El atún rojo es uno de los peces más cotizados del mundo, especialmente en mercados asiáticos. (AP Photo / Louise Delmotte)

La Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP) aprobó una nueva resolución para regular la captura y comercialización del atún rojo del Atlántico Este y Mediterráneo, una de las especies más valiosas y presionadas del planeta, en un contexto marcado por la sobrepesca histórica, la alta demanda internacional y los esfuerzos globales por garantizar su sostenibilidad.

La medida fue oficializada mediante la Resolución ADM/ARAP No.006, publicada en la Gaceta Oficial del 10 de febrero de 2026, y se alinea con las recomendaciones de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico ICCAT.

La resolución establece que Panamá adoptará y aplicará de forma obligatoria las medidas de conservación y ordenación definidas por la ICCAT para el período 2026 y años subsiguientes, con el objetivo de garantizar el uso responsable del recurso.

El documento reconoce que el país forma parte del convenio internacional desde 1998 y, por tanto, está comprometido a cumplir con los acuerdos multilaterales sobre pesca sostenible.

Uno de los ejes centrales de la normativa es el control estricto de las cuotas de captura, los permisos de pesca y los registros de embarcaciones autorizadas.

La ARAP busca evitar que operadores sin licencia participen en la extracción del atún rojo, una especie cuya captura ilegal ha sido una de las principales causas de su deterioro poblacional durante las últimas décadas.

La resolución refuerza el monitoreo satelital y la trazabilidad desde el mar hasta la exportación. (Adobe Stock)

La resolución también regula el seguimiento satelital, los reportes obligatorios y la trazabilidad del producto desde el mar hasta su comercialización. Esto implica que las embarcaciones deberán reportar capturas, ubicaciones y volúmenes, mientras que las autoridades podrán auditar toda la cadena productiva, desde el desembarque hasta la exportación.

Otro aspecto clave es la prohibición de prácticas consideradas no selectivas o dañinas para los ecosistemas marinos. La normativa refuerza los controles sobre artes de pesca, temporadas permitidas y zonas restringidas, con el fin de reducir la captura incidental y proteger especies asociadas.

El atún rojo (Thunnus thynnus) es considerado uno de los peces más cotizados del mundo, especialmente en el mercado asiático. En países como Japón, China y Corea del Sur, su carne es altamente valorada para sushi y sashimi, alcanzando precios que pueden superar los miles de dólares por ejemplar en subastas especializadas.

Japón concentra históricamente más del 70% del consumo mundial de atún rojo, seguido por mercados de Europa —especialmente España, Italia y Francia— y Estados Unidos. Esta demanda ha generado una presión constante sobre las poblaciones naturales, incentivando tanto la pesca legal intensiva como la actividad ilegal.

Panamá contará con una cuota anual de 55 toneladas para la captura del atún rojo del Atlántico. (AP Foto/Robert F. Bukaty, archivo)

Durante los años noventa y principios de los 2000, el atún rojo del Atlántico estuvo al borde del colapso biológico. Estudios científicos alertaron que algunas poblaciones se habían reducido en más del 80%, producto de capturas excesivas, falta de controles y debilidad institucional en varios países pesqueros.

Ante ese escenario, la ICCAT impuso desde 2007 un régimen estricto de cuotas, vedas y fiscalización, que permitió una recuperación parcial de la especie. Informes recientes indican que las poblaciones del Atlántico Este y Mediterráneo muestran señales de estabilización, aunque siguen siendo vulnerables.

La resolución panameña busca precisamente evitar un retroceso en esos avances. Al adoptar formalmente las recomendaciones internacionales, el país se compromete a no exceder los límites de captura y a cooperar con los sistemas de monitoreo regionales.

Además de las normas de pesca, recientemente se publicó la normativa que incorpora el componente operativo de la participación panameña en esta pesquería bajo el esquema internacional de control. En ese marco, Panamá cuenta con una cuota anual de 55 toneladas de atún rojo del Atlántico (Thunnus thynnus), asignada dentro del sistema multilateral de reparto del Total Admisible de Captura.

