La reelección de Alberto Fernández se desdibuja y crece el operativo clamor en torno a Cristina Kirchner para 2023

La reelección de Alberto Fernández se desdibuja y crece el operativo clamor en torno a Cristina Kirchner para 2023

Acto 100 años de YPF - Tecnópolis - Alberto Fernández - Cristina Kirchner
Cristina Kirchner y Alberto Fernández (Franco Fafasuli)

Hasta el cierre de listas para las próximas elecciones, los alfiles del presidente Alberto Fernández continuarán la reivindicación de su candidatura para 2023. Pero, por lo bajo, varios de ellos empiezan a admitir que su reelección, en un contexto económico que no repunta, se perfila complicada. Prácticamente el único motivo por el cual sostienen un discurso esperanzador en torno a la competitividad de su figura es para defender la gestión durante el año y medio que le queda. Mientras tanto, crece el operativo clamor en torno a la candidatura de Cristina Kirchner, y si bien en su círculo íntimo niegan esas intenciones, se encargan de mantener la expectativa.

Esta semana se cumplió un mes desde que Alberto Fernández manifestó, por primera vez, y con todas las letras, que estaba decidido a competir por un segundo mandato. Aquella entrevista con El País de España le costó cara. Propios y ajenos dentro del oficialismo le restaron apoyo, por acción -con críticas subterráneas- u omisión -casi nadie salió a vivarlo- y desde entonces el primer mandatario relativizó sus intenciones, y no volvió a mencionarlas.

Sus colaboradores justifican este silencio con dos argumentos: que “falta mucho”, y que el electorado no recibe bien las alusiones en ese sentido en un momento económico desfavorable, atravesado por la inflación. En público, los ministros y legisladores que responden a la Casa Rosada suelen dar respuestas elusivas ante las preguntas de rigor de parte del periodismo sobre los planes de candidatura del Presidente. Pero en privado admiten que existe una encerrona. Si no defienden sus intenciones de competir, el Gobierno pierde expectativa y, por lo tanto, fuerza. Si las expresan con firmeza, reciben pocos apoyos, lo cual también los debilita.

Agustin Rossi Alberto Fernandez y Daniel Scioli
Agustin Rossi, Alberto Fernández y Daniel Scioli

Hoy son pocos los dirigentes dispuestos a quedar asociados (esta semana un funcionario dijo “pegados”) a un gobierno con un nivel altísimo de imagen negativa. Y los ministros y secretarios del círculo presidencial prefieren usar una fórmula condicional. “Si es candidato, lo vamos a apoyar”, dicen, mientras dejan la puerta abierta a otras posibilidades. Sin embargo, por ahora el oficialismo no kirchnerista mantiene sus dudas en bajísimo volumen, y sólo las admiten con todas las letras en charlas íntimas. Desean lo contrario, aseguran, pero la realidad se impone. “Si no decimos que va por la reelección, en dos meses le llaman a elecciones anticipadas”, dijo, con preocupación, un ministro que dialoga a diario con Alberto Fernández.

Hay quienes rumorean que el primer mandatario ya le dijo a su nuevo ministro de Producción, Daniel Scioli, que en caso de no correr personalmente la próxima carrera, le dará su bendición. En el entorno del ex motonauta lo niegan, y en la Casa Rosada hay quienes indican exactamente lo contrario: que Alberto está decidido, “naturalmente”, a “ser él” y que no está buscando delfines. Señalan, para ejemplificar, que el jueves, en el acto de jura de Scioli, el jefe de Estado mencionó a su predecesor, Matías Kulfas, y sumó al centro de la escena al nuevo titular de la AFI, Agustín Rossi, para bajarle el tono al acto de jura del recién llegado. “Seguramente les está diciendo a todos que van a ser el plan B”, justificó un importante funcionario que conoce bien a Alberto Fernández.

Más allá de la figura del Presidente, en todo el arco Frente de Todos comparten la misma preocupación por la cantidad de postulantes. “Si hay diez candidatos, es porque no hay ninguno”, dijo con firmeza, en una charla íntima en su despacho, un alto funcionario del Gobierno. A nadie se le escapa que absolutamente todos los referentes con intenciones presidenciales tienen un bajísimo nivel de conocimiento ante la opinión pública, o bien, una imagen negativa demasiado alta. Un funcionario se preguntaba, esta semana, muy desanimado, qué era peor. Sobre todo porque en la oposición de Juntos por el Cambio, si bien el abanico de candidatos también es muy amplio y las peleas están a flor de piel entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica -y sus diversas ramas internas-, sus candidatos lidian con índices de desaprobación más bajos.

En el panorama electoral, muchos dirigentes del ala moderada albergan cierta esperanza en que Cristina Kirchner no vuelva a designar a dedo al próximo candidato, sino que haya, en efecto, una “gran interna”, como pidió Alberto Fernández en el último acto político masivo que los encontró juntos, en la Plaza de Mayo, en diciembre. Pero casi nadie lo cree realmente viable. Al fin y al cabo, el kirchnerismo, aceptan, es el espacio del peronismo con mayor despliegue territorial en todo el país, especialmente en el más densamente poblado conurbano, donde ostenta, también, la mayor parte de los votos propios.

