El lenguaje digital evolucionó y los emojis se consolidan como elementos esenciales para inyectar tono y matiz a las conversaciones. Entre el vasto repertorio, el del robot (🤖) emerge como un símbolo particularmente polifacético. Su diseño, que evoca la imagen de un androide clásico con ojos redondos y una boca que recuerda a una rejilla de ventilación, lo hace tanto simpático como representativo de la tecnología, según describe el portal especializado EmojiTerra.
Aunque su origen está directamente ligado a la robótica y la inteligencia artificial, su popularidad radica en una versatilidad que lo llevó a expandirse hacia significados más abstractos en las interacciones cotidianas. En un primer nivel, su uso es literal: se emplea para referirse a la robótica, la programación, avances científicos o temas vinculados a la innovación digital y un tono futurista.
Sin embargo, el emoji del robot trasciende lo técnico para adquirir una profunda carga social y expresiva en plataformas como WhatsApp. Muchos usuarios lo emplean para insinuar que alguien actúa de manera automática o sin emociones, como si fuera una máquina. En tono humorístico, sirve para señalar respuestas frías, comportamientos mecánicos o estados de ánimo donde la persona se siente distante o en piloto automático. Emojipedia, otro portal especializado en esta temática, indica que también puede usarse para que “algo o alguien va a control remoto” y para pedirle a otro que “se tome las cosas con calma”, así como para simbolizar a personas insensibles.

Su éxito en WhatsApp radica en su capacidad para transmitir ironía, humor o ternura, transformándolo en un recurso versátil más allá de su origen tecnológico. A pesar de representar un objeto metálico, su estilo caricaturesco le permite transmitir calidez y suavizar mensajes que, de otra manera, sonarían demasiado serios. No es raro que aparezca en conversaciones casuales para dar un aire de torpeza simpática o para acompañar bromas sobre rarezas tecnológicas, con el objetivo de humanizar la interacción.
Los usos más comunes de este ícono incluyen señalar actitudes automáticas cuando alguien responde con frases mecánicas, transmitir ironía o humor en bromas sobre conductas extrañas, y mostrar distancia emocional. Su diseño amigable lo convierte en una herramienta para dar un aire tierno y simpático, para lograr un equilibrio entre la frialdad de la máquina y la creatividad de la interacción social.
Esta dualidad entre lo literal y lo figurado lo posicionó como uno de los emojis más usados en contextos donde se busca mezclar lo tecnológico con un toque humano, convirtiéndolo en un puente entre ambos mundos. Su popularidad responde a una necesidad actual: humanizar la tecnología en un momento donde las conversaciones digitales dominan la vida social. Este ícono permite expresar cercanía, ironía y humor sin dejar de lado su guiño al mundo digital, convirtiéndose en un ícono social que aparece en memes.

A diferencia de otros íconos que adquirieron connotaciones negativas o ambiguas que pueden dificultar la claridad del mensaje, el emoji del robot logra destacar positivamente. Expertos en comunicación digital señalan que, mientras algunos emojis son poco recomendables en ciertos entornos, el robot ofrece una expresión de simpatía inesperada y una versatilidad que lo consolida como un recurso expresivo eficaz y menos propenso a confusiones en la comunicación en línea.
Otros emojis que no significan lo que parecen
Un claro ejemplo de este es la bola de billar con el número ocho (🎱), que puede pasar inadvertido para los adultos en general, pero tuvo un lugar destacado en una de las escenas de la miniserie Adolescencia (Netflix). En concreto, Jamie Miller, el adolescente de 13 años, recibía este emoji de su compañera del colegio, a la que más tarde asesinó. En tal sentido, la bola ocho puede utilizarse según la jerga para referirse a 28 gramos de droga, posiblemente alguien que compra o vende, es decir, un dealer.
El emoji del pulgar hacia arriba (👍), que fue lanzado en 2015 por el consorcio Unicode, es uno de los que se volvió más denostado: para los adultos es un signo de afirmación rápida o confirmación. Sin embargo, los jóvenes lo perciben como pasivo-agresivo. Además, sienten que terminar conversaciones con este símbolo es algo brusco y poco amable. Es una aprobación, sí, pero con desdén.

Otro ejemplo es el emoji de la cara sonriente (😂): mientras los adultos lo eligen para expresar que “lloran de risa”, los más jóvenes utilizan stickers o bien el emoji de la calavera (💀) para expresar lo mismo. Lo mismo sucede con los corazones, ya que cada uno significa una u otra cosa en función de su color: “El rojo (❤️) se utiliza para fines románticos, el verde (💚) tiene que ver con fines sexuales y el violeta (💜) expresa cariño o amistad”, ilustra Mariano Cáceres en diálogo con LA NACION.