FOTO DE ARCHIVO: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante su reunión con el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Mark Rutte, en la Oficina Oval de la Casa Blanca en Washington, D.C., EEUU, el 22 de octubre de 2025 (REUTERS/Kevin Lamarque/Foto de archivo)

Mark Rutte compareció este lunes ante las comisiones de Asuntos Exteriores y de Seguridad y Defensa del Parlamento Europeo para explicar los términos del acuerdo que desactivó la amenaza arancelaria de Donald Trump contra ocho países aliados. El secretario general de la OTAN reveló que su reunión con el presidente estadounidense, celebrada la semana pasada en el marco del Foro Económico de Davos, estableció dos vías de negociación paralelas sobre Groenlandia y la seguridad del Ártico. Solo en una de ellas participará la propia Alianza Atlántica.

El primer eje de trabajo implica que la OTAN asuma mayor responsabilidad en la defensa de la región ártica. El deshielo provocado por el cambio climático está transformando el Ártico de un espacio inaccesible a un territorio lleno de oportunidades, pero también de tensiones. Rutte subrayó que de los ocho países con presencia en la zona, siete son miembros de la Alianza, incluidos Estados Unidos, Canadá, Dinamarca e Islandia. El octavo es Rusia. El ex primer ministro neerlandés planteó el objetivo con claridad: impedir que Moscú y Beijing obtengan mayor acceso militar y económico a la región.

El segundo eje queda fuera del paraguas de la OTAN. Se trata de las conversaciones a tres bandas entre Washington, Copenhague y Nuuk que arrancaron el 14 de enero, cuando los ministros de Exteriores de Dinamarca y Groenlandia, Lars Lokke Rasmussen y Vivian Motzfeldt, se reunieron en la Casa Blanca con el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, anunció entonces que grupos de trabajo continuarán las negociaciones técnicas cada dos o tres semanas. Rutte fue taxativo al desvincularse de esta línea de diálogo: corresponde a daneses, groenlandeses y estadounidenses conducirla.

El contexto que rodea estas negociaciones explica su urgencia. El 17 de enero, Trump anunció aranceles de hasta el 25% contra Dinamarca, Alemania, Francia, Reino Unido, Países Bajos, Noruega, Suecia y Finlandia como represalia por la participación de estos países en maniobras militares en Groenlandia. La medida, presentada como respuesta a la Operación Resistencia Ártica, pretendía presionar a Copenhague para que negociara la venta del territorio. Trump declaró que los aranceles permanecerían activos hasta que se concretara la adquisición completa del territorio por parte de Estados Unidos.

FOTO DE ARCHIVO. El rompehielos nuclear ruso Arktika realiza pruebas de navegación en el Golfo de Finlandia en el mar Báltico. Junio, 2020 (Nikita Greydin/Baltic Shipyard/Handout via REUTERS)

La reacción europea fue contundente. Los ocho gobiernos afectados respondieron con una declaración conjunta en la que calificaron las amenazas arancelarias como un riesgo para las relaciones transatlánticas y reafirmaron su solidaridad con Dinamarca. La Unión Europea puso sobre la mesa dos instrumentos de presión: aranceles por 93.000 millones de euros sobre productos estadounidenses y el mecanismo anticoerción que permite castigos comerciales duros contra un país. Francia rechazó las amenazas como inaceptables; el ministro neerlandés David van Weel las calificó de chantaje.

La reunión de Davos permitió a Trump retractarse sin perder la iniciativa. Tras su encuentro con Rutte, anunció en la red social Truth Social que había logrado un marco de acuerdo beneficioso para Estados Unidos y la OTAN, y suspendió los aranceles previstos para el 1 de febrero. También mencionó conversaciones adicionales sobre la Cúpula Dorada, el sistema de defensa antimisiles que, según la Casa Blanca, requiere presencia en Groenlandia para alcanzar su máximo rendimiento frente a amenazas procedentes de Rusia y China.

La creciente militarización del Ártico es el reflejo de una escalada de tensiones entre las principales potencias, impulsada por la apertura de nuevas rutas marítimas y el acceso a recursos naturales que el deshielo hace posibles. Rusia considera la región clave para sus intercambios con Asia, sobre todo para contrarrestar los efectos de las sanciones occidentales sobre sus hidrocarburos. Moscú opera la mayor flota de rompehielos del mundo, incluidos navíos de propulsión nuclear, y ha reforzado su infraestructura militar con pistas de aterrizaje capaces de recibir bombarderos con armamento nuclear, baterías antiaéreas S-400 y nuevas bases de radar.

FOTO DE ARCHIVO: Un hombre se encuentra en una calle el día de la reunión entre altos funcionarios estadounidenses y los ministros de Asuntos Exteriores de Dinamarca y Groenlandia, en Nuuk, Groenlandia. 14 de enero de 2026 (REUTERS/Marko Djurica/Archivo)

La presencia militar china en el Ártico, aunque modesta, ha aumentado en colaboración con Rusia desde 2022. En 2024, bombarderos de ambos países realizaron una patrulla conjunta cerca de Alaska. Beijing opera rompehielos equipados con minisubmarinos capaces de cartografiar fondos marinos y dispone de satélites de observación ártica. Aunque las autoridades chinas aseguran que sus objetivos son científicos, analistas occidentales señalan el potencial militar de estas actividades y el interés estratégico de China en diversificar sus rutas comerciales mediante la llamada Ruta Polar de la Seda.

Groenlandia se sitúa en el centro de esta disputa por su posición geográfica y sus recursos. El territorio alberga 25 de los 34 minerales críticos identificados por la Comisión Europea y desempeña un papel fundamental en la brecha Groenlandia-Islandia-Reino Unido, un corredor estratégico para la vigilancia y defensa antimisiles de la OTAN. La base espacial de Pituffik, en el noroeste de la isla, refuerza la presencia militar estadounidense en esta zona desde hace décadas.

Las maniobras militares europeas en el territorio continúan. El Ejército danés confirmó que la Operación Arctic Endurance se prolongará durante todo 2026 con participación de países aliados. Dinamarca ha invertido cerca de 14.000 millones de dólares para robustecer su defensa en el Ártico. Mientras tanto, el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, ha reiterado que la isla no está en venta y que cualquier decisión sobre su futuro corresponde a sus 57.000 habitantes.

El horizonte inmediato queda marcado por dos dinámicas paralelas. La OTAN buscará articular una respuesta colectiva a la presencia rusa y china en el Ártico, algo que hasta ahora ha abordado con más declaraciones que acciones concretas. Estados Unidos, por su parte, continuará las negociaciones bilaterales con Dinamarca y Groenlandia bajo una lógica que Trump ha definido sin ambigüedad: Washington quiere garantías de seguridad y acceso estratégico en una región que considera vital para su defensa.