
Pasado el mediodía del sábado, llueve levemente en Buenos Aires como para confirmar que la ciudad tiene la banda de sonido de un tango de Piazzolla, melancólico e inmaterial. Paolo Sorrentino, uno de los directores más relevantes del cine mundial en el siglo XXI, fuma tranquilamente un cigarro en la puerta del Teatro Coliseo. Conversa con quien lo reconoce y se le acerca: cuenta que en los huecos de sus actividades desde que llegó el viernes por la mañana, ha comido buena carne argentina, visitó un club de tango y espera conocer la bella San Martín de los Andes (donde liderará, desde el lunes, un seminario para 50 jóvenes directores de todo el mundo).
Pero hay algo más importante entre sus objetivos de este viaje al sur del mundo. Napolitano y fan irredento de Diego Maradona -por si no bastaban sus películas, él se le hizo saber al mundo cuando en el momento cumbre de su carrera de cineasta, al agradecer el Oscar que había ganado por La Gran Belleza en 2014, le dedicó el premio-, dijo sin pestañear que “mi única expectativa en Buenos Aires era comprar souvenirs de Maradona. No tenía otras ambiciones que encontrar una tienda… Ayer me llevaron a La Boca, y había 400 locales de souvenirs. Así que mis expectativas han sido ampliamente satisfechas».
Por eso cuenta orgulloso que visitó el barrio de la Boca y estuvo en Bombonera e incluso, por intermedio de Dalma Maradona, pudo ingresar al palco del 10 en el mítico estadio de Boca. Solo lamenta perderse el Boca-Argentinos Jrs. de este domingo (“sus dos equipos”, suspira), pero enseguida le dice a Infobae Cultura con una sonrisa cómplice: “Tengo el domingo perfecto frente al televisor, primero veo Nápoli-Roma y después Boca-Argentinos Jrs.”

El amor de Sorrentino por Maradona es más que la devoción por un jugador sobrenatural de fútbol, e incluso por eso se permite teorizar el impacto de semejante personaje en su ciudad natal, Nápoles: “Maradona era un espectáculo y Nápoles es una ciudad que siempre ha amado el espectáculo. Es la ciudad teatral italiana más importante. Nápoles siempre ha sido una ciudad que hace de salir a escena su prerrogativa principal. Llegas y tomas un taxi: el taxista no solo te lleva a destino, sino que sale a escena, pone en acto una representación. Por eso nos gustaba tanto Maradona, porque él entendía el fútbol era un espectáculo, una representación, un ballet, un triunfo de conocimiento y de virtuosismos. También esto es el teatro”.
El sábado al mediodía lluvioso en Buenos Aires, Sorrentino atendió a la prensa local en una conferencia donde habló de Maradona (obviamente), pero también de sus inspiraciones, su estilo de trabajo y reivindicó a “Fellini, Scorsese y los directores norteamericanos de los años 90, de Tarantino a Abel Ferrara” como sus grandes inspiraciones. Luego se reunió con el jefe de gobierno de Buenos Aires, Jorge Macri, la ministra de Cultura Gabriela Ricardes, el embajador de Italia en Argentina, Fabrizio Nicoletti y Livia Raponi, directora del Instituto Italiano de Cultura que tiene su sede en la calle Marcelo T. de Alvear. Y por la tarde, en el Teatro San Martín, compartió un divertido y didáctico diálogo con el director de Bafici, Javier Porta Fouz, frente a una platea atenta y cómplice. El largo aplauso y ovación que coronó la conversación, así lo atestiguó.
“Estoy felicísimo de estar aquí en Buenos Aires porque es una ciudad en la que me siento natural inmediatamente… Porque es lo más parecido a Nápoles que pueda imaginar. Y claro, obviamente con los habitantes de Buenos Aires comparto la pasión que todos conocemos por Maradona. Este es un lugar que representa para mí una mezcla entre Nápoles y París, dos ciudades que amo mucho”, comenzó diciendo el autor de notorias películas que examinan el alma humana, casi siempre a través de una serie de diálogos existenciales que suceden en medio de una embriagante combinación de música e imágenes, a veces oníricas, muchas veces poéticas. Y siempre impregnadas de un tono nostálgico que sustraen al espectador y lo llevan a vivir sus propias cuestiones en un juego de espejos. Ahí están La Gran Belleza, La Juventud y Parthenope. Los amores de Nápoles para comprobarlo.

