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10 años sin Mariano Mores: del “Cuartito azul” en el que escribió su primer tango a consagrarse como el mejor compositor del país

Mariano Mores, célebre compositor de tango argentino, dejó un legado musical inmortal hasta su fallecimiento a los 98 años en 2016 (NA)

Todo empezó en ese Cuartito azul, en el que Mariano Mores compuso su primer tema. “Lo hice dedicado a mi primera novia, Mirna, que hoy es la abuela de mis nietos”, recordaba quien años más tarde sería destacado como el mejor compositor de tango del siglo. Y agregaba: “El cuartito era mi habitación y sigue estando en la calle Terrada 2410, en Villa del Parque. A una cuadra de donde vivía mi querida novia con sus padres”. ¿Si alguna vez volvió a ese lugar? Por supuesto: hasta quiso comprar la propiedad pero, en ese momento, aprovechando las circunstancias le quisieron pedir un dinero que él no podía afrontar.

El creador de obras célebres de la música de Buenos Aires como Gricel, Uno, Cafetín de Buenos Aires y En esta tarde gris, entre tantos otros, partió en una gira eterna a los 98 años de edad, el 13 de abril de 2016. Hacía relativamente poco que había perdido al gran amor de su vida, ya que la mujer murió el 15 de marzo de 2014. Y todo indicaba que ya tenía ganas de reencontrarse con ella. Porque, además, para entonces había dejado un legado demasiado importante como para asegurarse de que lo siguieran recordando por siempre.

Oriundo del barrio de San Telmo, Mariano Alberto Martínez -tal era su nombre real- había nacido el 18 de febrero de 1918 como el mayor de siete hermanos. En su casa, la música era algo de todos los días. Y por eso, cuando se trasladó con su familia a Tres Arroyos, su abuelo lo persuadió para que comenzara a tomar clases de piano. Tenía apenas 7 años de edad y le costaba entenderse con el instrumento. Así que, según sus profesores, su futuro no era muy prometedor. Pero se equivocaron.

“Nosotros somos músicos, antes que nada. Con lo cual la música se transmite de una manera muy natural, con todo lo que esto implica. Yo trato de dar todo lo que heredé a mi familia, lo mejor posible”, confesó muchos años más tarde, cuando le consultaron cómo había hecho para trasmitirle su pasión a los suyos. Pero fue recién después de su regreso a Buenos Aires, en 1927, que logró aprender el manejo de las teclas gracias a una vecina a la que descubrió cuando, atraído por el sonido, se asomó detrás de su puerta. Y al año, Mariano ya se había recibido de maestro de piano.

Mores junto a Mirtha Legrand

Allá por 1929, después de un breve paso por el conservatorio, se mudó a España con sus padres. En ese momento, ya tenía muy claro cuál sería su futuro. Y logró una beca para estudiar música clásica en la Universidad de Salamanca, donde los profesores lo consideraban un niño prodigio. Pero su estadía en el Viejo Continente duró solo unos años, ya que con el advenimiento de la Guerra Civil la familia decidió regresar a la Argentina en 1936. Y entonces se enamoró del tango.

Después de haber perdido a su padre y con la necesidad imperiosa de ayudar en el hogar, a los 18 años Mariano comenzó a trabajar como pianista en un bar de Chacarita. Paralelamente, empezó a dar clases en la Primera Academia Argentina de Interpretación, donde el destino lo cruzó con las hermanas Mirna y Margot Mores. Ellas hacían un dúo musical. Y, cuando Mariano se sumó a la troupe, formaron el Trío Mores. El apellido, en realidad, era de ellas. Pero el compositor se lo apropió cuando entró a trabajar en la orquesta de Francisco Canaro.

Cupido lo flechó de inmediato y él no lo dudó. “Para estar cerca de Mirna alquilé un cuartito en Villa del Parque. Lo pintaba con cal coloreada con el azul para lavar la ropa, un blanqueador. Así nació el título del tango: Cuartito azul. Fue un éxito por la música y por la letra de Mario Battistella”, explicó Mariano. Y así fue cómo, por obra del amor, compuso el tema que en 1939 fue grabado por Ignacio Corsini, catapultándolo definitivamente a la fama.

En 1948 Mores decidió emprender su carrera solista. Y a la música se le sumó la actuación. “Me ofrecieron convertirme en el galán de una película y hacer cine en aquella época, en los años cuarenta, era muy importante”, dijo recordando su participación en El otro yo de Marcela en 1950. Desde entonces, el éxito siempre lo acompañó en sus distintas facetas.

Mariano con su gran amor, Mirna

Mariano fue uno de los artistas convocados por el presidente Juan Domingo Perón, con quien entabló una gran amistad, para participar de fiestas populares junto a Hugo del Carril y Alberto Castillo y, en 1952, estrenó su tango Taquito Militar en el Teatro Colón. “Me recibía con mucho amor y siempre me esperaba con un buen habano, porque sabía que me gustaban. Desde jovencito no fumé otra cosa que no fueran habanos, puros y cubanos. Y, al final de una comida, Perón siempre tenía uno para obsequiarme. A veces no lo fumaba delante de él porque quería guardarlo para siempre. Pero eso se hace imposible, en determinado momento uno se tienta…”, recordó en una oportunidad sobre su amistad con el presidente.

Años más tarde, dirigió la Orquesta Típica contratado por Radio Belgrano. Y, en 1959, protagonizó la serie televisiva M ama a M junto a Mirtha Legrand, para luego seguir grabando discos y potenciando su carrera internacional. Sin embargo, en 1984 sufrió la pérdida de su hijo mayor, Nito, quien se había convertido en el cantante de su propia orquesta y murió a los 39 años. “Eso es algo que no podés concebir. Es la amargura más tremenda de la vida. Pero él, en mi casa, sigue vivo. Y, cualquier cosa que nos pasa, lo primero que hacemos con mi mujer es nombrarlo a él y pedirle que nos ayude”, dijo en referencia a ese duro golpe.

Nunca pudo superar el dolor. No obstante, con el tiempo el maestro sumó a su orquesta a su nuera, Claudia, a su hija Silvia y a su nieto Gabriel, quién lo acompañó hasta el último show de su gira de despedida, que tuvo lugar el 10 de febrero de 2013, para luego tomar su legado. “A la música no la voy a poder dejar nunca, porque en mi vida la música es todo mi poder. Nací para ella y por ella he conquistado lugares inmerecidos. Y está pegada a mi obsesión, es cantar para mi pueblo con mi piano”, decía por aquellos años, sin poder resignarse a aceptar el retiro. Y remarcaba: “Jamás voy a dejar de tocar. No es mi despedida, ¿quién le dijo eso? Este es un hasta luego, porque si mañana me tocan el timbre para actuar, allá voy”.