“Todos los dirigentes, de a poco, van pactando con Cristina Kirchner. No porque quieran, sino porque no les queda otra”, dijo un funcionario nacional que pivotea entre los distintos espacios. Y ubicó entre ellos al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Si bien desde 2019 el ex intendente de Tigre se posiciona en un punto intermedio entre los dos sectores, en la Casa Rosada dan por sentado que espera ser el designado por Cristina Kirchner para 2023 o 2027. En el kirchnerismo no lo descartan y hay quienes alimentan esa versión, desde hace largos meses.

En el Gobierno varias voces aseguran que también buscaron la bendición de la vicepresidenta el silencioso y enigmático jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el ministro de Vivienda, Jorge Ferraresi, a pesar de que durante el último año -y más- habían mostrado abierta identificación con Alberto Fernández. “El problema de Alberto es que nunca formó el albertismo, no tiene territorio. El kirchnerismo, sí”, dijo un diputado nacional que tiene línea directa con Alberto Fernández pero buena llegada, también, con el kirchnerismo y el massismo. De la misma forma, muchos creen que los ministros de Desarrollo Social, Juan Zabaleta; y Obra Pública, Gabriel Katopodis, con base en Hurlingham y San Martín, son los más complicados, por su alineamiento fuerte y continuo con Alberto Fernández. “Tarde o temprano van a tener que decidir qué hacen para no perder sus distritos por completo”, analizó un experimentado dirigente bonaerense.

jura daniel scioli reemplazo de kulfas
Santiago Cafiero y Eduardo «Wado» de Pedro (Luciano González)

De hecho, mañana, Ferraresi, intendente de Avellaneda en uso de licencia, será el anfitrión -junto a su delfín, el actual jefe municipal Alejo Chornobroff-, de un plenario de la CTA de Hugo Yasky por el Día de la Bandera, donde ya confirmó asistencia Cristina Kirchner. Como ya adelantaron desde ambos espacios, Alberto Fernández no será de la partida, y encabezará un acto protocolar, como en cada fecha patria desde que se distanciaron. Esta vez será en el CCK, donde tomará juramento a alumnos de 4to grado, al igual que el año pasado en Olivos. Los horarios no coinciden, pero la Vicepresidenta tampoco estará en el acto oficial en la ex sede del Correo.

En Avellaneda se espera un discurso crítico de CFK, en especial sobre el manejo de la economía y las relaciones internacionales, que cortará el respiro que experimenta la Casa Rosada hace algunas semanas. En el último tiempo, después de la última ola de fuertísimos cuestionamientos, el kirchnerismo disminuyó los niveles de confrontación. Esta semana, por ejemplo, aunque había muchos dirigentes de peso indignados con el tratamiento del Gobierno sobre el avión venezolano-iraní, la primera plana decidió mantenerse al margen, sin opinar. También frenaron los dardos sobre la segmentación de tarifas, que se concretó días atrás, a pesar de que es una de las políticas que más los incomodan. En la Casa Rosada perciben esta reserva con inquietud. Nadie sabe decir exactamente a qué se debe, pero no creen que haya cambiado la percepción y esperan el próximo golpe. Quizá, mañana, durante el acto en el sur del conurbano.

Mientras tanto, crece el operativo clamor en torno a la eventual candidatura de Cristina Kirchner, que empezó hace dos meses cuando el ex jefe de Gabinete de Axel Kicillof, Carlos Bianco, tiró la primera piedra, en una entrevista. Esta semana se sumó a esa línea una figura de mayor peso, el jefe de la bancada de senadores del Frente de Todos, José Mayans, alineado con la Vicepresidenta, aunque de buen diálogo con Alberto Fernández.

En el kirchnerismo no desmienten en público esta posibilidad y, al mismo tiempo, la riegan, siempre off the record. Altísimas fuentes vinculadas al Instituto Patria dijeron que es una “posibilidad muy seria” que la Vicepresidenta se postule, pero deslizaron que “depende de muchos factores”. Uno de ellos está vinculado al panorama en la oposición. No es lo mismo enfrentar a un moderado como Horacio Rodríguez Larreta que a Mauricio Macri, analizan, aunque se encargan de aclarar que una candidatura del ex presidente no significará, necesariamente, que CFK también corra. En última instancia -sobra decirlo- lo decidirá ella, pero en su entorno se abrazan a la esperanza de que lo haga.

En La Cámpora algunas voces son más cautas. “Los que hablan de Cristina candidata están siendo más papistas que el Papa. Lo hacen para quedar bien con ella, pero no tienen un dato político. Hoy es muy temprano”, dijo el vocero de un importante funcionario de la organización de Máximo Kirchner, que consideró “contraproducente” el operativo clamor, a esta altura. El ala kirchnerista más conservadora prefiere que se alimenten las intenciones electorales de todos, desde el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich; el de San Juan, Sergio Uñac; el ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro, el flamante titular de Producción, Scioli, y el propio Presidente. Después, aseguran, la Vicepresidenta decidirá quién competirá, basada en las chances de cada uno -según las encuestas-; la configuración del escenario político con respecto a la oposición; y la situación económica del año próximo.

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