Nancy Duplaa y Pablo Echarri comenzaron su relación en el año 2000

El mediodía de este martes, Nancy Dupláa eligió la calidez de los recuerdos para rendir homenaje a Antonio Echarri, el padre de su esposo, Pablo Echarri, en el día que hubiera cumplido sus 90 años. Lo hizo con un gesto discreto y conmovedor: una foto familiar compartida en sus redes sociales, acompañada de palabras sencillas y sentidas. Así, la memoria de Antonio —o “Antony”, como lo llamaban en la intimidad— volvió a ocupar un lugar central en el corazón de quienes lo amaron y también en la memoria colectiva.

“¡Antony hoy cumpliría 90 años!” fue la frase que encabezó la historia de Instagram. La imagen elegida es de esas que parecen hablar sin necesidad de palabras: un primer plano del hombre, con el pelo completamente canoso y una sonrisa de plenitud, sostiene entre sus brazos a una pequeña Morena Echarri. La nieta que hoy tiene 22 años, aparece en la foto como una niña de mirada profunda y gesto sereno, recostada con confianza en el regazo de su abuelo. Antonio viste una remera clara con un pequeño logo oscuro. Detrás, cortinas que dejan pasar la luz natural, una guirnalda decorativa —apenas visible, pero suficiente para adivinar la palabra “Feliz cumpleaños”— y varias figuras desenfocadas completan la escena de un típico festejo familiar en el hogar. El entorno es cálido, con mesas y sillas ocupadas por familiares y amigos, sumidos en charlas y risas que el tiempo no borra.

En el pie de la imagen, el mensaje de Nancy golpea directo al corazón: “Viejo loco noble, solidario e incorruptible… siempre abriendo la puerta de su casa y ofrecerte su corazón!”. Un corazón rojo acompaña la dedicatoria, y el cierre, contundente, no deja lugar a dudas sobre la profundidad del lazo: “Te extraño siempre”.

El recuerdo de Nancy Duplaa a Antonio Echarri (Instagram)

Antonio falleció en 2009, a los 73 años, tras luchar durante meses contra una afección pulmonar crónica. El desenlace llegó luego de permanecer varios días internado en el Centro Gallego de Buenos Aires, donde fue ingresado de urgencia por una descompensación. Voceros del centro médico confirmaron que la enfermedad lo fue debilitando hasta su partida. Para los suyos, el dolor de la ausencia se mezcló con el orgullo por lo vivido: un hombre noble y de valores inquebrantables.

Pero la historia de Antonio no se resume a la calidez de los gestos cotidianos. Su nombre ocupó los titulares de todo el país en octubre de 2002, cuando fue víctima de un secuestro que conmocionó a la sociedad argentina. Propietario de un puesto de diarios en Avellaneda, el “canillita” fue privado de su libertad y mantenido cautivo durante una semana. La familia vivió días de angustia y espera, hasta que finalmente, el 1 de noviembre, la policía logró rescatarlo sano y salvo en la localidad bonaerense de Burzaco, en el partido de Almirante Brown. El rescate tuvo otro giro inesperado: el dinero que había pagado su hijo Pablo como rescate también fue recuperado. La noticia se multiplicó en medios y portales, y la figura de Antonio quedó asociada para siempre a una de las páginas más difíciles —pero también más valientes— de su historia familiar.

Pablo y Antonio Echarri, después de la liberación

A pesar de la notoriedad que aquel episodio le dio, para sus seres queridos Antonio fue mucho más que una víctima de un hecho policial. Fue el hombre que, según Nancy, “siempre abría la puerta de su casa y ofrecía su corazón”. El abuelo que abrazaba a Morena en los cumpleaños, el padre que sostuvo a Pablo en los momentos de adversidad, el esposo y amigo que tejió lazos de solidaridad y afecto en su barrio y su ciudad.

Hoy, la memoria de Antonio revive en cada gesto y cada palabra de quienes lo amaron. La foto en sepia, la sonrisa que desafía al tiempo, la dedicatoria de la actriz y el recuerdo de un hombre que supo ganarse el cariño de su familia y el respeto de quienes lo conocieron. “Viejo loco noble, solidario e incorruptible”, repite Nancy, y en esa frase se resume una vida: la de alguien que, aun después de partir, sigue abriendo puertas y corazones.