Bautista Mascia, el campeón de Gran Hermano: “El mejor jugador es el que termina ganando”

“Acá estamos, muy contentos, muy muy muy. Y ahora, haciendo el ejercicio este de volver a realidad”, dice Bautista Mascia al teléfono con Teleshow. Ya del lado de afuera de la casa orwelliana, el nuevo campeón de Gran Hermano (Telefe) empezó a saborear las mieles de la fama y pide disculpas cuando tiene que interrumpir el diálogo ante un repentino pedido de foto que surge en cada lugar al que va. “Es una locura. Voy dos días afuera y voy recibiendo estos estímulos de a poco. Venimos de estar tranquilos en la casa y ahora ya estoy ATR, pasé por un par de programas, de a poquito voy viendo algo del celular… Quiero vivir este proceso, que es rápido, de a poco, ir cayendo de a poco con todo lo que pasó, que es muy loco”, dice.

“Es raro estar en el centro de atención. Obviamente arranqué la competencia con el sueño de ganarla. Yo vine a jugar con el fin de ganar, pero no soy una persona que necesita tener siempre el foco puesto encima. Por momentos, es un montón. Hoy estábamos en el canal con todos los chicos de la casa haciendo una entrevista y yo decía: ‘Pero hablales a ellos también, que los quiero escuchar’. Ganar la competencia tiene un diferencial y tiene esto de que te pongan un poco más en el centro de la luz. Y si es así, está todo bien. Es parte de esto”, agrega sobre la atención que está recibiendo.

—Esto que decís de tu personalidad se vio reflejado en lo que fue tu juego en la casa. Tomaste la temperatura de lo que iba pasando y actuaste en consecuencia con menor o mayor protagonismo

—Está bueno ese paralelismo porque lo viví así. Durante mucho tiempo en la casa creí que no era necesario jugar mucho a nivel estratégico y hacerte el mago, porque creo que al principio hay como una selección natural a partir de lo que la gente vota. Hay un proceso así que es largo. Tampoco podés especular mucho con los votos porque hay mucha gente, en cuanto a movimientos de placa mucho no se puede hacer… Nada de esto fue premeditado, no entré a la casa con un plan determinado. Me di cuenta de eso a medida que fueron pasando las semanas hasta que en un momento arranco a jugar con los chicos, Chino, Licha, Nico y estaba Denu, también, cuando entró y salió. Ese fue un juego en equipo que, a medida en que se iban yendo otros participantes, fuimos planteando estrategias. Y mientras se desarrollaba este juego en equipo, que nos llevó a mí y a Nico a la final, yo en lo personal nunca forcé en mí algo que no fuera natural.

—La jugada en grupo con Los Bros fue inteligente porque el reglamento de GH no te permite hacer un complot, pero supieron cómo agruparse. ¿Cómo se dio?

—Todo nace de una afinidad genuina. Y eso es muy importante, porque tener en la casa a personas en quién confiar está buenísimo. Yo confiaba ciegamente en los chicos, en ningún momento se me cruzó por la cabeza: “¿Alguno me estará cagando? ¿Este estará cagando al otro?”. Aunque por fuera había individualidad, nosotros éramos una misma persona y nos fuimos orientando en la visión del juego. Armamos un lindo equipo, muy sano. Yo los amo. Seguramente siga nuestra relación afuera de la casa, pero el tiempo dirá.

Bautista GH
«Yo confiaba ciegamente en los chicos», dice Bautista sobre su relación con Los Bros (Gentileza Telefe) (ADRIAN DIAZ BERNINI/)

—Desde adentro de la casa, ¿cómo sentís que tu juego convivió con el de Furia?

—Con ella tuve una relación relativamente buena. La realidad es que ha tenido roces con toda la casa, pero conmigo no tanto. Tenemos varias cosas en común que nos unían: me gustan las mismas bandas de música que a ella, compartimos pensamientos en varias cosas… Entonces, cuando aparecía su lado como más Furia, yo simplemente lo ignoré y me fui a otra cosa. Nunca le di mucha cabida, no le di mucho lugar a ella para que se enrosque. Nosotros sabíamos lo que ella generaba porque adentro de la casa escuchábamos los gritos de afuera, las personas que entraron por los repechajes también nos lo hicieron saber, aunque no de manera explícita…

—Justo que lo mencionás, esta casa estuvo muy condicionada por el afuera, con tantas visitas, repechajes, idas y vueltas. ¿Cómo se vivió eso desde adentro?

