Park Chan-wook es uno de los directores más famosos de Asia, un autor muy apreciado tanto por sus complejas y, a menudo, críticas visiones de su país natal, Corea del Sur, como por escenas de horror estremecedoras. Pero cuando Park empezó a trabajar en No Other Choice (No hay otra opción), realmente quería dirigirla como una película estadounidense, tanto así que pasó 12 frustrantes años intentando conseguir financiación de estudios de Hollywood. El material original, la novela de suspense y horror The Ax de Donald E. Westlake, publicada en 1997, estaba ambientada en Estados Unidos, “así que simplemente me pareció muy natural”, dijo. “No le di demasiadas vueltas”.
Más allá del escenario suburbano de la Costa Este, la trama y el personaje principal también le parecían especialmente estadounidenses al director coreano: un gerente de una empresa papelera ve su vida trastocada por recortes corporativos y, para asegurarse un nuevo empleo, comienza a asesinar a sus rivales de formas cada vez más brutales. “Esta es una historia sobre el sistema capitalista”, dijo Park. “Pensé que se contaría mejor en Estados Unidos, ya que Estados Unidos es el corazón del capitalismo”.
Sin embargo, los estudios estadounidenses, poco dispuestos a arriesgar, tenían otras ideas y Park finalmente hizo la película en Corea del Sur. Pero la decisión tuvo ventajas, como la oportunidad de reunirse con Lee Byung Hun (Squid Game, KPop Demon Hunters), la superestrella coreana que trabajó por primera vez con Park en la película Joint Security Area de 2000, y que interpreta a Mansu, el exgerente atribulado, en esta ocasión.
En ese entonces, ninguno de los dos atravesaba un buen momento. “El director Park había fracasado en sus dos primeras películas, y yo había fracasado en mis primeras cuatro, así que realmente no había muchas esperanzas”, recordó Lee. Pero Joint Security Area resultó ser un éxito para ambos, ganó múltiples premios y se convirtió en la película más taquillera de la historia de Corea en ese momento.
Como aquella película, No Other Choice fue un éxito de taquilla en Corea del Sur, ganó premios en festivales y recibió críticas entusiastas. En Estados Unidos, obtuvo tres nominaciones a los Globos de Oro y está preseleccionada como mejor película internacional en los Oscar.
Para la temporada de premios, Park recibió consejos de su amigo cercano Bong Joon Ho, cuya comedia negra Parasite ganó el Oscar a mejor película en 2020. “Como él ya pasó por una campaña al Oscar con ‘Parasite’, me asustó mucho con eso”, dijo Park. “Me decía cosas como que debía cuidar mi salud”.
No es solo el jet lag de todos esos viajes entre Corea y Estados Unidos, explicó Park. “Creo que aquí la gente está muy acostumbrada a estar con un cóctel en la mano y hablar con extraños todos los días, pero eso es algo muy ajeno para nosotros en Corea. Además, Bong y yo somos muy introvertidos, lo que lo hace aún más difícil”.
Park ha realizado una serie de películas aclamadas por la crítica desde que empezó a pensar en lo que sería No Other Choice. Entre ellas están The Handmaiden (2016), que fue la primera película coreana en ganar un premio BAFTA, y Decision to Leave, por la que Park ganó el premio a mejor director en Cannes en 2022.
En persona, el director, de 62 años, es de habla suave y carácter cálido, vestido con un suéter burdeos sobre una camisa blanca, algo que no se esperaría del creador de algunos de los filmes más intensos y visualmente impactantes de su generación. Hablando a través de un intérprete, describió en un restaurante de Los Ángeles la larga lucha para adaptar “No Other Choice” desde que se enamoró de la novela en 2005.
“Ahora hay muchas cosas de las que me arrepiento”, dijo.
El problema, acorde con una película centrada en el dinero, comenzó con la financiación. “No es que no me ofrecieran nada”, dijo sobre los ejecutivos de Hollywood con los que habló. Pero no era ni cerca de lo que él sentía que necesitaba para hacer la película.
Aun así, la posibilidad de filmar en los gigantescos molinos papeleros estadounidenses que había visto en numerosas inspecciones de locaciones lo tentaba, y la perspectiva de trasladar a su héroe estadounidense y un guion ya escrito en inglés a Busan lo inquietaba. Pensaba que tendría que cambiar mucho.

“Hace años, una de nuestras productoras, Michèle Ray-Gavras, me sugirió que, ya que no podíamos hacer una película estadounidense, por qué no la hacíamos coreana”, dijo. “Pero yo seguí esperando e ignoré su sugerencia. Pero ahora que la hicimos coreana, pienso: ¿por qué no lo hice antes?”
