
Descubrir cómo se comunican las redes del cerebro puede cambiarlo todo. Un equipo de científicos demostró que la enfermedad de Parkinson está asociada a una hiperconectividad dentro de la red de acción somato-cognitiva (RASG).
Esa red consiste en un circuito cerebral que conecta las zonas responsables del pensamiento y la planificación con las áreas que controlan los movimientos.
Su función es transformar las ideas y las intenciones en acciones concretas, como mover una mano o caminar.
Cuando esa red no funciona bien, pueden aparecer dificultades tanto para pensar como para moverse con normalidad.

Según los investigadores, el hallazgo podría cambiar el enfoque terapéutico, ya que por primera vez se obtuvo evidencia preliminar en un grupo pequeño de pacientes de que reducir la hiperactividad de la RASG podría mejorar los síntomas.
De esa manera, los resultados, que se publicaron en la revista Nature, abren una vía concreta para el desarrollo de tratamientos más precisos y personalizados.
El trabajo fue liderado por investigadores del Laboratorio Changping y la Universidad de Medicina de Washington, junto a otros centros.
Nuevas conexiones, nuevas respuestas

Hasta hace poco, el Parkinson se relacionaba especialmente con problemas motores y con el deterioro de los ganglios basales.
La red de acción somato-cognitiva (RASG), que vincula pensamiento y acción en el cerebro, fue descrita por primera vez en 2023.
El aporte clave del estudio publicado ahora en Nature consistió en demostrar que la enfermedad de Parkinson se asocia a una hiperconectividad entre la RASG y el subcórtex, la zona que regula emociones, memoria y control motor.
Este exceso de conexiones altera la planificación y la coordinación de movimientos, pero también afecta procesos cognitivos y funciones vitales.

Los investigadores quisieron comprobar si tratar directamente la RASG podía mejorar los síntomas de la enfermedad. Para eso, se analizaron imágenes cerebrales de más de 800 personas de Estados Unidos y China, incluyendo pacientes con Parkinson y personas sanas.
El grupo de estudio incluyó personas que recibían tratamientos clásicos como la estimulación cerebral profunda, además de nuevas alternativas como la estimulación magnética transcraneal y el ultrasonido focalizado. También participaron pacientes con otros trastornos del movimiento.

Los investigadores plantearon que, si se lograba normalizar la hiperconectividad entre la RASG y el subcórtex, podría alcanzarse una mejora en el control motor y en las capacidades mentales de quienes tienen Parkinson.
La hipótesis buscaba explicar la raíz de los síntomas y abrir un camino terapéutico más efectivo.
En el centro del laberinto cerebral

El equipo diseñó un tratamiento dirigido a la RASG al usar la estimulación magnética transcraneal, una técnica no invasiva que aplica pulsos magnéticos sobre regiones cerebrales específicas sin requerir cirugía.
En un ensayo clínico, 18 personas con Parkinson recibieron la terapia enfocada en la RASG y el 56% mostró mejoras notables tras dos semanas.
En cambio, solo el 22% de quienes recibieron el tratamiento en zonas adyacentes evidenció avances, lo que representa una eficacia 2,5 veces mayor.
El estudio demostró que todas las terapias analizadas fueron más eficaces si reducían la hiperconectividad entre la RASG y el subcórtex.

Así, se logró restablecer el equilibrio en la red cerebral encargada de organizar y coordinar los movimientos.
La investigación propone avanzar con terapias no invasivas, como electrodos de superficie sobre la RASG, para tratar problemas de la marcha y explorar el ultrasonido focalizado de baja intensidad como vía para modificar la actividad cerebral.
Nuevos caminos para el cerebro y la esperanza

El equipo plantea que el camino a seguir son los tratamientos personalizados sobre la RASG, porque los resultados muestran mejoras reales en los síntomas y en el día a día de quienes tienen Parkinson.
Reconocen, sin embargo, que el estudio se hizo con un grupo reducido de pacientes y que falta entender cómo cada parte de la RASG influye en los diferentes síntomas.
Por primera vez, la investigación puso en el centro el rol de la RASG y su potencial como objetivo para nuevas terapias.

Detectar la hiperconectividad de esta red como clave del Parkinson cambia la forma de entender y tratar la enfermedad, y abre un horizonte de posibilidades para millones de personas.
En diálogo con Infobae, la doctora Rosana Chehin, investigadora en neurociencias y Parkinson del Conicet en Tucumán, en la Argentina, comentó tras leer el estudio publicado en Nature: “La enfermedad de Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa causada por la acumulación patológica de α-sinucleína, con inflamación, estrés oxidativo y muerte neuronal progresiva”.
Este nuevo trabajo, aclaró, “no actúa sobre esa causa ni demuestra que la enfermedad deje de avanzar. Lo que muestra es una mejora en la forma en que los síntomas se expresan clínicamente”.

“Es valioso en tanto es el fruto de la colaboración entre referentes mundiales en Parkinson y redes cerebrales. Aportan una forma original de revisar grandes volúmenes de datos clínicos y de neuroimágenes de personas con Parkinson”, señaló.
El valor principal del trabajo está “en cómo combinaron información de cientos de pacientes tratados con diferentes métodos, con un análisis masivo de datos y siempre enfocados en el rol de las redes funcionales cerebrales”.