Con una mezcla irresistible de suspenso, humor y complicidad con el público, Los Sospechosos del Piso 10 se convirtió en una de esas comedias que confirman que el teatro argentino sigue latiendo con fuerza propia. Y en el corazón de esta propuesta, que se presenta los viernes y sábados en el Multiescena, brilla una figura que es parte indiscutida de la historia del espectáculo nacional: Adriana Brodsky.

La obra parte de una premisa atrapante. Una pareja regresa a su departamento y, en cuestión de minutos, se ve envuelta en el supuesto crimen de su mejor amigo. A partir de allí, la trama se dispara hacia un torbellino de enredos, sospechas cruzadas, infidelidades, vecinos entrometidos y un clima policial que sostiene el suspenso mientras el humor estalla escena tras escena. Pero hay un elemento diferencial que convierte a la experiencia en algo aún más magnético: el público se vuelve parte activa del juego. Esa complicidad transforma cada función en un acontecimiento único, donde las risas se mezclan con la intriga hasta un final tan sorpresivo como celebrado.

Desde que el espectador se sienta en su butaca hasta el último aplauso, la propuesta no da respiro. Hay participación, hay sorpresas y, sobre todo, hay un elenco que entiende el pulso de la comedia. Junto a Brodsky se destacan Fabián Gianola, Lorena Paola y un equipo que fue mutando con el correr de las temporadas, pero que mantiene intacta la química sobre el escenario.

Adriana Brodsky y el elenco de la obra teatral 'Los sospechosos del piso 10' interpretan una escena de misterio y tensión en el escenario

Para Adriana, este presente tiene sabor a celebración. Su sonrisa —esa que la acompañó desde sus primeras apariciones televisivas en los años ‘80— conserva la frescura de quien aprendió a reinventarse sin perder la gratitud. “Lo primero que hice fue limpiar vidrieras en un bazar. Después fui el ‘che pibe’ en una inmobiliaria: servía café, llevaba cartas, hacía colas eternas para mandar sobres”, recuerda en diálogo exclusivo con Teleshow. Aquella joven que soñaba con abrirse camino jamás imaginó que el destino le tenía preparado un giro tan vertiginoso.

“En el ‘82 entré en Operación Ja Ja, el programa de Gerardo Sofovich. A partir de ese momento fue algo mágico”, confiesa. La popularidad fue inmediata y abrumadora. “¡No podía salir a la calle! Era una locura. En dos meses era más famosa que el pan dulce”, dice entre risas. Sin embargo, lejos de aferrarse a la nostalgia, Brodsky abraza la transformación constante. “Es importante renovar hasta los pensamientos y las actitudes. Es la única manera de seguir adelante. Y agradecer siempre lo que el público te da”.

“Trabajé con todos los capocómicos”, aseguró, casi con pudor, como si todavía le sorprendiera haber sido protagonista de una historia que hoy es patrimonio cultural. Y no exagera. Si no compartió escenario, participó de sus programas, de sus elencos, de esos ciclos que reunían a millones de argentinos frente al televisor y sobre las tablas. “Siento que no se me escapó ninguno”, confesó entre risas, con esa mezcla de orgullo y gratitud que solo tienen quienes saben que fueron parte de algo irrepetible.

Adriana Brodsky y Alejadro Cupito actúan en una emotiva escena de la obra teatral Los sospechosos del piso 10

Porque Brodsky fue compañera, cómplice, sostén y presencia constante al lado de los grandes nombres del humor nacional. Se define como “acompañante” de esos gigantes que le dieron trabajo y la abrazaron profesionalmente durante años. Pero su rol fue mucho más que eso. Fue parte de un engranaje creativo que marcó a generaciones enteras.

Inevitablemente, la conversación vuelve siempre al mismo nombre. Al Negro. A Alberto Olmedo. “Trabajé dos años con él”, recordó. Y en su voz se percibe algo más que memoria: hay emoción intacta. “A mí me parecieron doscientos. Fue como toda la vida”. La frase no es metáfora; es sentimiento puro. Porque hay vínculos artísticos que desbordan el tiempo cronológico y se instalan para siempre en el corazón. Esos dos años junto a Olmedo no solo definieron un momento de su carrera, sino que quedaron grabados en la memoria colectiva de un país.

No importa cuántas décadas pasen: en cada entrevista, en cada saludo en la calle, el público vuelve a preguntarle por él. Como si el recuerdo del Negro fuera también una forma de mantener viva una era dorada del humor argentino. Y Adriana, con la sensibilidad de quien lo vivió desde adentro, entiende que esa historia ya no le pertenece solo a ella. “Fíjate cómo dos años pueden ocupar un lugar tan importante”, reflexionó. En su corazón. En el de la Argentina. Y también en el de otros países que rieron, soñaron y crecieron con aquellas escenas que hoy son leyenda.

