Royal Gauchos despliega su magia en el país y en el exterior

El telón se levantará en Buenos Aires este sábado 3 de enero en el Gorriti Art Center y una explosión de sonido, destreza y pasión invadirá el escenario. Christian Sancho y Celeste Muriega protagonizarán el exitoso espectáculo Royal Gauchos, una experiencia sensorial que fusiona el malambo, la danza, el circo y el teatro, con música en vivo y una visión renovada de la cultura gauchesca. El público observa, respira, se deja arrastrar por una propuesta que no solo entretiene: desafía los sentidos y la identidad.

La primera vez que Muriega escuchó hablar de la compañía fue como un susurro en el momento justo. “Cuando nos ofrecieron la propuesta, nosotros estábamos justo en un momento en el que teníamos ganas de hacer otras cosas, pero no sabíamos qué. Y nos llega la propuesta, empezamos a investigar, obviamente, de qué se trataba. Nos encantó la idea desde el primer momento”. El brillo en su voz refleja el entusiasmo genuino de quien descubre un nuevo horizonte: “Están triunfando en Las Vegas, les está yendo muy bien y hoy tener la posibilidad de ser parte de este elenco simultáneo en Gorriti Art Center me llena de placer”. La oportunidad, inesperada y vibrante, se transforma en un punto de partida.

Por su parte, Sancho reveló. “Empezamos a conocerla por videos que nos iban llegando desde el exterior y nos parecía que era una gran oportunidad de estar con una compañía que viene trabajando hace muchos años afuera”. El asombro se mezcla con el privilegio: “Teníamos el privilegio de ser, en mi caso el host y en el caso de Cele la figura de un show que es de nivel internacional”. “El preestreno que tuvimos fue hermosísimo, así que no vemos la hora que sea 3 de enero para poder disfrutar de lo que nos va a pasar a partir de estar arriba del escenario”, afirmó, como si la espera misma fuese parte de la magia.

Celeste Muriega y Christian Sancho entienden el desafío de sumarse a la compñaía Royal Gauchos

¿Existe un secreto en la química que une a la pareja? La respuesta aparece con naturalidad y gratitud. “Cada vez que nos llaman juntos, lo agradecemos. Siento que es parte de un crecimiento profesional que se fue dando, de una compañera que encontré en Celeste, de un complemento fundamental para mi vida, para la actuación”, reveló Sancho. Trabajar separados se torna extraño, casi antinatural. “Cuando nos encontramos en un escenario sin el otro es raro. Pero sí también siento que a veces es un aprendizaje, un crecimiento. Y cada vez que nos volvemos a encontrar, nos encontramos evolucionados”. La complicidad se siente en cada palabra, en cada pausa. “Celeste sabe cómo guiarme, sabe cómo esperar cuando uno aparece y sabe cómo ser la mejor compañera que encontré en esta vida para estar arriba de un escenario”.

En el proceso de integración con el elenco, la armonía fue inmediata. Celeste lo describió como “muy fácil porque parecía que nos conocíamos de toda la vida. Creo que tiene que ver con que todos vamos para el mismo lado, somos laburantes, tenemos ganas de crecer, de aprender”. Ensayos intensos, respeto y un idioma común: el del esfuerzo y la admiración mutua. “Hablamos el mismo idioma desde el primer día. Por eso fue superfácil el proceso”, resumió.

La gratitud de Sancho es puntual: “Se lo agradecí tanto a Enzo Nievas como a Ginett Servian. La posibilidad que nos dieron de componer los personajes, de generar con mucho respeto, con mucha honestidad de parte de ellos para con nosotros y con una generosidad enorme”. En su experiencia, los ensayos suelen ser duros, pero esta vez el ambiente fue distinto: “Nos dio la posibilidad de encontrar una versión renovada y que creo que nos quedó a todos grabados en el corazón el buen trato y la calidad de ser humano que tiene tanto Enzo como Ginett”.

Royal Gauchos propone una experiencia inmersiva en el marco de un expetáculo de primer nivel

Los ensayos guardan historias y recuerdos. Muriega revive el Gorriti Art Center como un escenario de reencuentros personales, como el espacio donde conoció a Sancho, y sus recuerdos vuelan: “Acá en el pasillo fue cuando nos chapamos por primera vez, acá fue la vez que nos descubrieron, acá fue cuando pasó tal cosa (ríe)”. Volver a ese lugar, añade una capa de emoción al presente.

