Con las reservas en alza, tasas de interés elevadas y un cambio en la estrategia monetaria, el inicio de 2026 puso en evidencia que el Gobierno tendrá que priorizar la estabilidad de dos de los tres pilares más críticos de la economía argentina. Es que la baja de la inflación, la acumulación de reservas y el crecimiento económico no pueden convivir en simultáneo, advirtieron distintos analistas.
Dado que el eje de la estrategia oficial está puesto en fortalecer las reservas para reducir el riesgo país y facilitar así el acceso al financiamiento externo, la consecuencia directa es sostener tasas de interés altas —que ya rozan el 34%, frente al 20% registrado en diciembre— y resignar la reactivación de la actividad.
Durante las primeras semanas del año, las tenencias del Banco Central de la República Argentina (BCRA) en moneda extranjera pasaron de USD 43.105 millones a USD 44.808 millones, a pesar del pago de compromisos de deuda por USD 4.200 millones. Esto implica que la autoridad monetaria compró USD 708 millones netos en el mercado cambiario.
El trilema de Milei
En este escenario, según analizó la consultora PxQ en un informe, la estrategia del Gobierno para fortalecer la posición externa del país modificó de manera sustancial el esquema monetario. En lugar de utilizar el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria, el foco pasó a estar puesto en la acumulación de reservas.
Esta decisión, sin embargo, encarece el financiamiento del Tesoro y limita la recuperación del crédito. Así, vuelve a emerger el histórico trilema macroeconómico argentino. “No es posible, al mismo tiempo, acumular reservas, reducir la inflación y promover el crecimiento económico. Se debe elegir dos de tres”, sostiene el análisis.
Este surge porque las políticas que favorecen uno de estos objetivos, tienden a tensionar a los otros. Por ejemplo, un anclaje más rígido del tipo de cambio puede servir para contener la inflación, pero dificulta la acumulación de reservas; o una tasa elevada puede aliviar las tensiones cambiarias y los precios, pero impacta negativamente sobre la actividad económica.
Cuándo llega la inflación de un dígito
El año pasado cerró con la inflación acumulada más baja desde 2017. Para enero, la consultora Invecq espera una variación apenas inferior que el último 2,8% correspondiente a diciembre de 2025. En tanto, para 2026 proyecta una inflación anual cercana al 25%, con un promedio mensual del 1,8 por ciento.
Respecto del proceso de desinflación que atraviesa el país desde hace poco más de dos años, Invecq destacó que reducir la inflación de tres a dos dígitos suele ser relativamente rápido. Sin embargo, avanzar desde ese nivel hacia registros de un dígito resulta mucho más desafiante. “La experiencia muestra que los procesos de desinflación son prolongados y complejos, y que la convergencia hacia tasas de un dígito suele demorar varios años”, explicó la entidad.
Fundación Capital, en tanto, precisó que el 60% de los países tarda más de siete años en alcanzar una inflación de un dígito. Así, pese a que la consultora proyecta una inflación anual cercana al 26,5% y un IPC que quebrará la barrera del 2% mensual en la segunda mitad del año, advirtió que “el proceso será lento y desafiante”.

Por qué no se amplía la base monetaria
Aunque la compra de dólares por parte del Banco Central implicó una fuerte emisión de pesos, esa expansión no se trasladó en igual magnitud a la base monetaria. Es que, para sostener este esquema y evitar un rebrote inflacionario, la autoridad monetaria recurre a la venta de títulos en el mercado, en particular letras dollar-linked, que son instrumentos atados a la evolución del tipo de cambio.
Sin embargo, el reporte de PxQ advierte que esta herramienta no resulta sostenible en el largo plazo, ya que incrementa el stock de pasivos en moneda local. Además, el nivel de tasas impacta negativamente sobre el crédito y la recuperación de la demanda.
En este contexto, la compra de reservas se consolida como el principal canal de inyección de pesos, dado que los depósitos del Tesoro en el Banco Central se mantienen en torno a $2,9 billones, de acuerdo al último dato oficial disponible, y limitan la posibilidad de emitir por otras vías.
La acumulación de reservas debe seguir
En paralelo, el nuevo esquema cambiario acumula en lo que va del año compras netas por USD 708 millones, con más de 10 ruedas consecutivas de intervención compradora por parte del BCRA, una señal esperada por el mercado.
Hacia adelante, Invecq señaló que será clave sostener la acumulación de reservas, en especial cuando se intensifique el ingreso de dólares por la liquidación del agro. El desafío, advirtió, será monitorear tanto las compras del Banco Central como las ventas de divisas del Tesoro, ya que ambas variables pueden incidir en el resultado final.