ha publicado novelas como En l’absence des hommes, Son frère, Arrête avec tes mensonges, Un certain Paul Darrigrand y Le Dernier Enfant. Ha recibido premios como el Prix Emmanuel Roblès (2001), el Grand prix RTL-Lire (2003), el Premio Casa de la Prensa (2017) y el Prix Nice-Baie-des-Anges (2023). Su obra ha sido traducida y adaptada al cine.