
La red de calzadas romanas fue uno de los grandes legados de la Antigua Roma en Hispania. Entre los múltiples caminos que surcaban la península, destaca la vía XXXIV, conocida como Ab Asturica Burdigalam, cuya importancia histórica va más allá de su función como arteria de comunicación: este trazado milenario dio lugar al famoso Camino Francés hacia Santiago de Compostela, uniendo dos extremos del mundo antiguo y dando forma a la ruta de peregrinación más emblemática de Europa.
El nacimiento de una calzada estratégica
Durante el reinado del emperador Augusto, los romanos extendieron una vasta red de comunicaciones que unía desde Gades (Cádiz) hasta Tarraco (Tarragona), y que aún conserva vestigios tan imponentes como el puente de Alcántara o el puente romano de Salamanca. Sin embargo, la vía Ab Asturica Burdigalam sobresale por su papel clave como enlace entre la península ibérica y el continente europeo.
Esta calzada conectaba Astorga con Burdeos, permitiendo el traslado de recursos tan valiosos como el oro extraído de Las Médulas y garantizando el flujo de tropas y mercancías entre Hispania y las Galias. Los principales itinerarios romanos, como el Itinerario de Antonino y la Tabla Peutingeriana, registran su recorrido, que atravesaba ciudades como Segisama (Sasamón, Burgos), Viroviesca (Briviesca, Burgos), Veleia (cerca de Vitoria) y Pompaelo (Pamplona), hasta cruzar los Pirineos por el puerto de Summo Pyrineo, hoy conocido como Roncesvalles.
Según el proyecto ORBIS de la Universidad de Stanford, que reconstruye las comunicaciones romanas, la distancia entre Astorga y Burdeos podía recorrerse en veintitrés días a pie o en doce jornadas a caballo. “La calzada más importante del noroeste hispano conectaba Astorga y las minas de oro de Las Médulas con el puerto de Burdeos”, señaló National Geographic.
El puerto de Roncesvalles se consolidó como paso fundamental entre Aquitania e Hispania. Allí, en 1132, se erigió una hospedería que alcanzaría fama entre los futuros peregrinos, marcando el inicio de una transformación que convertiría esta ruta en un camino espiritual.
De vía militar a puerta de invasiones
La historia de la Ab Asturica Burdigalam está marcada por episodios cruciales para el destino de Europa. Uno de los momentos más dramáticos ocurrió la Nochevieja del año 406, cuando una coalición de tribus bárbaras —vándalos, alanos y suevos— irrumpió en el Imperio Romano. Tras saquear las Galias, los invasores avanzaron por la vía XXXIV desde Burdeos, cruzaron Roncesvalles y penetraron en Hispania en el otoño del año 409.
Esta vía se convirtió así en la puerta de entrada de los pueblos bárbaros a una Hispania rica y vulnerable. Según explicó National Geographic, una generación después, en el año 456, los visigodos liderados por Teodorico II siguieron el mismo camino para expulsar a los suevos. “Los visigodos derrotaron a los suevos junto al río Órbigo y se instalaron en la provincia Tarraconense para ya nunca marcharse”, explica National Geographic.

La calzada no solo fue escenario de conflictos, sino también el eje de poder y control sobre el territorio. Durante la invasión musulmana del año 711, las tropas árabes y bereberes también utilizaron este recorrido para avanzar hacia el corazón de la península ibérica.
El origen del Camino Francés
Con la caída del Imperio Romano, la vía Ab Asturica Burdigalam mantuvo su relevancia durante siglos. Los visigodos la usaron para conectar Galicia con su reino, y aunque el dominio musulmán provocó la despoblación de sus principales ciudades, el trazado sobrevivió. Entre los siglos IX y XII, la ruta cayó en desuso debido a la inseguridad en la llamada “tierra de nadie” entre los reinos cristianos de Asturias y Navarra. Solo unos pocos viajeros se atrevían a recorrer la antigua calzada romana en ese período.
Sin embargo, con el avance de los reinos cristianos y el auge de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, la ruta cobró nueva vida. El trazado de la calzada y muchos de sus puentes aún existían en el siglo XII, y la vía “Ab Asturica Burdigalam” se transformó en el itinerario favorito de los peregrinos francos y aquitanos para llegar a Galicia. “La poderosa Orden de Cluny eligió la vía para asentarse en suelo hispano, y en aquellos tiempos, la calzada renace con un nuevo nombre: via Aquitania”, subrayó National Geographic.
La inclusión de la ruta en el Códice Calixtino consolidó su prestigio, y desde entonces, sería conocida como el Camino Francés. Monasterios como el de Rodilla, Carrión de los Condes y Sahagún atestiguan el renacer de este camino bajo la protección de Cluny, que lo convirtió en el principal acceso a Santiago de Compostela desde Europa.
Restos de la presencia romana aún pueden observarse a lo largo del trayecto, como la basílica de Santa María de los Arcos en Tricio (La Rioja), edificada sobre un mausoleo romano junto a la vía XXXIV, o los tramos conservados en Reliegos (León). “El Camino Francés solo es un nombre nuevo para un camino mucho más antiguo”, sentenció National Geographic.
Así, la Ab Asturica Burdigalam no solo fue una obra maestra de la ingeniería romana, sino también el germen de una de las rutas de peregrinación más importantes del mundo, uniendo historia, fe y patrimonio en un mismo trayecto que sigue vivo hasta hoy.