
Aquel joven de apenas 19 años que en 2021 asombró al mundo al consagrarse en el Córdoba Open debió madurar mucho más rápido de lo previsto. Esa consagración lo convirtió en el campeón argentino más joven de la historia desde que Guillermo Coria lo hiciera en Viña del Mar en 2001, pero tras salir de “la cáscara del huevo” y asomar como la gran promesa del tenis nacional, el camino se volvió sinuoso. Una serie de lesiones recurrentes, entre ellas un complejo sobrehueso en la cadera, le impidieron competir con normalidad y le arrebataron la regularidad necesaria para afianzarse en la elite durante las temporadas siguientes.
Sin embargo, el 2025 marcó su definitivo “acá estoy de vuelta”. A los 24 años, Juan Manuel Cerúndolo recuperó su mejor versión con logros que certifican su vigencia: regresó a una final ATP en Gstaad, cuatro años después de su primer título, y firmó una actuación trascendental en el Masters 1000 de Madrid, donde, tras superar la clasificación, eliminó al canadiense Félix Auger-Aliassime en la segunda ronda. Este renacimiento se completó con su acceso a la fase de 64 de Roland Garros y la conquista de su undécimo trofeo Challenger en las canchas duras de Guangzhou, China, demostrando que su tenis evolucionó más allá de su zona de confort en el polvo de ladrillo.
La Compu, como lo apodan sus compatriotas en el circuito, debutó con un triunfo este martes en el Argentina Open al vencer de manera contundente al alemán Daniel Altmaier por un doble 6-2. Su esencia no le permitió exteriorizar la alegría por haberse clasificado a los octavos de final del certamen porteño en la cancha: fiel a su ritual, se quitó las muñequeras, las guardó en el bolsillo y le estrechó la mano a su rival.
“Hoy me picó mucho la pelota; la cancha estaba rápida, algo que me gusta porque la pelota levanta bien. Con la derecha le pegué muy firme y jugué con un porcentaje muy alto de primeros saques: tuve cerca de un 80%, que es un montón”, le comentó el menor de los Cerúndolo a Infobae en uno de los rincones del Buenos Aires Lawn Tennis Club.
Al mismo tiempo, no dudó en afirmar: “Creo que fue el mejor triunfo acá, por el ranking del rival y por la contundencia. Es decir, por el nivel que mostré hoy. La verdad es que fue increíble y, sin duda, el mejor que tuve en Buenos Aires”.

El crecimiento que insinúa en la cancha también se traduce en su discurso. Cerúndolo no esquiva la ambición, aunque la administra con cautela. Explica que su búsqueda en esta temporada pasa por consolidarse definitivamente en el nivel ATP Tour y sentirse bien en los torneos grandes. “Vengo tratando de ser un jugador más completo, de estar en los torneos grandes y sentirme cómodo en este nivel. Ganarle a jugadores de este ranking y hacerlo con un buen nivel, mentalmente me pone muy bien. Siento que voy por el buen camino y espero poder seguir por ese lado y jugar todos los torneos importantes este año”, sostuvo.
El top 50 -actualmente está posicionado 80- aparece en el horizonte, aunque no es una obsesión. “Ojalá. Es un sueño que tengo desde chiquito”, admite, pero enseguida aclara que intenta no jugar con la presión de los números. Prefiere enfocarse en el día a día, en la evolución constante. Sabe que el ranking es consecuencia. Si el físico responde, su gran deuda en las últimas temporadas, el salto puede darse de manera natural. Y aunque reconoce que todavía “está lejos”, no lo descarta como objetivo cuando lo sienta verdaderamente al alcance.
Si algo cambió desde aquel adolescente que sorprendió en Córdoba hasta este jugador más experimentado es la cantidad de herramientas incorporadas. El argentino entiende que el tenis actual exige versatilidad y agresividad sostenida. “Siempre trato de evolucionar, más allá de los resultados. Mejorar el revés, el saque, ser más agresivo, subir más a la red, tener más variantes para competir al alto nivel”, enumera. No reniega de aquel jovencito atrevido que sorprendió al ganar su primer ATP, pero siente que hoy es un jugador mucho más completo.
También relativiza el concepto de talento, una etiqueta que lo acompaña desde juvenil. Para él, la naturalidad es el resultado de miles de horas dentro de una cancha de tenis pegándole a la pelota. “La mayoría es trabajo. El talento es repetición. Si tengo buena derecha es porque desde los seis años pegué millones de derechas. Lo que parece fácil tiene millones de repeticiones atrás”, explica.

La presión, inevitable compañera de los jóvenes que irrumpen a corta edad, ya no lo desvela como antes. Sin dramatismos, reconoce que aprendió a convivir con las expectativas externas y con las propias. No habla de un punto de quiebre puntual, sino de un proceso. “Vas viviendo situaciones y aprendiendo. Cada experiencia te enseña algo nuevo”, resume, con una serenidad que contrasta con la vorágine que lo rodeó tras su irrupción ante los flashes en 2021.
En paralelo, su vínculo con Francisco también forma parte de su presente competitivo. Compartir cancha en dobles en el Abierto de Australia fue, según cuenta, una experiencia tan intensa como divertida. Entre risas y pequeñas discusiones propias de hermanos, encontraron química y disfrute. “Nos divertimos mucho, fue una linda experiencia”, señala sobre aquella participación en Oceanía.
Y si el destino vuelve a cruzarlos del otro lado de la red en singles, tampoco esquiva el desafío. La estadística hoy favorece a Francisco, pero Juanma no pierde el humor ni la competitividad y ya apunta a la revancha: “Estoy 0-3 y ya es hora de ganarle”.
En cuanto a cómo continuará su calendario en el circuito una vez finalizado el Argentina Open, Cerúndolo detalló que su intención es sostener la gira sobre polvo de ladrillo y luego dar el salto a los grandes escenarios de Estados Unidos. “Voy a jugar Río, Santiago, Indian Wells, estoy siete afuera de Indian Wells, así que espero entrar; el año pasado se corrió la lista. Si no, jugaré la qualy. Después creo que jugaré en Cap Cana, el Challenger que está cerca de Miami, y después Miami”, explicó.