
Luis Miguel Rodríguez es un verdadero jugador de culto en el fútbol argentino y a los 41 años se mantiene en actividad. Sin embargo, su futuro es una incógnita. Es que Colón de Santa Fe decidió extender la licencia del Pulga hasta el jueves 15 de enero, en un contexto de negociaciones abiertas sobre su desvinculación y persistente incertidumbre que envuelve su carrera. El delantero tucumano sigue entrenándose de manera individual en Simoca, su lugar en el mundo, por lo que puede leerse que su decisión es no colgar los botines, más allá del mal momento.
La dirigencia del club determinó que el punta, finalista de la Copa Sudamericana y campeón de la Copa de la Liga 2021 con el Sabalero, no integrará el plantel que conducirá Ezequiel Medrán en la temporada 2026. Junto al mánager Diego Colotto, se resolvió apartar a los referentes históricos, entre ellos el propio Pulga, Marcos Díaz, Ortiz, Gigliotti y Bernardi -quien se marchó a Atlanta-, como parte de la reestructuración para buscar el regreso a la máxima categoría tras una etapa previa marcada por resultados negativos. De hecho, el equipo peleó las últimas posiciones de su zona en 2025, pese a contar con un plantel con varios futbolistas de renombre.
A diferencia de otros futbolistas en la misma condición, el delantero tiene contrato vigente con Colón hasta diciembre de 2026. Esta situación obstaculiza el avance de las negociaciones para rescindir el vínculo, por lo que el club optó por extender el período de licencia con la intención de alcanzar un acuerdo antes del 15 de enero, detalló El Litoral.
Mientras tanto, Rodríguez se mantiene en Tucumán, entrenando por su cuenta y a la espera de definiciones. De momento, no existen gestiones formales de otros clubes para sumar al Pulga, aunque crecen las expectativas de un posible regreso a Atlético Tucumán, impulsadas sobre todo por el vínculo emocional que une al jugador con su provincia y el club decano.
El recorrido de Pulga Rodríguez, con logros destacados en el fútbol argentino, sostiene la esperanza entre los fanáticos tucumanos. El interés que despierta su nombre, cada vez que surge la opción de “volver a casa”, renueva la ilusión en torno a la última etapa de su carrera.
El Pulga es protagonista de una historia impactante. Desde muy chico inició su romance con la redonda y Pocholo, su papá, a pesar de sus limitaciones económicas, pudo regalarle un par de botines comprados por 30 pesos en una feria para que no siguiera jugando descalzo. Sus condiciones futbolísticas fueron notorias y en su adolescencia tuvo algunos golpes por malos manejos de un representante.
Su padre siempre quiso que jugara al fútbol, pero al Pulga no se le cayó ningún anillo cuando quiso darle una mano a su familia. Llegó a trabajar de albañil con su cuñado y lo recordó en una entrevista con Infobae: “Es un trabajo normal. Pero no se gana como en el fútbol. Te tenés que levantar a las 7.30 o en verano antes para trabajar y ganarle un poco al calor. Si bien no estás de bermudita linda, estás con ropa de laburo y es un laburo digno, que sirve y a mí me sirvió muchísimo para valorar las cosas que consigo hoy por hoy. Las valoro el doble”.
A los 14 años ya jugaba en un certamen regional en su Tucumán y pudo probarse en el Real Madrid. Luego a través de contactos entre el Inter y su filial tucumana, pudo recalar en el club italiano junto a otros tres chicos de su provincia. Se alojaron en una pensión en Milán y llegaron a jugar un torneo de inferiores contra el Udinese, Parma y Perugia. Desde entonces siempre sintió que le había quedado una cuenta pendiente, la de formar parte de un club europeo.
Sin embargo, lo peor llegó en 2001 otra vez en Europa y fue cuando lo abandonaron en una estación de tren en Rumania. “Yo no tenía conocimiento, era muy ignorante. Tenía 16 años. Dijeron que nos iban a pagar una plata que nunca nos pagaron. Cumplimos el mes, nos cargaron en un tren, dijeron ‘éste es el pasaje, vayan en el tren éste que van a ir a la capital y de ahí van a ir a Italia’. Cuando llegamos a la capital no había nadie. Estábamos ahí con cuatro compañeros y no teníamos plata. Nos sentamos en un McDonald’s y pensamos ‘de última alguien se comunicará’. En ese momento yo pensé que nos quedábamos en Rumania. Hay que laburar y conseguir para volvernos”, recordó, aunque lograron comunicarse con el padre de uno de los chicos y pudieron volver.
Entre 2003 y 2004 jugó en Racing Córdoba que en ese momento estaba en el Torneo Argentino A donde no tuvo muchas oportunidades y aseguró que le pagaban “200 pesos y la pensión. ¡200 pesos era como que estaba cobrando 20 mil dólares para mí! Nunca había recibido un peso”, contó.
Si bien el conjunto cordobés logró el ascenso, extrañó mucho Tucumán y volvió a sus pagos donde jugó en Unión de Transportes Argentinos, en el torneo regional por 400 pesos mensuales. “Yo les dije que no me interesaba mucho lo que me pagaran porque quería jugar y llegué a marcar como cincuenta goles”, recordó. De hecho, en un solo partido llegó a marcar doce.
Su rendimiento, más allá de que era una liga menor, lo promovió a Atlético Tucumán en 2005. Allí fue campeón del Torneo Argentino A en 2008 y del Nacional B en 2009, por lo que en dos años estaba jugando en la Primera División, un hecho histórico para el club.
Fue en 2009 cuando recibió la convocatoria a la Selección que al principio ni él la creyó. Fue dirigido nada menos que por Diego Armando Maradona, que en su cargo armó equipos con jugadores del ámbito local. Fueron días mágicos y nadie le quitó el sueño del Mundial de Sudáfrica al año siguiente. No se dio, pero tuvo la posibilidad de pasar a Newell’s en 2010/2011, aunque tampoco logró adaptarse. Regresó a Atlético donde su nivel fue sobresaliente y se convirtió en ídolo. Cada vez que se calzó la casaca del Decano, en cada una de sus etapas, brilló. También registró pasos por Newell’s, Gimnasia La Plata y Gimnasia de Jujuy. Coqueteó con Boca Juniors en alguna oportunidad, pero el salto no se concretó.
En la temporada 2018 llegó a Colón de Santa Fe y en su segundo año vivió el éxtasis en aquella Copa Sudamericana. La alegría llegó hasta la final en La Olla (el estadio de Cerro Porteño), plagada de hinchas sabaleros. Aunque en Asunción cayeron 3-1 frente Independiente del Valle, y con un puñal para el Pulga que erró un penal.
Pero Rodríguez no bajó los brazos y supo mantener el idilio con los seguidores del Negro. Fue campeón y regresó en 2025, cuando la campaña en la Primera Nacional era pobre. Hoy, el punta sabe que no seguirá en el Sabalero. Y busca donde llevar su talento sin edad.