
En la disputa por el título de la Copa Africana de Naciones, el duelo entre Marruecos y Senegal dejó imágenes inusuales y una tensión que marcó el cierre del torneo en el estadio Prince Moulay Abdallah de Rabat, la capital de Marruecos. Un penal otorgado a los locales en el descuento desató una reacción en cadena que alteró el ritmo del partido y puso en jaque la continuidad del juego en apenas 20 minutos.
Todo comenzó cuando, en el minuto 98, el árbitro Ndala Ngambo sancionó un penal tras revisar en el VAR una jugada entre El Hadji Malick Diouf y Brahim Díaz. El defensor senegalés sujetó por el cuello al mediocampista marroquí, quien cayó en el área chica. La decisión encendió la protesta de los jugadores de Senegal, que llegaban de una acción polémica anulada minutos antes, cuando se les negó el 1-0 por una falta en ataque.
El punto máximo de tensión llevó al entrenador Pape Thiaw a pedirle a sus jugadores que abandonaran el campo. El plantel senegalés se retiró rumbo al vestuario, mientras el capitán Sadio Mané decidió quedarse y esperar una resolución oficial del árbitro. El propio Mané intervino para convencer a sus compañeros de regresar, y evitar así una posible sanción que podría haber tenido consecuencias para el equipo en futuras competencias.
El clima en la cancha se deterioró aún más con la seguidilla de amonestaciones. En medio de las discusiones, el árbitro mostró tarjetas amarillas tanto a El Hadji Malick Diouf como a Ismaïla Sarr. Durante la espera por la ejecución del penal, también recibieron la tarjeta Édouard Mendy y Anass Salah-Eddine, en una clara muestra del ambiente intranquilo.
Cuando por fin se reanudó el encuentro, la responsabilidad recayó sobre Brahim Díaz. El futbolista del Real Madrid tenía la oportunidad de darle a Marruecos el segundo título continental después de 50 años. Su elección fue arriesgada: intentó ejecutar el penal con una “Panenka”, pero el portero Édouard Mendy permaneció en el centro y atajó el disparo sin dificultad. Esta jugada, ampliamente comentada y criticada, dejó a los marroquíes sin la ventaja en el tiempo reglamentario.
La reacción inmediata fue de desánimo en el equipo local. Varios compañeros y miembros del cuerpo técnico se acercaron para consolar a Brahim Díaz, quien se encontraba en el banco de suplentes tras ser sustituido entre lágrimas. El delantero fue elegido para el premio de goleador del torneo por ser una de las figuras clave para que Marruecos alcanzara la final.
A pesar de su actuación en el penal decisivo, acumuló cinco goles en el camino de su selección hasta la instancia final y recibió la Bota de Oro de la competencia en la entrega de los premios, que contó con la presencia de Gianni Infantino, el presidente de la FIFA.
La prórroga se inició con el resultado 0-0 aún con ambos equipos afectados por las acciones anteriores. La falta convertida en penal y la intervención del VAR se convirtieron en el punto de inflexión de una final ya cargada de tensión. Apenas comenzado el tiempo suplementario, Pape Gueye anotó para Senegal y puso a su equipo en ventaja con el 1-0 y así el conjunto senegalés levantó el trofeo por segunda vez consecutiva.