Fotografía de archivo en la que aparece el ex Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, durante una conferencia de prensa, en Asunción (Paraguay). EFE/ Bienvenido Velasco

Luis Almagro, ex secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), llamó a retomar el “diálogo directo” entre Ecuador y Colombia para encauzar el impasse diplomático y comercial que atraviesan ambos países. El pronunciamiento se produjo durante una entrevista concedida al programa De Lunes a Lunes de Teleamazonas, en la que Almagro subrayó que, por su condición de vecinos y “socios naturales”, Quito y Bogotá deben privilegiar la cooperación por sobre cualquier lógica de confrontación.

Almagro sostuvo que los países vecinos “no pueden tener una lógica de confrontación” y que la vía adecuada es fortalecer las dinámicas político-diplomáticas necesarias para procesar los desacuerdos. En ese marco, evitó pronunciarse sobre la legitimidad de medidas económicas o comerciales adoptadas por una u otra parte, pero fue enfático al señalar que los caminos del diálogo son siempre preferibles y que, desde su experiencia como canciller, nunca consideró agotada esa vía, incluso frente a conflictos complejos.

Consultado sobre la posibilidad de una mediación externa —incluida la propia OEA—, Almagro fue tajante: si Ecuador y Colombia requieren un mediador para hablar entre sí, “hay algo que no está funcionando” en la relación bilateral. A su juicio, no tiene sentido recurrir a terceros cuando se trata de dos Estados que deberían mantener un intercambio directo y permanente, con “correas de transmisión del diálogo” activas para evitar escaladas innecesarias.

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa y su homólogo, Gustavo Petro, de Colombia. (crédito AFP/Presidencia de Colombia)

El ex secretario general también se refirió, en términos generales, al uso de herramientas de presión económica en procesos de negociación. Sin evaluar decisiones concretas, advirtió que una escalada de retaliaciones comerciales sin una negociación ya instalada sobre la mesa no es ideal para ninguna de las partes, ni para Ecuador ni para Colombia. En su análisis, las presiones pueden formar parte de doctrinas de negociación, pero solo cuando existe un canal abierto y objetivos claros; de lo contrario, aumentan los costos políticos y económicos sin resolver el fondo del problema.

El contexto del llamado de Almagro está marcado por tensiones recientes en la relación bilateral, que incluyen fricciones comerciales y reclamos vinculados a la seguridad fronteriza. En la entrevista, recordó que el control de la frontera es un asunto de larga data que preocupa a Ecuador y que necesariamente debe abordarse de manera conjunta con Colombia. Trajo a colación conversaciones sostenidas en el pasado con autoridades ecuatorianas, incluso durante episodios críticos como el asesinato de periodistas en la frontera norte, cuando ya se discutía la necesidad de mayor presencia estatal de ambos lados.

Sobre Colombia, Almagro señaló que el refuerzo del control fronterizo ha sido una prioridad recurrente, aunque reconoció que existen limitaciones internas y demandas presupuestarias que dificultan la reasignación rápida de recursos. Aun así, insistió en que el tema debe mantenerse como prioridad en todas las reuniones bilaterales, más allá de los calendarios políticos.

La Canciller de Ecuador, Gabriela Sommerfeld. REUTERS/Kylie Cooper

Al ser interrogado por la coyuntura política y el liderazgo actual, el ex secretario general evitó personalizar el conflicto, pero remarcó que las dinámicas institucionales deben activarse siempre, independientemente de quiénes ocupen el poder. En ese sentido, sostuvo que los desacuerdos no se resolverán “por las malas”, mediante una cadena de ofensas o escaladas, sino a través de conversaciones sostenidas y enfocadas en problemas concretos hasta alcanzar soluciones.

El llamado de Almagro adquiere relevancia en un momento en que la relación entre Quito y Bogotá enfrenta presiones cruzadas, con impactos potenciales en comercio, seguridad y cooperación regional. Su mensaje central fue que el diálogo directo no solo es posible, sino necesario, y que posponerlo o condicionarlo eleva los riesgos para ambos países. “Abrir la conversación y enfocarse en los problemas”, concluyó, es el único camino para desactivar la tensión y preservar una relación bilateral estratégica para la región.