Pero, claro, el tema es Maradona: el hombre escribió y dirigió Fue la mano de Dios, su carta de amor a Maradona y el exacto momento en que la vida de un adolescente napolitano sintió que la tierra se movía -y no era por el Vesubio- cuando el morocho argentino de rulos apareció en el campo del estadio -entonces llamado “San Paolo”, hoy “Diego Armando Maradona”- en el verano de 1985. Y ya nada fue igual. Consultado por Infobae Cultura sobre lo que siente en caminar por las calles de la ciudad que pisó Maradona, responde: “Estoy muy emocionado y conmovido. Ayer me llevaron a la Boca y conocí a su hija Dalma y me llevó arriba al palco donde él veía los partidos de Boca. Para mí fue muy conmovedor y emocionante, porque bueno, hice una película sobre eso, lo expliqué en una película. Para mí Maradona no solo representa lo que representó para todos, es decir, la posibilidad de ver por primera vez cómo era realmente un gran espectáculo. Mi pasión por el cine nace, ante todo, de la pasión por Maradona, porque viéndolo en el estadio por primera vez a los 14 años, entendí lo que significaba el espectáculo».
Sigue: “Antes incluso que el fútbol, todo lo que tenía que ver con Maradona era el marco de un enorme, irrepetible espectáculo. Como un estreno en Broadway todos los domingos. Más allá de esto, por mi historia personal, estoy firmemente convencido de que Maradona me salvó la vida, porque yo debía estar en un lugar de muerte y en cambio estuve en un lugar de vida que era un partido de fútbol. Por esta razón, para mí todo lo que tiene que ver con Maradona es conmovedor: es el motivo por el que a los 55 años estoy aquí y no estuve muerto a los 17 años. Es algo que va más allá de la pasión por el fútbol y por un gran jugador. Es algo mucho más importante para mí“.
Claro que no todo fue monotemático. Ante una pregunta por las dificultades que atraviesa la industria del cine argentino frente a la política de recortes presupuestarios del INCAA, respondió con naturalidad que “esta dificultad económica la encontramos también en Italia. Allí también el Estado se está retirando de financiar el cine y entonces pienso que quizás haya analogías con lo que está sucediendo aquí. Pienso que es una visión miope, no solo respecto a la cultura, sino respecto a la economía. Al fin y al cabo el cine tiene el poder de vehiculizar el valor más importante para un país, que es su reputación. Italia no es un país que tenga grandes recursos, no tiene grandes materias primas, es un país que vive de su reputación. Entonces poner en dificultad al cine significa poner en dificultad a uno de los principales motores económicos».

“Imagino que lo mismo podría valer para Argentina”, reflexionó. “Entonces considero que recortar es una idea completamente miope que lamentablemente algunos gobiernos cíclicamente adoptan. No conozco bien la cuestión argentina, conozco más la italiana. Y de todos modos, sea cual sea la motivación por la que un gobierno, una clase política, decide recortar fondos al cine, está simplemente cometiendo un error ante todo de naturaleza económica y luego de naturaleza cultural. Y dado que los políticos son más sensibles a la economía que a la cultura, quizás deberían reflexionar sobre este error que cometen”.
También fue consultado por la era de la corrección política y los límites que eso supone para la creación artística. “Lo he dicho recientemente, no es fácil hacer… Es decir, la mejor condición para hacer este trabajo es ser completamente libre. Dado que se hace un relato de ficción y entonces todo lo que se dice es falso, no está refiriéndose a algo real, a menos que hagas una película sobre personas reales. Entonces es diferente el razonamiento. Pero dado que en la mayoría de los casos se hacen películas sobre personajes inventados, la mejor condición para poder crear algo bello es ser completamente libre: poder ser provocador, ser ofensivo también, sin prejuicios, incluso vulgar, irrespetuoso».
“Todas estas prerrogativas”, agregó el director de la provocativa serie The Young Pope, protagonizada por Jude Law, “hoy están un poco en riesgo por las razones que conocemos, sobre todo por las redes sociales. Por el hecho de que cada uno puede decir lo suyo y clamorosamente la opinión de cada uno -que antes quedaba cerrada en la cocina de una casa-, ahora en cambio llega a todos. Y entonces por esta razón hoy el peso de las opiniones ajenas está volviéndose muy apremiante y veo cada vez más a menudo un cine que tiene dificultad para frecuentar la libertad. Todo el cine en la década de los años 90, sobre todo el cine estadounidense, pero también el cine europeo, era extremadamente libre. Cada autor hacía exactamente lo que le parecía. Y se hicieron películas maravillosas. Tarantino, que es uno de los directores más aclamados del mundo, es un autor que pudo explotar en los años 90 porque era completamente libre de hacer lo que le parecía. El problema es que antes un director luchaba con la censura que intentaba imponerte el productor. El productor era el único censor: ‘Esta película así no hace dinero, quiero un final feliz, ciertas cosas son demasiado escabrosas’. Y luchabas contra una persona. Y ahora en cambio luchas contra una multitud que no conoces».

Sobre un supuesto auge del “cine de autor”, Paolo Sorrentino se mostró escéptico. “No sé si el cine de autor está en un buen momento. No lo sé porque confieso que al hacerme mayor voy menos al cine, veo menos películas. Por una razón precisa: veo menos películas buenas. Claro que hay excepciones, hay grandes autores, pero en promedio cuando veo una película últimamente me parece ver obras menos buenas respecto a las que se hacían en periodos en los que se era absolutamente libre. En general me parece que el cine se las arregla con películas menos buenas».
Aún así, se permitió mencionar a sus “maestros”. “Siempre los mismos: Fellini, Scorsese, y luego todo el cine estadounidense de los años 90. Son muchas películas, muchos directores: los hermanos Coen, Jim Jarmusch, Abel Ferrara, Tarantino. Hay todo un grupo de directores de esos años que coincidía también con el hecho de que yo me estaba formando cinematográficamente. Tenía 19-20 años y ellos condicionaron mucho mi estilo e imaginario”.
[Fotos: prensa Cultura CABA]