La disputa en la corte de Londres entre Sting y sus ex compañeros (no amigos, nunca lo fueron según cuentan quienes han estado cerca) Stewart Copeland y Andy Summers volvió a colocar al superhit de los años 80 ″Every Breath You Take» en el centro del debate sobre derechos de autor y el impacto financiero de los servicios digitales. La demanda, presentada por Copeland y Summers, se centró en las regalías del éxito global, especialmente por ingresos provenientes de streaming, con una cifra estimada de 2 millones de dólares como objeto de controversia. Es decir: esto es por plata. Ninguna novedad.
El equipo jurídico de Sting argumentó que los acuerdos previos no incluían estos ingresos y sugirió en documentos previos que los demandantes “pudieron haber recibido pagos sustancialmente excesivos”. En la primera jornada se reveló que, desde el inicio del litigio, Sting pagó 870 mil dólares para compensar “ciertos pagos históricos insuficientes”, según la versión de su abogado. Sin embargo, los que continúan en disputa son los ingresos futuros. Esa es la clave.
The Police es una de las bandas de mi vida. Cuando era un niño apenas, escuché fascinado lo que mi hermano me contó de aquel show en Obras, en 1980. Él estuvo presente, doy fe (sabido es que aquel recital, como varios otros, es mentado por unas decenas de miles personas que por supuesto no estuvieron; el estadio de Obras apenas puede albergar unas 4 mil personas). Mi adolescencia estuvo acompañada por la fascinación que ejerció Synchronicity, un disco que todavía considero extraordinario y al que siempre vuelvo (ahí está la mentada “Every breath…”). Hubiera querido verlos en aquellos tiempos de esplendor, 1982, 83… Me tuve que conformar con los videos, escasos, que llegaban en esa época. Si estuve en el estadio de River una noche calurosa de diciembre de 1987 cuando Sting brindó un gran show (en los días previos a recibir mi diploma como bachiller). Habrían de pasar 20 años para que, por fin, pudiera ver a The Police en directo, en el mismo escenario. Ya era padre de un bebé de 7 meses.

Mi tarea profesional me llevó, antes y después de eso, a entrevistarlos. A cada uno por separado, al tiempo en que vinieron a Buenos Aires. Sting, una verdadera estrella, fue amable pero distante en un improvisado camarín del estadio de Velez: me impresionaron sus profundos ojos azules y una mirada felina que parecía escanear todo a su alrededor, entrevistador incluido. Andy Summers, sentado en el patio del hotel Intercontinental de la calle Moreno, en el centro de Buenos Aires, fue también distante, caustico en cada comentario y solo se entusiasmó para hablar del libro que estaba leyendo esa tarde: Grandes simios, de Will Self. Uno de mis escritores favoritos, le dije y ahí, mágicamente, cambió el clima. Me habló con sorna de Sting, por cierto (todavía no se habían reunido para la gira mundial de 2007). Con Stewart Copeland, mi historia es más reciente: a fines del año pasado, antes del magnífico show que dio en el Teatro Gran Rex junto a Eruca Sativa y una orquesta dirigida por Nico Sorin, nos conectamos por videollamada. Le dije que The Police era una de las bandas de mi vida -ya me permito esos comentarios, debo estar grande- y me respondió “Oh, ¿y ahora cómo podremos seguir esta entrevista?“. Tuvimos una agradable conversación donde hablamos de la ciudad de su cuñada Adriana (argentina, nativa de 9 de Julio, amiga de una amiga mía), de fútbol, de polo, de caballos, de jazz y por supuesto, de The Police. Me habían pedido que no le hablara de la cuestión judicial, cumplí (la verdad, era lo menos interesante para mí). Fue amable y muy gracioso. También ironizó un par de veces sobre Sting, se nota que no lo quiere mucho.
En fin. Que cada noticia de The Police se lleva mi atención porque detrás de la banda está mi propia historia, como la de millones de personas de ciertas generaciones alrededor del mundo en los últimos 45 años.

