El encuentro abordó el papel de la cultura como identidad y derecho, su vínculo con el desarrollo económico y social, la necesidad de financiamiento sostenible, el respeto a la autoría comunitaria, el relevo generacional y la integración cultural de América Latina y el Caribe. Cortesía

El Festival CAF “Voces por nuestra región: cultura que mueve el mundo” se realizó en Ciudad de Panamá como antesala del Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe, con una agenda centrada en la cultura como identidad, derecho y eje de desarrollo.

El encuentro reunió a autoridades, gestores culturales, académicos y artistas de distintos países de la región, y abrió con un llamado a situar la cultura en el centro de las políticas públicas y de los debates sobre integración regional.

Durante la sesión inaugural, la secretaria general de CAF, Alejandra Claros Borda, explicó que el festival surge como una iniciativa para “concentrar ideas” antes del foro económico, utilizando la cultura como hilo conductor.

Señaló que la identidad cultural es un elemento que define a la región y que no requiere excesiva explicación, porque “se siente y se vibra”, y destacó la participación de más de un centenar de panelistas provenientes de distintos países.

El presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, sostuvo que el desarrollo no debe medirse únicamente en cifras y que la cultura debe ocupar un lugar más visible en la agenda de desarrollo de América Latina y el Caribe.

Detalló que la estrategia cultural del banco se apoya en cinco pilares: educación artística y musical, fomento de la lectura y la escritura, revitalización de museos y teatros, promoción de artistas y resguardo del patrimonio cultural.

En ese contexto, indicó que CAF busca que sus infraestructuras también funcionen como espacios de integración y difusión cultural en distintos países de la región.

El presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, afirmó que la cultura debe ocupar un lugar central en la agenda de desarrollo de América Latina y el Caribe, y que su impacto no debe medirse únicamente en términos económicos. Cortesía

El momento central de la jornada estuvo marcado por el panel dedicado a la cultura como tejido vital de América Latina y el Caribe, en el que participaron la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y la directora de investigación y contenido de la Bienal de las Amazonías, Keyna Eleison.

Durante el panel, se planteó que la cultura debe construirse desde el respeto a los sistemas ancestrales, la autonomía de los pueblos indígenas y la reciprocidad, y que su sostenibilidad depende de financiamiento real, relevo generacional y protección de la autoría colectiva. (FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM)

En sus intervenciones, ambas expusieron de forma directa los desafíos estructurales que enfrentan las políticas culturales en la región.

Menchú centró su participación en la relación entre cultura, identidad y liderazgo. Señaló que la cultura es una construcción colectiva realizada por hombres, mujeres, niños y jóvenes, y que su diversidad hace difícil tipificarla desde una sola definición.

Indicó que su experiencia en distintos países con presencia de pueblos indígenas le permitió constatar la convivencia de dos sistemas en los territorios: los sistemas ancestrales y los sistemas jurídicos vigentes. Según explicó, entender esa coexistencia es clave para cualquier estrategia cultural que aspire a ser efectiva.

Durante su intervención, advirtió que la autonomía de los pueblos es un elemento fundamental para garantizar soberanía alimentaria, identidad y construcción cultural con sentido propio.

En el panel se subrayó que las políticas culturales dirigidas a comunidades indígenas requieren presupuestos reales y sostenidos, ya que sin financiamiento efectivo no es posible garantizar la protección de saberes ancestrales, la autonomía ni el relevo generacional en América Latina. - (Imagen Ilustrativa Infobae)

En ese marco, afirmó que la identidad latinoamericana no se transmite automáticamente por el hecho de nacer en un territorio, sino que se hereda cuando las personas “sienten esa tierra, reconocen esa historia, la reproducen y la convierten en un vehículo de futuro”.

En ese punto, subrayó la necesidad de asegurar el relevo generacional para que los procesos culturales no se debiliten con el tiempo.

Menchú también insistió en que el diálogo es una condición indispensable para avanzar en una agenda cultural común, pero aclaró que ese diálogo solo es posible si existe un código de respeto y reciprocidad.

“No va a pasar la reciprocidad si no hay un código de respeto”, afirmó, al tiempo que señaló la importancia de generar confianza entre comunidades, artistas e instituciones. En ese sentido, advirtió sobre prácticas que debilitan esa confianza, como la apropiación indebida de conocimientos o la acreditación de autoría a nombre propio de creaciones que pertenecen a comunidades colectivas.

Rigoberta Menchú advirtió que sin presupuestos reales y sostenidos, las políticas culturales dirigidas a pueblos indígenas carecen de viabilidad, al comparar esa situación con “un celular de último modelo, pero sin baterías”. Cortesía

Uno de los puntos más concretos de su intervención estuvo relacionado con el financiamiento. Menchú planteó que las iniciativas culturales requieren inversión real para ser sostenibles y utilizó una metáfora directa para ilustrarlo: recibir una herramienta avanzada sin recursos para usarla equivale a tener “un celular de último modelo, pero sin baterías”.

Con esa referencia, subrayó que la voluntad política debe traducirse en presupuestos que permitan dignificar la creación cultural y sostenerla en el tiempo.

Por su parte, Keyna Eleison abordó el tema desde la experiencia de la Bienal de las Amazonías y defendió la necesidad de reconocer a los territorios amazónicos como espacios de conocimiento y no únicamente como fuentes de recursos.

Explicó que uno de los objetivos del proyecto es visibilizar la Amazonía como un espacio de producción intelectual, artística y cultural, con conexiones que trascienden fronteras nacionales e incluso alcanzan al Caribe.

Se destacó que la Amazonía debe ser reconocida como un territorio de conocimiento, creación cultural e identidad, y no únicamente como una fuente de recursos, resaltando el valor de su memoria, sus saberes y su aporte cultural a América Latina y el Caribe. Archivo

Eleison señaló que el reconocimiento cultural no puede limitarse a la exhibición simbólica de obras o prácticas tradicionales en museos e instituciones. En su intervención, insistió en que ese reconocimiento debe reflejarse también en condiciones económicas equitativas, incluyendo el pago justo a artistas y creadores, independientemente del tipo de expresión artística.

Indicó que disciplinas como el arte textil deben recibir el mismo trato que otras formas de arte tradicionalmente legitimadas en los circuitos institucionales.

Ambas panelistas coincidieron en que la cultura tiene un papel central en la construcción de espacios de diálogo, cohesión social y reducción de la violencia, siempre que se respete el origen de los saberes y se reconozca a quienes los producen.

Menchú destacó la importancia de involucrar a comunidades, universidades e intelectuales en procesos conjuntos, y planteó la necesidad de avanzar hacia mesas de trabajo que permitan identificar experiencias exitosas y construir agendas viables.

El panel concluyó con un llamado a continuar el diálogo más allá del festival y a aprovechar los espacios de intercambio que ofrece el encuentro para fortalecer una visión compartida de la cultura como derecho, como identidad y como componente del desarrollo regional.