Alberto Olmedo y Adriana Brodsky, dupla histórica del espectáculo argentino

Y cada vez que evoca a Olmedo, no habla solo una actriz. Habla una mujer que fue testigo de un tiempo donde el humor era ritual colectivo, donde la televisión reunía a las familias y donde, detrás de cada carcajada, latía una historia compartida que todavía hoy emociona.

Su llegada a Los Sospechosos del Piso 10 fue casi natural. La obra nació el verano pasado con un elenco semiarmado y la convocatoria la sedujo desde el primer momento. “Me encantó la propuesta. Hicimos toda la temporada con gran éxito y después seguimos en invierno. El elenco fue cambiando porque cada actor tiene sus proyectos, pero hoy estamos felices con este grupo hermoso”, explicó. Actualmente comparte escenario con Gianola, a quien define como “uno de los últimos grandes capocómicos” y con quien celebra la magia que se produce en cada función. “Cada vez que sube al escenario es una fiesta. Los bocadillos cambian, hay picardía, compañerismo. El público lo nota y le fascina”.

En tiempos donde la ficción televisiva atraviesa momentos complejos, Brodsky tiene una certeza: “El teatro siempre estuvo. Yo hago teatro desde 1982. Son temporadas de invierno, verano, Carlos Paz, Mendoza, Mar del Plata… Es lo que me acompaña. A veces podés estar en televisión, otras no, pero el teatro siempre está”. Y ese contacto directo con la platea es, para ella, irremplazable. “Cada función es distinta. La energía cambia. Y después, a la salida, la gente te abraza, te cuenta su vida. Yo siempre pienso que tal vez sea la primera y la última vez que me vean, así que trato de escucharlos. Para ellos puede ser una charla que recuerden todo el año”.

Figura destacada del espectáculo, su imagen fue parte del cine, teatro television y revostas

Su trayectoria no estuvo exenta de pausas y replanteos. Vivió cuatro años fuera del país y regresó convertida en madre. Ese regreso fue impactante: “La cuadra estaba llena de fotógrafos. Yo pensaba que venían por otra persona y era por mí. Creí que se habían olvidado, pero no”. Sin embargo, algo había cambiado. Los productores seguían viéndola como la figura sensual de antaño, pero ella ya se sentía distinta. “La maternidad te cambia la cabeza. Yo ya no quería hacer de mujer fatal. Quería otras cosas”. Así nació su etapa al frente de un programa de turismo que recorrió el país durante casi una década, donde pudo mostrarse tal cual era, sin etiquetas.

Para Brodsky, el antes y el después en su vida tiene nombre propio: sus hijos. “El cambio más grande fue la aparición de ellos. Todo se resignifica”. Esa mirada madura también la llevó a entender que la adaptación es clave en cualquier carrera. “No es conformismo. Es entender que las cosas cambian en un segundo. El poder de adaptarse hace que hasta lo malo termine bien”.

Cuando habla de aquellos años de exposición desmedida, lo hace con la serenidad que dan el tiempo y la experiencia: “Era la luna y el sol comparado con ahora. Hoy lo disfruto más”.

Adriana Brodsky en una antigua imagen publicitaria

Fuera del escenario, continúa al frente de su restaurante junto a su hijo Javier. “Nada es fácil. Uno hace lo que puede. Si no hay sacrificio, no hay frutos. Las cosas fáciles nunca las tuve, por eso soy agradecida”, reflexiona. Esa filosofía de esfuerzo y gratitud atraviesa cada una de sus respuestas.

¿Un consejo para quienes sueñan con ingresar al mundo artístico? Brodsky sonríe antes de responder. “Es difícil porque no hay una fórmula. Yo nunca quise ser actriz ni modelo. El medio casi me eligió mágicamente. Algunos llegan estudiando, otros por carisma, otros por casualidad. Lo único que puedo decir es que sigan luchando, no solo en este medio, sino en la vida”.

Hoy, con la misma frescura que aquella joven que irrumpió en la televisión en los ‘80, Adriana Brodsky celebra un presente pleno sobre las tablas. Los Sospechosos del Piso 10 es, para ella, mucho más que una comedia exitosa: es la confirmación de que el escenario sigue siendo su casa, el lugar donde el aplauso se convierte en abrazo y donde cada noche, una vez más, la magia vuelve a empezar.