La canción maldita de The Police
La relevancia del pleito se amplifica por el contexto comercial de la canción. Según los documentos presentados, “Every Breath You Take” figuró entre las diez canciones más escuchadas diariamente a nivel global en Spotify, acumulando unas 3,5 millones de reproducciones al día solo en esa plataforma: más que algunos de los lanzamientos más populares de la actualidad. El alza fue significativa, con un crecimiento del 89% en 2024 y un repunte adicional del 36% en 2025, especialmente en Estados Unidos, México, Brasil, Alemania y el Reino Unido, de acuerdo con los datos administrativos mencionados en la audiencia.
La canción, atribuida oficialmente en composición a Sting, representa un flujo financiero robusto en el sector editorial y mantiene vigente el desacuerdo entre los exmiembros de la banda, quienes reciben el 15% de los derechos editoriales en virtud de un acuerdo alcanzado en 1977. Su inclusión en la banda sonora de la serie Stranger Things y su presencia sostenida en TikTok, más allá del uso televisivo, consolidaron su crecimiento digital.
Más allá de las cifras, la tensión entre los músicos se reflejó en testimonios sobre el proceso creativo y en la interpretación de la obra. En reiteradas ocasiones, Sting describió su intención original: “Quise escribir una canción romántica, algo seductora”, afirmó a diversos medios, antes de reconocer la falta de originalidad en la estructura básica: “No es para nada original; tiene una secuencia de acordes estándar que probablemente saqué de ‘Stand By Me’ de Ben E. King”. Admitió también haberse inspirado en Slip Slidin’ Away de Paul Simon, y evaluó que su propia composición representaba una anomalía sonora: “Es una canción desagradable, realmente bastante malvada”, enfatizó tiempo después, añadiendo que tras el “hechizo” de “Every Breath You Take” -al fin y al cabo, es la canción de una obsesión, cercana al acoso- necesitó escribir “If You Love Someone Set Them Free”, en el principio de su etapa solista, como una especie de cura. “Tuve que escribir el antídoto después de haber envenenado a la gente con esta cosa horrible”.

La creación de la canción fue descripta en términos conflictivos tanto por los integrantes como por el productor Hugh Padgham, quien reveló: “Cuando grabamos Synchronicity, ya estaban hartos los unos de los otros… Sting y Stewart se odiaban, y aunque Andy no mostraba tanto veneno, podía estar de mal humor; hubo peleas verbales y físicas en el estudio”. Padgham rememoró en declaraciones recogidas en el litigio, “Recuerdo trabajar intensamente durante diez días… y no teníamos nada aprovechable en cinta”.
Stewart Copeland corroboró la tensión técnica y creativa al manifestar: “‘¡Quiero poner mi parte de batería!’ decía yo, y Sting respondía, ‘¡No quiero que pongas tu maldita parte, quiero que pongas lo que yo digo!’ y así siguió la discusión”. Andy Summers sostuvo en 2016 que su intervención cambió el destino de la canción: “Era una basura hasta que yo la toqué”, dijo entonces con su habitual humildad, explicando que ideó el arpegio de guitarra como fórmula de consenso. “Iban a desecharla. Sting y Stewart no lograban ponerse de acuerdo en la línea de bajo y batería… Entonces Sting me dijo: ‘Hacela tuya’. Y lo hice en una sola toma. Todos se pusieron de pie y aplaudieron”.
El conflicto sobrepasó la cabina de grabación. Summers relató que las peleas físicas continuaron durante la gira de Synchronicity, lo que incluyó que Copeland rompiera una costilla a Sting. Años después, el baterista relativizó el episodio con humor: “Eran peleas de broma”, pero aceptó que las diferencias irreconciliables llevaron a la separación de la banda en su mejor momento: “Nos arrancábamos la garganta en el estudio pero esos dos cabrones lograban cosas increíbles y nos llevábamos muy bien en el escenario, en la furgoneta, en el avión. Hasta hoy seguimos enviándonos clips tontos por Instagram. Es un mito que Sting y yo peleamos todo el tiempo”, sostuvo en 2024 al responder a un lector de The Guardian. ¿Será verdad?

El trasfondo económico derivó en una broma recurrente entre baterista y guitarrista, como apuntó Copeland en 2018 al mismo medio: “Uno de nuestros chistes favoritos es que cuando Puff Daddy sampleó ‘Every Breath You Take’ para ‘I’ll Be Missing You’, en realidad tomó la figura de guitarra de Andy, no la melodía ni la letra. Andy y yo le decimos: ‘Vamos Sting, paga las regalías a Andy’, y Sting contesta: ‘Aquí tienes, Andy…’ Eso, sin acercarse mucho a la billetera”. Por cierto, visto los recientes acontecimientos judiciales que vivió el rapero ahora llamado P.Diddy -acusado y condenado por temitas como transporte para prostitución, acoso y ataque sexual-, la cuestión-obse de la canción en cuestión cobra otro sentido. Y Copeland ya no debe bromear sobre la cuestión.
Así las cosas, el litigio reciente convirtió esa broma en una confrontación real, mientras “Every Breath You Take” sostiene su posición dominante como una de las canciones más rentables y con más proyección del catálogo musical de todos los tiempos. Es una pieza magnífica de pop-rock, un hit perenne e infaltable en cualquier playlist “80’s”. Y seguirá generando dinero, pero esa es una cuestión que deberá resolver algún circunspecto juez de los tribunales de Londres.
Por cierto. Stewart Copeland la tocó en su show del Gran Rex. Ahora a fines de febrero vendrá Andy Summers para tocar junto a dos relevantes músicos brasileños, João Barone (Paralamas do Sucesso) y Rodrigo Santos (Barão Vermelho), en un show irónicamente titulado Call The Police. ¿La tocará? La respuesta es obvia.