En realidad, algunos elementos de la película que parecen particularmente coreanos no lo son. ¿Una lujosa cena de anguila como presagio previo al despido? “Eso lo inventé yo”, admitió Park. Los seminarios motivacionales posdespido, donde los recién despedidos se consuelan con palabras de afirmación, también eran una idea que su coguionista Don McKellar descubrió que existía en programas de capacitación laboral en Estados Unidos.
Por supuesto, sí hay elementos coreanos, como el dolor casi insoportable de la familia por perder su cuenta de Netflix. “En Estados Unidos tienen otras plataformas como Paramount, Disney o Max, pero en Corea la gente sobre todo ve Netflix”, dijo el director. La angustiante pérdida de prestigio cuando el esposo es despedido también tiene un tinte especialmente coreano. “El público coreano puede empatizar más con eso porque la sociedad coreana todavía mantiene rastros de valores confucianos, donde ser un buen esposo y padre está muy relacionado con tu trabajo y la posibilidad de ganar dinero”.
La película es una de las más cómicas de Park, con gran parte del humor basado en la miseria y la desgracia. En una escena, Mansu entierra a un rival hasta el cuello y le mete salchichas y vodka a la fuerza, como parte de un plan para que parezca que el hombre murió por consumo excesivo de alcohol. El espectador siente lástima por Mansu, explicó Park, por verse “obligado” a esa situación, aunque al mismo tiempo se horroriza por la violencia.

“Lo ves metiendo esas salchichas repugnantes, pero él mismo también se asquea por lo que está haciendo, casi vomita”, dijo Park. “Así que esa parte es graciosa, pero se mezcla con todas estas emociones que usualmente no se sienten juntas”.
Muchas películas de Park están llenas de momentos cómicamente oscuros, como “Oldboy”, con su famosa escena de pelea en un solo plano donde el protagonista enfrenta a una multitud armado solo con un martillo y una navaja clavada en la espalda, o “Decision to Leave”, donde un detective casado desarrolla una incómoda atracción por una mujer sospechada de haber arrojado a su esposo por un acantilado.
“El humor que me gusta surge de situaciones absurdas”, afirmó. “Pero creo que lo que me resulta gracioso no es tan distinto de lo que le parece gracioso a los demás”.
Lee no estaba de acuerdo. “Creo que cuando él intenta hacer humor, a veces se salta un par de pasos, así que puede que la gente no lo entienda”, dijo. “Le digo que el humor no puede ser tan profundo, tiene que ser algo más directo e intuitivo”.
El escritor Viet Thanh Nguyen trabajó con Park en la adaptación para HBO de su novela sobre un espía comunista en la California posterior a la Guerra de Vietnam, El simpatizante. “Park no hizo ningún chiste en mi presencia”, recordó el autor.
Nguyen evocó una noche en la que Park estaba en su casa de Los Ángeles junto a otros dos productores. “Dijo: ‘¿Y si todos los personajes blancos los interpretara un solo actor blanco?’ Eso es algo gracioso. Pero no sonrió al decirlo. Solo lo consideraba una elección artística e intelectual”. (Robert Downey Jr. terminó interpretando a los distintos personajes blancos.)
Con “No Other Choice”, uno de los mayores desafíos de Park fue lograr que las motivaciones de Mansu resultaran creíbles. “Tuve muchas conversaciones con Byung Hun en las que me preguntaba: ‘¿Solo porque alguien pierde su trabajo, se convierte en un asesino serial?’”, contó. “Incluso argumentó que él mismo no se convertiría en un asesino serial en esa situación”.
“Así que le dije, el personaje que quiero que interpretes en esta película no eres tú”, continuó Park. “Es alguien que sí se convertiría en asesino serial por perder su empleo”.
Park y Lee han tenido varias conversaciones filosóficas de este tipo a lo largo de los años. Tras el estreno de Oldboy y la trilogía de la venganza de la que forma parte, Lee le preguntó al director: “¿De dónde salen todas esas emociones violentas y rabiosas? Y el director Park respondió que quizá, precisamente porque lleva una vida tranquila y normal, puede expresar esas emociones extremas a través de su imaginación”.
Y no es que el público tenga que empatizar con la variopinta galería de tramposos, asesinos y sinvergüenzas de Park, ni mucho menos, señaló el director: “No creo que el propósito del cine o el arte sea que el público o el lector piensen: yo haría lo mismo. Puedo entender por qué lo hacen”.
Añadió: “En realidad, se trata de proponer de manera convincente que en el mundo hay personas que actúan de manera diferente a uno mismo. Creo que eso permite que el público y el lector amplíen su imaginación y su comprensión de la humanidad”.
Fuente: The New York Times