El arranque del año en Ciudad de Buenos Aires y otros puntos del país dejó una postal ya clásica: los controles de alcoholemia en las calles y rutas con su secuencia habitual de soplidos, agentes de tránsito y excusas inesperadas. En el operativo especial por las celebraciones de Año Nuevo, la escena se repitió en decenas de esquinas porteñas y rutas del país, con el dato sobresaliente de respuestas insólitas y argumentos inverosímiles de quienes intentaban sortear el test o explicar el resultado positivo.

Más de 5.000 controles de alcoholemia se realizaron entre la noche del 31 de diciembre y la madrugada del 1 de enero en la Ciudad de Buenos Aires, con una tasa de positividad del 0,77%, inferior al promedio anual de 0,97%. De ese universo surgieron apenas 38 conductores con resultado positivo, pero algunos casos llamaron la atención por las respuestas que intentaron justificar la situación.

Un conductor, al ser invitado a soplar, avisó: “Me operaron en abril el pulmón y me falta uno, finalmente. Así que estoy como… Tengo tengo una capacidad reducida”. La oficial de tránsito le sugirió descender del vehículo para facilitar el procedimiento, pero el resultado fue contundente: 0,62 gramos de alcohol por litro de sangre.

Las excusas no terminaron ahí. Otro conductor, cuando se le preguntó si había consumido alcohol, contestó: “Sí, un pelisito. Tomamos vino y, y cervecita. Pasa que vengo agitada de que se rompió el brazo y…”. El test arrojó 0,97 g/l, superando el máximo permitido. La agente le explicó que su vehículo sería remitido a una playa de acarreo y la licencia retenida.

Los conductores argumentaron problemas de salud y situaciones personales para justificar el consumo de alcohol

En la escena, la pregunta sobre la presencia de menores en el auto fue respondida con negativa, aunque la oficial advirtió: “Si usted va a tomar alcohol, no tiene que manejar, no solamente pone en riesgo su vida, sino que pone en riesgo la vida de la bebé”.

En otro control, la interacción sumó un giro inesperado. Un hombre, antes de soplar, lanzó: “Tengo los veinte pejerreyes ahí y ya sé que… Ya está, o sea, dale. Sáquenme el auto que… Ya está”. El agente le indicó el resultado: 1,75 g/l. Acto seguido, se le labró un acta contravencional y el vehículo fue remitido.

En uno de los controles más llamativos en el barrio de Palermo, un conductor de aproximadamente 50 años dio positivo con 2,20 g/l de alcohol en sangre. El hombre, que debió soplar tres veces por constantes errores, terminó la prueba ante la mirada de cronistas y cámaras de televisión.

Luego del resultado, subió la ventanilla, entregó la documentación y se ubicó en la fila de infractores, con su auto a la espera de una grúa. En plena 9 de Julio, un conductor de una motocicleta dio positivo (1,95) a las 15 horas.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires destacó que, a pesar de la baja tasa de positividad, hubo un caso extremo: un conductor saturó el alcoholímetro con un registro de 2,62 g/l, nivel considerado médicamente como de toxicidad severa. La normativa local establece que para autos particulares el máximo permitido es 0,5 g/l, con tolerancia cero para conductores principiantes y profesionales. Las sanciones para quienes superan el 1 g/l incluyen multas desde $239.553 hasta $1.597.020 o arresto de 1 a 10 días, además de la inhabilitación de la licencia por períodos de 4 meses a 2 años.

Durante los operativos, los agentes de tránsito no solo buscaron detectar alcohol, sino que también controlaron documentación, uso de cinturón y casco, y la correcta identificación del vehículo. La Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) reportó que, a nivel nacional, se fiscalizaron 5.557 vehículos y se detectaron 96 casos de alcoholemia positiva, con el registro más alto de 2,23 g/l en Zárate, provincia de Buenos Aires. Los controles se desplegaron en 39 puntos del país, con especial atención en zonas de gran circulación por el inicio del verano.

En el interior, los valores elevados también marcaron presencia: 1,67 g/l en Olivera, 1,61 g/l en Gualeguaychú, 1,52 g/l en Villa La Angostura y 1,29 g/l en Las Grutas. En total, durante el operativo especial de Año Nuevo, se labraron 129 actas de infracción y se realizaron 83 retenciones de licencia.

Los datos muestran que 12 conductores superaron el 1 g/l y quedaron inhabilitados para manejar entre 4 meses y 2 años, mientras que otros 26, con valores entre 0,5 y 0,99 g/l, recibieron suspensiones de 2 a 4 meses.

La Dirección de Tránsito de la Ciudad de Buenos Aires remarcó que los controles buscan reducir los siniestros fatales, dado que una de cada cinco muertes en el tránsito está vinculada al consumo de alcohol. El descenso de la tasa anual, de 1,76% en 2020 a 0,97% en 2025, fue confirmado por el Ejecutivo porteño como una tendencia sostenida a la baja.

Las excusas insólitas no son exclusivas de la capital. Durante operativos de la ANSV en otras provincias, las respuestas a los agentes incluyeron el reconocimiento explícito del consumo: “Sí, tomé un trago antes de salir de allá de mi casa cuando brindé”, expresó un conductor, quien intentaba justificar su positividad rumbo a Gualeguaychú. Otro caso, en el que el resultado fue de 1,52 g/l, terminó con la advertencia sobre el máximo permitido y el retiro de circulación del infractor.

“La tolerancia cero es la regla, no la excepción”, recalcaron los agentes en cada operativo. Según el Gobierno porteño, el principal objetivo es proteger la vida de conductores y transeúntes, en un contexto donde el alcohol al volante sigue siendo una de las causas principales de siniestralidad vial. Los controles en la Ciudad de Buenos Aires continuarán durante toda la jornada de este jueves con 30 operativos desplegados.