
El regreso de Roly Serrano a los escenarios de Villa Carlos Paz marca uno de los momentos más emotivos de la presente temporada teatral. Luego del grave accidente automovilístico que casi le cuesta la vida —experiencia que lo mantuvo en terapia intensiva durante tres meses— el actor vuelve al Teatro Candilejas 1 para sumarse al elenco de “Suspendan la boda, la magia continúa”, junto a Nazarena Vélez, Barbie Vélez, Santiago Caamaño y Nacho Castañares. En diálogo con Teleshow, comparte la intimidad de su recuperación, las emociones que lo atraviesan en esta vuelta al trabajo y sus renovadas miradas sobre la vida, el arte y el amor con —por primera vez revela su nombre— la cordobesa Candelaria Saldaño Vicente.
—Roly, volvés a Córdoba después del accidente. ¿En algún momento dudaste sobre este regreso?
—No, no tuve ningún temor, no sentí miedo, al contrario. Para mí fue un agradecimiento poder volver a Córdoba y, sobre todo, regresar a trabajar. Recuerdo una anécdota con mi padre, cuando de chico me caí feo de un caballo: me levantó y me hizo montarlo otra vez. Me dijo, “si no lo hacías, no te subías nunca más”. Ahí aprendí que el miedo es lo peor porque te paraliza. Lo importante es revisar cómo sucedió el accidente, aprender y tratar de que no vuelva a pasar. Ese es el verdadero aprendizaje.
—¿Volviste manejando a Córdoba?
—Sí, claro, manejé de nuevo, siempre acompañado, pero soy yo quien lleva el auto.
—¿Cómo fue pasar por el lugar del accidente? ¿Te generó algún sentimiento particular?
—No, nada en particular. No supe identificar el sitio exacto: fue de noche y desde ese día no volví a pasar por ahí. Me resulta un tramo difuso, no sentí ninguna impresión reconocible. Según los médicos, lo que me pasó primero fue una pérdida de conocimiento. Creí que me había dormido, pero perdí el sentido. Después vinieron la internación y los meses en terapia intensiva. Por suerte, hoy lo recuerdo solo como una etapa superada.

—¿Qué expectativas tenés con “Suspendan la boda, la magia continúa”?
—Como todos, espero que el espectáculo guste y que la gente decida venir a verlo. Hoy hay muchas opciones; nadie va a cuatro o cinco funciones, con suerte a una o dos. Ser elegido entre esos espectáculos me parece maravilloso. Las primeras cinco funciones fueron a sala llena, y eso es un privilegio enorme. Apostar al Teatro Candilejas 1, que es una sala grande, fue una decisión muy inteligente de Nazarena Vélez. El año pasado la obra anduvo tan bien que hicieron dos funciones diarias y ahora optaron por mejorar aún más: cambiaron la escenografía, sumaron actores y ampliaron la obra. Quienes ya vieron la versión anterior notan la diferencia y lo agradecen.
—¿Cómo surgió el hechicero que ahora interpretás?
—El personaje existía antes solo de forma virtual, con poca presencia. Ahora lo desarrollaron, y me divierte mucho darle vida. En una obra donde el público se divierte tanto y todo está tan bien hecho y dirigido, es un placer jugar en el escenario, compartir con buenos compañeros y disfrutar el proceso artístico.
—¿Te llamó directamente Nazarena Vélez para sumarte?
—Lo hizo personalmente: primero dejó un mensaje y luego hablamos. Tuvimos una charla muy linda. Ya habíamos trabajado juntos en una tira de Pol-Ka donde interpretaba a mi esposa. Yo valoraba su perfil como empresaria y me entusiasmó su apuesta constante al trabajo. Me gusta el espíritu de familia de esta producción: todos cuidan el trabajo colectivo. El ambiente es muy agradable.
—Nazarena destacó tu presencia en el elenco y lo que representás para el grupo. ¿Cómo es la convivencia con el equipo en este tiempo de recuperación?
—Todavía me queda mucho por recuperar físicamente, y todos están muy atentos a cómo estoy y qué necesito. Desde Nazarena hasta el resto del equipo, siempre me acompañan y ayudan. Ese apoyo es realmente reconfortante; todos hemos aprendido mucho en este proceso.
—En el saludo final se vio que te ayudás con un andador…
—Me desplazo con el andador, que ya forma parte de mí y no lo siento como una carga. El público saluda con afecto y sabiendo de mis dificultades, lo que a veces me emociona profundamente.
—¿Cómo progresa tu recuperación física? ¿Seguís con tratamientos?
—Sí, continúo con controles y kinesiología. Al principio iba a Buenos Aires, al Instituto Furman, pero ahora puedo hacer los ejercicios en casa e incluso hago aqua gym en la pileta. Es un proceso lento, pero avanzo un poco cada día.

—Vos sabés mejor que nadie que los malos hábitos, a veces, son un refugio mentiroso.
—Tenemos la mala costumbre de mentirnos maravillosamente (ríe).
—Claro… ¿Y cómo es tu relación actual con el cigarrillo y la comida?
—Me llevo muy bien. El cigarrillo desapareció de mi vida, aunque no es fácil. Tuve la suerte de dejarlo en la clínica, internado, sin posibilidad de fumar, y eso ayudó mucho. Cuando me di cuenta de que ya no fumaba, continué el proceso y dejarlo definitivamente fue un triunfo. Con la comida pasó algo parecido: cambié la alimentación, cuido mis hábitos y, aunque recuperé algunos kilos tras salir de la clínica, ya los volví a perder gracias a esos cambios de vida.
—Antes del accidente habías recuperado el amor. ¿Qué papel cumplió Candelaria en tu recuperación?
—Es una historia hermosa. Siento que Dios me premió con la vida y con el amor después del accidente. Puso a este ser maravilloso, mágico, en mi camino. Candelaria me acompaña, me ayuda en todo y se encarga de muchas cosas, lo que me emociona.
—¿La conociste en Córdoba? ¿Está vinculada al teatro?
—La conocí en Córdoba, cuando vine a hacer Rolando. Es licenciada en teatro, estudió en la universidad de Córdoba, en el seminario Jolie Libois y está muy comprometida con el ambiente artístico. Incluso fue asistente de dirección en una exitosa puesta de ópera en el medio local (Nota: La Boheme). Pero trato de cuidar mi vida íntima y preservarla de la exposición.
—¿Te imaginaste alguna vez, después de tanto dolor, tener una oportunidad así en lo sentimental?
—Ni en pedo. Para nada, nunca lo imaginé. Es un regalo de la vida, uno más.
—¿Y viven juntos?
—Si. está conmigo. De hecho, Nazarena la conoció y le pidió ayuda en algunas cuestiones de producción. Ella colabora en lo que puede. Compartimos mucho en lo personal y en lo profesional.

—¿Que pediste para vos en el brindis de Año Nuevo?
—No pedí nada para mí. Pensé en la gente que quiero y que me quiere. Solo deseo transmitir mi experiencia para que sirva a otros. Quisiera que nadie tenga que pasar por algo tan extremo para darse cuenta de lo hermosa que es la vida.
—¿Cuál es la enseñanza que hay que aprender de lo que te sucedió?
—No sé si existe una enseñanza universal, pero sí siento que la vida es hermosa y merece vivirse con plenitud.
—Durante años te pesó mucho la tristeza. ¿Cómo lograste superar ese estado?
—Durante mucho tiempo le di lugar a la tristeza y a la depresión, y se notaba. Gracias al doctor Cormillot, que fue un verdadero maestro, logré salir adelante y encontrar una vida diferente. Me cambió completamente.