
La enfermedad renal crónica es una afección en la que los riñones pierden progresivamente su capacidad para filtrar desechos y exceso de líquidos de la sangre.
Afecta hasta el 15% de los adultos y muchas personas reciben el diagnóstico cuando ya han perdido más de la mitad de la función renal.
Científicos de Suecia, España, Estados Unidos y Países Bajos identificaron una señal temprana de riesgo antes de que aparezcan síntomas de la enfermedad. Publicaron los detalles del estudio en la revista Kidney International.

Analizar millones de resultados de laboratorio de pacientes y ese trabajo permitió descubrir que un valor de filtración glomerular estimada (eGFR) por debajo del percentil 25, incluso si parece normal, se asocia con un mayor riesgo de desarrollar insuficiencia renal.
La filtración glomerular estimada es un cálculo que indica cuánta sangre filtran los riñones cada minuto para eliminar desechos y exceso de líquidos.

El hallazgo de los investigadores significa que el daño puede empezar mucho antes de lo que se pensaba y que el umbral habitual para considerar “normal” podría dejar pasar casos de riesgo.
En el estudio participaron Yuanhang Yang, Juan Jesús Carrero y colaboradores del Instituto Karolinska de Suecia, el Centro Médico Tufts, Estados Unidos, la Fundación Jiménez Díaz UAM, en España, y el Centro Médico de la Universidad de Leiden, Países Bajos.
La pista que no se ve

La insuficiencia renal puede desarrollarse en silencio durante años. Hasta ahora, cualquier eGFR por encima de 60 ml/min/1,73 m² se consideraba seguro. Eso significa que no se consideraba riesgo de enfermedad renal crónica en esos valores.
El equipo comprobó que este límite no distingue a quienes, por su edad y sexo, ya están en una zona de mayor riesgo, aunque el valor no sea alarmante para la mayoría.
Para abordar el problema, los investigadores crearon gráficos de referencia poblacional, similares a las curvas de crecimiento infantil, pero centrados en la función de los riñones.

Con esas herramientas, un médico puede comparar el resultado individual con el promedio para el grupo y detectar riesgos antes de que el daño avance.
Además, observaron que solo una minoría de pacientes con valores bajos para su grupo accede a pruebas adicionales, como el análisis de proteínas en orina, clave para detectar daño renal en etapas iniciales.
Números que cuentan historias

El análisis incluyó información de más de 1.179.000 personas de 40 a 100 años residentes en Estocolmo. Abarcó al 80% de la población adulta local.
Se recopilaron casi siete millones de mediciones de eGFR tomadas entre 2006 y 2021, lo que permitió construir gráficos detallados según edad y sexo.
Durante diez años de seguimiento, se identificaron 2.651 casos de insuficiencia renal terminal y más de 223.000 muertes.
El riesgo absoluto de insuficiencia renal fue bajo, pero se elevó de forma importante entre quienes se encontraban por debajo del percentil 25 de eGFR.
La relación entre eGFR y mortalidad adoptó una forma de “U”: los valores bajos y los muy altos se asociaron con mayor riesgo de muerte.
El riesgo de morir a 10 años en la población general fue de 17%, pero llegó a 18,6% en quienes estaban en el grupo de bajo percentil.
Cambios en la mirada clínica

Los resultados de la investigación no significan que haya que reemplazar a los métodos tradicionales de diagnóstico.
Por el contrario, los investigadores proponen sumarles el análisis del eGFR en gráficos de referencia como herramienta complementaria.
Sugirieron que los profesionales de la salud usen los gráficos y la calculadora digital de acceso abierto y gratuito para interpretar mejor los resultados y decidir cuándo solicitar estudios adicionales.
Reconocieron que la eGFR depende de la creatinina, influida por la masa muscular, y que los resultados pueden no aplicarse igual en otras poblaciones. También señalaron que el bajo uso de pruebas de albuminuria sigue siendo un reto para la prevención.

El grupo investigador remarca que “los valores de eGFR por debajo del 25° percentil de la distribución poblacional se asocian con mayores riesgos de insuficiencia renal y muerte”.
El nuevo enfoque permite pensar en estrategias más eficaces para el diagnóstico temprano y la prevención de la enfermedad renal crónica.
En diálogo con Infobae, Guillermo Rosa Diez, profesor y doctor en ciencias de la salud de la Universidad del Hospital Italiano de Buenos Aires y ex presidente de la Sociedad Argentina de Nefrología, consideró que “el uso de gráficos poblacionales de eGFR como se hizo en el estudio publicado en Kidney International puede cambiar la prevención y el seguimiento en salud renal».
Hoy en la práctica cotidiana “se sigue usando un corte, y el mensaje del estudio es que los profesionales de la salud llegamos tarde al diagnóstico temprano de la enfermedad renal”, señaló.
“Esos gráficos permiten ver si un paciente está mal para su edad, aunque su valor parezca normal”, acotó.

En América Latina, “la herramienta digital que desarrollaron los autores del estudio podría ser también útil para encender alertas más tempranas, especialmente en personas con hipertensión, diabetes o antecedentes cardíacos. Serviría para pedir antes algo tan básico y muchas veces olvidado como la albuminuria”, precisó.
También señaló los límites para su aplicación en sistemas de salud de países con menos recursos.
“El estudio se hizo en Suecia, con sistemas informáticos integrados y mediciones de creatinina muy frecuentes. Se debería considerar que los valores normales pueden cambiar según la población y la infraestructura digital puede ser menos accesible”.
Por eso, el médico Rosa Diez propuso avanzar con el uso de la herramienta aportada por los científicos de Suecia de manera gradual y adaptada a cada contexto.
“Bien usadas, pueden ayudar a prevenir la enfermedad renal crónica; mal aplicadas, pueden generar ruido y sobrecarga”, dijo a Infobae. “La primera etapa clave debería pasar por generalizar la medición de la creatinina en sangre y que los laboratorios acompañen ese dato con el filtrado glomerular estimado”, puntualizó.