Esta cuota debe ser utilizada exclusivamente por embarcaciones panameñas debidamente autorizadas y registradas, sujetas a los parámetros técnicos y administrativos establecidos para garantizar que las capturas se mantengan dentro de límites sostenibles y puedan ser verificadas por los mecanismos internacionales de control pesquero.

La normativa contempla sanciones administrativas y decomisos por incumplimiento. Archivo

El documento también contempla que Panamá podrá transferir total o parcialmente su cuota a otros países contratantes, siempre que se notifique previamente a la Secretaría de la ICCAT y se cumplan las recomendaciones vigentes en materia de conservación. Esta opción introduce flexibilidad para países con menor capacidad de captura directa o sin flotas especializadas en esta especie.

La normativa advierte que cualquier captura que exceda el límite autorizado puede derivar en deducciones en asignaciones futuras, conforme a los criterios de cumplimiento aplicados por el organismo regional. Este mecanismo busca reforzar el acatamiento de las reglas y desincentivar prácticas que comprometan la recuperación del stock.

En paralelo, se refuerza que toda actividad vinculada a esta cuota debe estar respaldada por sistemas de control, documentación y certificación internacional, incluyendo permisos de captura, registros de desembarque y reportes periódicos, con el fin de garantizar la trazabilidad del producto.

Desde el punto de vista económico, la regulación también tiene implicaciones para exportadores y operadores logísticos. Panamá, como hub marítimo y comercial, participa indirectamente en la cadena del atún rojo a través del transporte, almacenamiento y reexportación, por lo que debe garantizar que los productos que circulan por su territorio cumplan con los estándares internacionales.

Japón, Europa y Estados Unidos concentran la mayor demanda internacional de esta especie. REUTERS/Kim Kyung-Hoon

El documento establece mecanismos de inspección portuaria, verificación documental y cooperación con otras autoridades aduaneras y pesqueras. Esto busca cerrar espacios a la comercialización de pescado capturado de manera irregular o sin respaldo legal.

La presión sobre el atún rojo no solo proviene de la pesca industrial. El cambio climático, el aumento de la temperatura del mar y la alteración de las rutas migratorias también afectan su reproducción y supervivencia. Por ello, los e

En ese contexto, la ARAP señala que la resolución forma parte de una estrategia de responsabilidad internacional, que busca preservar los recursos marinos para futuras generaciones y fortalecer la imagen de Panamá como país comprometido con la sostenibilidad.

La normativa también contempla sanciones administrativas y penales para quienes incumplan las disposiciones, incluyendo multas, suspensión de licencias y decomiso de productos. Estas medidas buscan desincentivar prácticas ilegales y reforzar el cumplimiento efectivo de la regulación.

Para el sector pesquero, el nuevo marco implica mayores exigencias operativas, pero también ofrece mayor seguridad jurídica. Al alinearse con las reglas de la ICCAT, los operadores panameños evitan restricciones comerciales en mercados internacionales que penalizan el comercio de especies no certificadas.

La sobrepesca redujo en más del 80% algunas poblaciones de atún rojo en décadas pasadas, llevando a la especie al borde del colapso biológico. EFE/ Ana Cerrud

A nivel global, la producción mundial de atún rojo sigue siendo limitada en comparación con otras especies, precisamente por las restricciones vigentes. Esto mantiene los precios elevados y refuerza el interés económico en su explotación, lo que obliga a los gobiernos a mantener sistemas de control robustos.

Especialistas advierten que relajar las normas actuales podría provocar un nuevo ciclo de sobreexplotación, similar al ocurrido hace dos décadas. Por ello, organismos multilaterales insisten en la necesidad de mantener cuotas conservadoras y reforzar la cooperación internacional.

En Panamá, la adopción de estas medidas también responde a compromisos asumidos en tratados ambientales y comerciales, que exigen demostrar prácticas responsables en el uso de recursos naturales. El incumplimiento podría traducirse en restricciones comerciales o sanciones diplomáticas.

La resolución sobre el atún rojo se suma a otras normas recientes enfocadas en fortalecer la gobernanza pesquera, mejorar la trazabilidad y combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, considerada una de las principales amenazas para los océanos.