Carlos Alcaraz ha escrito su nombre en la historia del tenis al convertirse en el tenista más joven en conquistar los cuatro títulos de Grand Slam, un logro que alcanzó tras consagrarse en el Abierto de Australia.
Con apenas 23 años, el murciano ha hecho de la frase familiar “cabeza, corazón y coraje” —transmitida por su abuelo— el eje que sostiene su identidad y lo impulsa en cada desafío dentro y fuera de la cancha.
Orígenes y forja familiar
La trayectoria de Alcaraz está marcada por la influencia de su familia y el entorno en el que creció. Nacido en Murcia, pasó sus primeros años en el club de tenis fundado por su tío abuelo, rodeado de su padre —quien fue director del club y exjugador— y sus tres hermanos.

Su vínculo con el deporte se consolidó en la infancia, donde la raqueta formaba parte de su rutina diaria. Álvaro, uno de sus hermanos, se convirtió en su principal compañero de entrenamiento, mientras que su padre apoyó su desarrollo competitivo desde el inicio.
El carácter competitivo de Alcaraz fue evidente desde pequeño. Kiko Navarro, su primer entrenador, relató: “Cuando era niño, rompía muchas raquetas y tenía que llevármelo llorando al hotel o a casa”. Esta anécdota, citada por la BBC, revela el temperamento y la exigencia que el joven tenista aplicaba a su propio desempeño.
El impulso de Juan Carlos Ferrero
El encuentro con Juan Carlos Ferrero, ex número uno del mundo, resultó determinante en la carrera de Alcaraz. Ferrero identificó su talento en un torneo base y lo llevó a su academia en Villena con el objetivo de potenciar su creatividad y disciplina.
“Vi algo diferente. Era más dinámico que el resto”, explicó Ferrero a la BBC, quien acompañó el crecimiento del murciano como mentor y figura paternal.
El nuevo entorno permitió que Alcaraz desarrollara una mentalidad fuerte y una visión profesional. Ferrero apostó por un enfoque que respetara la espontaneidad del jugador, contribuyendo a formar una personalidad competitiva y adaptable. El propio tenista prefiere que lo llamen Carlitos o Charlie, según confesó a la BBC, reflejando su espíritu cercano y sencillo.
Ascenso meteórico y victorias históricas
El progreso profesional de Alcaraz fue rápido. A los quince años debutó en el circuito Challenger y, con dieciséis, participó por primera vez en el ATP Tour en Río de Janeiro.
Su precocidad se hizo evidente al lograr victorias frente a figuras de renombre y al romper récords, como el triunfo ante Stefanos Tsitsipas en el US Open 2021.
En 2022, superó consecutivamente a Rafael Nadal y Novak Djokovic en Madrid, consolidando su reputación sobre la arcilla. Su primer Grand Slam llegó en Nueva York, y tras triunfar en Wimbledon en 2023, alcanzó el número uno del ranking mundial.
El camino estuvo salpicado de retos. Alcaraz enfrentó derrotas dolorosas, como la final olímpica perdida ante Djokovic en París en 2024, y eliminaciones tempranas en torneos clave que pusieron a prueba su temple. Ante la adversidad, destacó su perseverancia y optimismo: “Siempre tengo pensamientos positivos. Siempre creo que puedo ganar, sin importar el rival”, declaró a la BBC.
Un tenis alegre y cercano al público
El “tenis alegre” de Alcaraz se ha convertido en su sello distintivo. Su estilo atrevido, basado en golpes creativos y celebraciones espontáneas, genera entusiasmo en las gradas y entre sus colegas.
“Siempre intento jugar un tenis feliz. Me considero una persona feliz fuera de la pista, y trato de llevarlo también dentro”, escribió Alcaraz en una columna citada por la BBC. Su simpatía y humildad han sido destacadas por su equipo técnico y leyendas del deporte.
La admiración internacional no se hizo esperar. “Tiene el toque de Federer, la cobertura de pista de Djokovic y los efectos de Nadal”, afirmó Andre Agassi en transmisión con la BBC. Kiko Navarro, su primer entrenador, expresó: “Nada ha cambiado en él desde que era niño. Me siento muy orgulloso de que siga siendo Carlitos”.
Familia y equipo, los pilares de la madurez

En la vida de Alcaraz, la familia ocupa un lugar central. Tras su victoria en Melbourne, el tenista compartió la emoción de ver a su padre cumplir el sueño de su juventud. El círculo cercano, que incluye a su agente Albert Molina y su equipo físico, acompaña cada paso de un joven cuya madurez impresiona dentro y fuera de la pista.
A medida que suma títulos y récords a su palmarés, Alcaraz mantiene una visión clara sobre lo que considera esencial: para él, disfrutar del recorrido y priorizar la felicidad tienen más valor que cualquier cifra o reconocimiento. Así, el tenis encuentra en Alcaraz a un referente de talento, sencillez y autenticidad, elementos que lo proyectan más allá de los éxitos deportivos.