Aviadores estadounidenses se preparan para cargar sistemas de munición GBU-31 en F-15E Strike Eagles dentro del área de responsabilidad del Comando Central de Estados Unidos, 19 de diciembre de 2025, para atacar a objetivos del Estado Islámico en Siria. U.S. Air Force Photo/Handout via REUTERS

Estados Unidos ejecutó cinco ataques de precisión contra posiciones del grupo terrorista Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en territorio sirio entre el 27 de enero y el 2 de febrero, según confirmó el Comando Central de las Fuerzas Armadas (Centcom). Las operaciones, que lanzaron 50 municiones de precisión desde aviones, helicópteros y drones, destruyeron un centro de comunicaciones del grupo yihadista, un nodo logístico crítico y varios depósitos de armas en zonas del centro del país.

Las operaciones forman parte de la Operación Ojo de Halcón, campaña militar anunciada el 19 de diciembre de 2025 por orden del presidente Donald Trump. La ofensiva se desencadenó en respuesta directa al ataque del 13 de diciembre en Palmira, provincia de Homs, que costó la vida a dos soldados de la Guardia Nacional de Iowa —William Howard y Edgar Torres Tovar— y a un intérprete civil estadounidense. Aquel primer ataque masivo alcanzó más de 70 objetivos en el centro sirio con apoyo de Jordania.

El comandante del Centcom, Brad Cooper, explicó que los ataques demuestran “nuestro enfoque y determinación constantes para prevenir el resurgimiento de Estado Islámico en Siria”. Las fuerzas estadounidenses operaron en coordinación con aliados de la coalición internacional para “garantizar la derrota definitiva de la red terrorista”, indicó en un comunicado oficial.

Los bombardeos se produjeron en un momento especialmente delicado de la transición política siria. El nuevo gobierno, liderado por Ahmed al Shara tras la caída del régimen de Bashar al Assad en diciembre de 2024, está asumiendo el control de territorios que durante años administraron las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la milicia kurda que fue aliada clave de Washington en la lucha contra el Estado Islámico.

Un miembro de las fuerzas de seguridad sirias en la parte trasera de un vehículo, en el exterior de la prisión de al-Aqtan, donde se encuentran algunos detenidos del Estado Islámico, en Raqqa, Siria, 23 de enero de 2026
REUTERS/Karam al-Masri

Estados Unidos mantiene aproximadamente 900 soldados reconocidos oficialmente en territorio sirio, aunque informes recientes del Pentágono revelaron que la cifra real supera los 2.000 efectivos. Las tropas se concentran en bases estratégicas como Al Omar y Al Shaddadi, en el noreste, y en la guarnición de Al Tanf, cerca de la frontera con Irak y Jordania.

La transferencia progresiva de territorios del noreste sirio al gobierno central de Damasco genera preocupación internacional por el destino de miles de presuntos combatientes del Estado Islámico detenidos en prisiones bajo control kurdo. Irak inició esta semana procedimientos judiciales contra aproximadamente 1.400 sospechosos transferidos desde Siria, parte de un plan para reubicar hasta 7.000 prisioneros vinculados al grupo yihadista. La operación se acordó entre Bagdad y Washington tras la decisión estadounidense de reducir el apoyo a las FDS.

El Estado Islámico, que entre 2014 y 2017 controló vastos territorios en Siria e Irak donde vivían unos seis millones de personas, perdió su último bastión territorial en marzo de 2019. Sin embargo, el grupo ha demostrado capacidad de reorganización mediante células durmientes que operan en zonas de inestabilidad política. El vacío de poder generado por la caída del régimen de Assad y los enfrentamientos entre las nuevas autoridades sirias y las milicias kurdas han creado condiciones propicias para intentos de resurgimiento yihadista.

ARCHIVO - En esta fotografía publicada el 4 de mayo de 2015 por un sitio web miliciano, que ha sido verificada y está en consonancia con otros reporters de la AP, combatientes del grupo Estado Islámico conducen un convoy por Tel Abyad, en el noreste de Siria (Sitio web miliciano vía AP, Archivo)

Estados Unidos, Francia, Alemania y Reino Unido advirtieron la semana pasada sobre el riesgo de que vacíos de seguridad durante la transferencia de prisiones permitan la reorganización del Estado Islámico. La preocupación se materializó el 19 de enero, cuando varios prisioneros escaparon de un centro de detención en Hasaka durante los combates entre fuerzas kurdas y sirias, algunos de ellos aún en paradero desconocido.

Los analistas coinciden en que el Estado Islámico conserva células operativas en Siria, particularmente en las provincias de Homs y Deir Ezzor. Desde la caída de Assad, las fuerzas estadounidenses y sus aliados han capturado o eliminado a 25 presuntos miembros del grupo en territorio sirio, según datos del Centcom.

La Operación Ojo de Halcón representa la continuidad de la estrategia militar estadounidense en Siria bajo la segunda administración Trump, que mantiene la presencia de tropas pese a la reconfiguración política del país. El enviado estadounidense para Siria, Tom Barrack, reiteró que las fuerzas desplegadas tienen como único objetivo concluir la misión contra el Estado Islámico y capacitar a fuerzas locales para combatir el terrorismo.

Las operaciones aéreas estadounidenses en Siria han generado tensiones con Rusia e Irán, que consideran ilegal la presencia militar de Washington en territorio sirio. Moscú y Teherán mantienen lazos estratégicos con el nuevo gobierno sirio, aunque la dinámica de poder regional se ha reconfigurado tras la caída de Assad.