Sancho, en tanto, narró una experiencia inesperada: “Por primera vez tuve la fortuna de agarrar un látigo campestre, que es algo que lo uso en el show, y obviamente encontrarme con esa posibilidad enorme de trabajar con instrumentos, ya sea el látigo, el bombo, distintas cosas que se fueron dando”. A los 50 años, el desafío es doble: aprender lo nuevo y renovar lo ya conocido. “Eso es lo lindo de este show, es que a los 50 años uno se sigue renovando, sigue aprendiendo y sigue evolucionando”.

El camino hacia el estreno estuvo lleno de obstáculos, pero también de descubrimientos. Para Muriega, el reto fue cantar en vivo más de lo que baila: “Y eso me fascina porque es una faceta que quizás no todo el mundo conoce de mí”. Y el baile, el tango, la intensidad compartida con los bailarines, hacen de cada función un acto de entrega absoluta. El espectáculo deja un mensaje: “Es sobre el desarraigo, que creo que más de uno lo ha vivido o quizás lo ha pensado en algún momento”.

Baile, canto y emoción a flor de piel en un espectáculo con acento argentino

Él encuentra en Royal Gauchos un espacio para “jugar una vez más a algo distinto, en un lugar que ya lo habíamos transitado con Sex hace algunos años atrás”. El show, dice, “habla de los valores de los argentinos, de los sentimientos, de todo lo que nosotros como argentinos necesitamos para ser felices y habla de esta pasión que tenemos los argentinos”. La emoción es palpable: “Es un show emocionante, un show que te da la posibilidad de encontrarte con tus raíces y de permitirte encontrar ese sentido de pertenencia que tenemos los argentinos”.

La interacción con el público es parte esencial del espectáculo. Muriega describe la experiencia: “Rompemos la cuarta pared, tenemos contacto directo con el público. Desde lo visual, cuando nos dirigimos, cuando estamos hablando. Desde el humor también, porque el humorista está interactuando constantemente con ellos”. El espacio permite que el espectáculo se desborde, que la voz y el cuerpo crucen el límite del escenario. “Yo, por ejemplo, bajo cantando desde un trapecio, desde arriba y lo pueden apreciar todos y eso está buenísimo. Tiene como esa cosa circense que aporta también Ginett Servian, quinta generación de circo”.

Sancho reconoce el impacto de esa conexión: “fue muy lindo, porque tener esa interacción, pero también con el baile y con la posibilidad de un espectáculo tan performático es hermoso”. Y se permite una confesión: “Celeste baila desde su niñez y yo me encontré nuevamente arriba de un escenario haciendo cosas que jamás hubiese imaginado hacer. La verdad, es un lugar de mucha felicidad y nos dio la posibilidad de ser felices en un momento que no imaginábamos encontrarnos con un espectáculo de esta magnitud”.

Royal Gauchos a pleno, a la espera del debut en el Gorriti Art Center

¿Qué encontrará el público en este desafío? Muriega lo resume: “la decisión de traer este espectáculo a la Argentina, que es algo tan nacional, tan nuestro, donde la gente sale queriendo más a su país, porque está dirigido pura y exclusivamente para los argentinos”. El orgullo nacional vibra en cada función, y también la sorpresa ante la universalidad de la emoción. “Poder lograrlo con un espectáculo tan nacional y tan nuestro me parece un desafío enorme”, dice.

El cierre, en palabras de Sancho, es una invitación: “El público se va a encontrar con un espectáculo performático, emotivo, lleno de momentos maravillosos, de los cuales van a encontrarse con esa interacción, con esa cercanía, con esa intimidad, con la posibilidad de disfrutar el tango, el folclore, el malambo, la chacarera, todos los ritmos que los argentinos aprendimos con el tiempo desde un lugar renovado, moderno. Es disruptivo el show. Tiene la posibilidad uno de encontrarse con algo que realmente sale emocionado y termina aplaudiéndolo de pie”.

Royal Gauchos no es solo un espectáculo. Es una declaración de amor a la cultura, un viaje íntimo y colectivo por el corazón argentino. ¿Quién puede resistirse a la tentación de cruzar esa cuarta pared?