El Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III) expira este jueves 6 de febrero sin que Rusia y Estados Unidos hayan logrado consensuar una prórroga, poniendo fin a más de cinco décadas de control bilateral de armamento nuclear entre las dos mayores potencias atómicas del planeta. La expiración del acuerdo marca un punto de inflexión: desde 1972, cuando se firmó el histórico tratado SALT en plena Guerra Fría, el mundo nunca había quedado sin un sistema verificable de límites nucleares entre Moscú y Washington.
El Ministerio de Exteriores ruso confirmó este miércoles que el START III, firmado en Praga el 8 de abril de 2010 por los entonces presidentes Dmitri Medvédev y Barack Obama, concluye su vigencia definitiva tras entrar en vigor el 5 de febrero de 2011. El tratado, prorrogado por cinco años adicionales en febrero de 2021, establecía un tope de 1.550 cabezas nucleares desplegadas y 700 sistemas de lanzamiento estratégicos para cada potencia, además de un régimen de inspecciones mutuas para verificar el cumplimiento.
En un comunicado oficial, Moscú lamentó la ausencia de respuesta por parte de Estados Unidos a la propuesta rusa de prolongar por un año los límites contemplados en el tratado. En septiembre de 2025, el presidente Vladimir Putin había planteado mantener de forma voluntaria las restricciones durante 12 meses adicionales, con la expectativa de que Washington hiciera lo mismo. La propuesta buscaba evitar un vacío legal y mantener la paridad nuclear mientras se negociaba un eventual acuerdo sucesor.
La administración Trump nunca dio respuesta formal a la oferta del Kremlin. En una entrevista con The New York Times el 8 de enero, el presidente estadounidense dejó clara su posición: “Si expira, pues que expire. Simplemente haremos un acuerdo mejor”. Trump ha condicionado cualquier nuevo tratado de desarme nuclear a la participación de China, una exigencia que Beijing ha rechazado categóricamente. El secretario de Estado, Marco Rubio, reiteró esta semana que resulta “imposible hacer control de armas en el siglo XXI sin China”, aunque el gigante asiático posee apenas el 10% del arsenal nuclear combinado de Rusia y Estados Unidos.
El Kremlin advirtió que la expiración del tratado coloca al sistema internacional en una situación de mayor inestabilidad estratégica. “Literalmente, dentro de poco el mundo estará, seguramente, en una situación más peligrosa en comparación con lo que había hasta ahora”, declaró el portavoz presidencial Dmitri Peskov en su rueda de prensa diaria. El viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov, añadió que Rusia está preparada para un escenario sin límites nucleares, aunque reconoció que “estamos perdiendo elementos estabilizadores del orden anterior”.
El tratado ya había sufrido un debilitamiento severo desde febrero de 2023, cuando Rusia suspendió su participación práctica como respuesta al apoyo militar estadounidense a Ucrania. Desde entonces, las inspecciones mutuas en instalaciones nucleares quedaron paralizadas, aunque Moscú insistió en que seguía respetando los límites cuantitativos del acuerdo y que no se retiraba formalmente. La suspensión de las inspecciones eliminó uno de los principales mecanismos de transparencia y verificación que había caracterizado al START III desde su entrada en vigor.
Según fuentes estadounidenses, Rusia cuenta actualmente con aproximadamente 5.459 cabezas nucleares y Estados Unidos con 5.177, lo que representa cerca del 87% del arsenal atómico mundial. Estas cifras, sin embargo, son seis veces inferiores a los arsenales que ambas potencias mantenían antes de la firma del primer START en julio de 1991, al final de la Guerra Fría. Expertos en control de armamento advierten que la ausencia de límites verificables podría desencadenar una nueva carrera armamentística, potencialmente más compleja que la de la Guerra Fría debido a la modernización tecnológica de los sistemas de lanzamiento y al crecimiento del arsenal nuclear chino.
El asesor internacional del Kremlin, Yuri Ushakov, reiteró que Moscú permanece abierto a negociaciones para garantizar la estabilidad estratégica, aunque advirtió que cualquier nuevo acuerdo será un proceso “largo y difícil”. La ausencia de mecanismos de transparencia y la falta de canales diplomáticos efectivos entre ambas potencias aumentan el riesgo de malentendidos estratégicos en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y el deterioro generalizado de las relaciones entre Rusia y Occidente.