El sable corvo está custodiado ahora por el Regimiento de Granaderos a caballo

El sable corvo de San Martín, una reliquia que recuerda la gesta del prócer argentino, ya está en manos del Regimiento de Granaderos a Caballo, luego del acto que encabezó este sábado el presidente Javier Milei en la ciudad santafesina de San Lorenzo.

La decisión del Gobierno de quitar el sable del Museo Histórico Nacional y trasladarlo al Regimiento de Granaderos estuvo marcado por una polémica que incluyó una presentación judicial realizada por supuestos familiares directos de la pareja que formaron Máximo Terrero y Manuelita Rosas, hija de Juan Manuel de Rosas, a quien San Martín le legó su arma.

Sin embargo, familiares de Rosas negaron que quienes se presentaron en la Justicia sean descendientes directos de quien fuera gobernador Confederación Argentina entre 1829 y 1852.

Según explicaron, “Manuelita Rosas se casó con Máximo Terrero y tuvo dos hijos: Máximo Manuel Terrero y Rodrigo Terrero. El primero de los nombrados se casó con Jenny Thompson sin descendencia y el segundo con Ina Michalowsky, cuya única hija de nombre Viera, murió soltera”.

Por lo tanto, agregaron, “no hay descendientes directos de Máximo Terrero y Manuelita Rosas y los únicos descendientes directos de Don Juan Manuel de Rosas provienen de su hijo Juan Bautista y de su nieto Juan Manuel León Ortiz de Rozas, quien falleció en el año 1913 siendo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires”. La nota está firmada por Andrés Rivas Molina, Federico Fleitas Ortiz de Rozas y Juan Manuel Soaje Pinto.

Días atrás, el Juzgado Contencioso Administrativo Federal 12 desestimó la medida interina solicitada por quienes se dicen descendientes de Máximo Terrero y Manuela Rosas, que buscaban frenar el traslado del sable. La decisión judicial fue firmada por la jueza Macarena Marra Giménez quien, sin embargo, habilitó una investigación “de fondo”.

La magistrada fundamentó el rechazo a la medida interina en la inexistencia, en principio, de un “cargo” jurídico vinculante que, en la donación, obligara a que la pieza permaneciera exclusivamente en el Museo Histórico Nacional. Y también en la falta de algunos documentos que acrediten el vínculo de los demandantes con Rosas. La resolución, según el fallo, destacó que “en este estado inicial del proceso… no se encuentran reunidos los requisitos legales aptos para hacer lugar a lo requerido”, en referencia al pedido para suspender el traslado.

Sin embargo, la jueza pidió que, en cinco días, el Regimiento de Granaderos informe “el destino del sable en la sede del Cuartel y las medidas de seguridad y protección que se adoptarán para su debida conservación, así como para la exposición pública del bien”.

La jueza Marra Giménez indicó que la donación manifestó el deseo de que el sable estuviera depositado en el museo, pero no impuso una obligación formal que limite al Poder Ejecutivo. Añadió que la reliquia permaneció bajo custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo durante cuarenta y ocho años —de 1967 a 2015— sin objeciones formales de la familia. Además, recordó que los actos del Ejecutivo “se presumen legítimos y su fuerza ejecutoria lo habilita a ponerlos en práctica, salvo que se demuestre su ilegitimidad en sede judicial”. El expediente continúa abierto, a la espera de informes adicionales y nuevas pruebas; el Ejecutivo dispone de cinco días para presentar la documentación requerida por la jueza.

El origen del litigio se remonta a una carta de Manuela Rosas al entonces director del MHN, Adolfo Carranza, fechada el 31 de enero de 1897, donde explicitó que el “depositario final” del sable debía ser el Museo Histórico Nacional. La familia Terrero sostiene este argumento con la correspondencia entre Carranza y Máximo Terrero, y recuerda que en marzo de 1897 Nicolás Ortiz de Rozas, sobrino de los donantes, entregó el arma al presidente José Evaristo Uriburu, antes de depositarse en el MHN.

El jefe de Gabinete del Ministerio de Defensa Guillermo Madero publicó una columna de opinión en este medio en la que defendió la iniciativa del gobierno y afirmó que este traspaso “garantiza seguridad material, coherencia histórica y continuidad simbólica”.

“Devolver el sable corvo al Regimiento de Granaderos a Caballo es un acto de reparación histórica, de orden institucional y de profundo respeto por la voluntad del Libertador y por los símbolos fundacionales de la Nación”, sostuvo.