—Ufff, entraba y salía gente para todos lados. Cada persona que entraba era un estímulo para nosotros y estaba bueno, sobre todo cuando vinieron los familiares a convivir. Pero al mismo tiempo, sobre todo al final, era como que te daba la sensación de que no terminaba más el juego. Vos seguís ahí adentro y la gente entra, sale, vienen los “congelados”… “¿En qué momento termina?”, decía yo. Fue muy largo, no es una competencia para subestimar.

—De todos estos meses, ¿cuál fue el momento más duro, el que más te costó?

—Creo que todo tiene que ver con cómo estás personalmente. En ese sentido, lo que más me pegó fue cuando se fueron Licha y Agos, que éramos pocos en la casa y en ese momento estaba medio rara la convivencia. No estaba tan copado, se sentía más el vacío y no había buena onda. También, en un momento, después de un repechaje en el que volvieron Cata y Joel, por momentos me sentía incómodo por esta cuestión de que hubiera gente que entró en plan “yo sé todo lo que pasa afuera, sé cómo te ven a vos, cómo lo ven a aquel”. Ellos te hablaban o te hacían preguntas y eso te empieza a jugar en la cabeza, porque no sabés qué está pasando afuera, si te están queriendo dejar como un boludo, si quieren que pises el palito… Por eso fue que decidimos hacer la tregua entre los que veníamos jugando para cuidarnos entre nosotros. Después, con las semanas, esa paz se fue diluyendo.

—¿Qué sentiste cuando se fueron apagando las luces?

—Es una locura. Y si en la tele se ve como una escena cinematográfica, ni te digo verlo en persona. Son luces que yo vi seguido, durante siete meses, porque la casa nunca se apago, salvo las luces de las habitaciones. Está muy bien logrado el efecto del momento en que ves cómo la casa se va apagando desde atrás hacia adelante y te queda un foco en la cara. Mientras pasaba, yo pensaba: “¿Cómo hago para sacarle una foto a esto?”. Así que le saqué fotos mentales y es una imagen que me va a quedar por siempre.

Bautista GH
«Gran Hermano no es una competencia para subestimar», dice el ganador de la última temporada del reality show (Gentileza Telefe) (ADRIAN DIAZ BERNINI/)

—¿Para vos el mejor jugador de GH es el que apaga la luz?

—Lo de mejor jugador siempre es relativo. Yo creo que sí, que el mejor es el que termina ganando, porque de alguna manera llegó ahí y se ganó también el voto de la gente. Pero también yo digo que llegué a esa instancia por un tema del trabajo en equipo. Entonces no me atribuyo todo el mérito. Llegué a la final después de superar algunas placas, y ahí hubo una competencia abierta, democrática, digamos. Y ahí no hay misterios, el que tiene más votos gana. Pero igual es algo que me pregunté adentro y lo dije a cámara: ¿Gran Hermano lo gana el mejor hermano? ¿O lo gana el que más quilombo hace? El año pasado a mi me gustó Marcos (Ginocchio) como ganador de GH, me gusta su personalidad, siento que algunas cosas compartimos. Nuestra casa era un poco más jugadora que la anterior. Yo siento que el año pasado se condenaba un poco más el juego. Acá fue una partida de ajedrez de a veinte personas.

—¿Qué viniste a buscar a la casa y qué te terminaste llevando?

—Vine a buscar la experiencia y el resultado de la experiencia. A mi me gusta hacer música y un montón de cosas que requieren de una audiencia. Entonces, necesitaba eso, una audiencia, tener un foco puesto para que la gente me vea. Y qué mejor lugar que GH para ganar una audiencia que sea fiel, porque te conoce de verdad. Los que te siguen, es porque te conocen. Gran Hermano te deja desnudo frente a la gente. Literal: yo salí medio en pelotas en un video que no lo vi todavía, por suerte. Eso fui a buscar y me llevé más, porque nunca hubiera esperado generar amistades, relaciones amorosas… Me llevo un montón de cosas re piolas.

—¿Qué tipo de carrera te imaginás que vas a desarrollar o qué te gustaría hacer de ahora en más?

—La música es lo que me gusta y más me mueve, y sé que ahora podría hacerlo con más apoyo. Voy a ver si puedo ir por ahí. Pero también estoy abierto a las cosas que se vengan, a las oportunidades que se me presenten. Soy inquieto, curioso, hay cosas del arte que me gustan, como la actuación. En este momento no me senté a pensar objetivos, que está bueno ponerse para ir tras ellos. Pero ahora estoy en plan de disfrutar este momento, que es muy loco. Salir, que haya gente afuera para saludarte, los programas… Estoy viviendo el presente, no yéndome tanto con el celu y viendo las redes. Ya veré.