
El abrazo de Rocío Pardo y Nicolás Cabré aparece en blanco y negro, en una imagen publicada en redes sociales. Ella lleva una corona de flores y plumas. Sonríe, apoyada sobre su marido, quien la sostiene con los ojos cerrados. La fotografía, lejos de ser una simple postal, acompaña un mensaje público: “¿Cómo lo definiría? Mirada sincera. Alma de poeta. Y el abrazo más cálido que encontré.”
El texto se transforma en un retrato íntimo a cielo abierto. Pardo decide no reservarse ninguna definición para la intimidad. Expone, sin rodeos, lo que observa en su esposo para saludarlo por su cumpleaños número 46: “Si tuviera que definirlo, diría que no lo busques en lo corriente. No entiende de horas y cuarto. Es distinto a todo, y no le tiene miedo a nada.”
No hay referencias a rutinas, ni a hábitos previsibles. La bailarina insiste: “Si tuviera que definirlo, podría escribir un libro. Y sin lugar a dudas lo llamaría hogar.” El posteo avanza, sin fragmentarse, hasta un cierre en tono de confesión: “Feliz cumpleaños al amor de mi vida. Con la sonrisa más hermosa. Que se merece absolutamente todo. Podría subir mil fotos más, pero ésta resume lo que somos todos los días. Felicidad y amor. Sano. Del que hace bien.”
La respuesta de Cabré es breve, sin rodeos. Y sin dudas. Replica la publicación, y sentencia junto a un corazón:
“Te amo con todo mi ser.”

La escena pública no es casualidad y fue acompañando casi en tiempo real el día a día de la pareja. El ciclo reciente los encontró instalados en Villa Carlos Paz para la temporada de verano. Allí, el trabajo y la convivencia se funden: comparten escenario y dirección en la comedia Ni media palabra, presentada en el Teatro Holiday. El proyecto, que los une en lo profesional, obtuvo reconocimiento en la última edición de los premios Carlos.
El día de la premiación, Cabré protagonizó un momento que se salió del protocolo. Frente a la prensa, al ser consultado por el significado de la noche, respondió: “Somos privilegiados, hacemos de lo que nos gusta, disfrutamos y tenemos un elenco hermoso… Estamos bien.” No esquiva lo personal e introduce una fecha: “Hace dos años la conocí a ella en los Carlos. Yo ya gané”.
La consolidación del vínculo tuvo un punto de inflexión el 6 de diciembre. El casamiento fue en una estancia, en las afueras de Villa Carlos Paz. El evento se mantuvo en un círculo reducido: familiares y amigos cercanos. No hubo despliegues de prensa ni cobertura mediática en vivo. Primero se realizó la ceremonia civil, luego un ritual celta de handfasting. El lazo simbólico, tejido con cintas y atado por sus propias manos, selló el compromiso en un entorno natural, sin estridencias ni testigos ajenos.

Después de la boda, Pardo y Cabré eligieron una “mini luna de miel”. El destino: un hotel boutique en la zona del Lago Los Molinos, en Córdoba. No hubo registro de grandes lujos ni escenarios preparados. Compartieron actividades al aire libre, paseos y momentos de descanso. Las imágenes, que circularon en redes sociales, muestran caminatas, abrazos y sonrisas. No hay registros de invitados ni de celebraciones masivas.
En cada publicación, la pareja decide exponer aquello que consideran esencial: el trabajo conjunto y la cotidianeidad compartida. La elección de Villa Carlos Paz como base para la temporada no solo responde a compromisos laborales, sino a una búsqueda de espacio propio, alejado de la presión mediática de la ciudad.
El último dato se repite: la imagen en blanco y negro, el abrazo, la corona de flores y plumas. La sonrisa queda, aislada, como síntesis de lo que deciden mostrar. 46 años de Nicolás Cabré. Dos años de relación con Rocío Pardo. Dos meses del casamiento soñado. Caprichos del almanaque para un amor sin tiempo.