
En la Londres del siglo XVII, decenas de jóvenes mujeres morían cada año por la llamada “enfermedad verde”, un diagnóstico desaparecido hoy de la medicina.
El fenómeno se registró principalmente entre mujeres adolescentes, alrededor de los años 1650. La afección preocupó tanto a médicos, familias y autoridades, que intentaron explicar sus causas y buscar posibles tratamientos. El término marcó la historia médica durante siglos, aunque para la actualidad su significado resulta confuso.
De acuerdo con National Institutes of Health, las primeras descripciones médicas de la enfermedad destacaron varios síntomas. Las jóvenes afectadas presentaban rostros pálidos, debilidad extrema, dificultad para alimentarse, hinchazón de tobillos y una pronunciada apatía.

Según detalló JSTOR Daily, numerosos médicos del período asociaron la enfermedad exclusivamente con mujeres jóvenes que no habían contraído matrimonio. Así, surgió la expresión popular “enfermedad de las vírgenes”, reforzando la idea de que un cierto estado civil guardaba relación directa con la salud.
John Graunt, considerado precursor de la estadística en Inglaterra, analizó el fenómeno en la capital británica. En sus informes, empleó eufemismos para evitar detalles explícitos sobre una supuesta causa sexual, pues en la época resultaba vergonzoso mencionarla.
En ese sentido, Graunt anotó en su tabla de mortalidad “Stopping of the Stomach”, pero aclaró que, en verdad, hacía referencia a la enfermedad verde.

Un síntoma de época y literatura
Durante siglos, la enfermedad también ocupó un lugar notable en la cultura popular. Shakespeare empleó el término en Romeo y Julieta y en Henry IV, Parte 2 para ridiculizar o señalar debilidades. La referencia a una apariencia pálida y enfermiza reforzó la idea de un vínculo entre la salud física y el estado emocional o social de los adolescentes.
Según el historiador Winfried Schleiner, la enfermedad resultó tan conocida que se convirtió en un recurso de la sátira política, la literatura y el teatro de la época.
Las jóvenes con “enfermedad verde” despertaron no solo preocupación médica, sino también comentarios mordaces y bromas sobre su situación personal y social. La descripción más difundida incluía rostros pálidos y “corazón tembloroso ante el más pequeño esfuerzo”.

De acuerdo con National Institutes of Health, la denominación proviene del griego chloros, que significa amarillo verdoso, resaltando el aspecto pálido de las afectadas. Los médicos del siglo XVI, como Johann Lange y Rodrigo a Castro, interpretaron la dolencia vinculándola a desequilibrios de los “humores” y atribuyeron su causa a la retención de “sangre mala” por la falta de actividad sexual o por vasos sanguíneos demasiado estrechos.
Ante la imposibilidad de recomendar el matrimonio para todas las jóvenes, sugerían sangrías o enemas como tratamiento alternativo, especialmente en el caso de mujeres consagradas a la vida religiosa.
La enfermedad permaneció ligada a la feminidad durante generaciones. Sin embargo, algunas obras literarias extendieron el término, en clave de burla, a hombres que no bebían alcohol ni tenían experiencia amorosa. Estos usos evidenciaron la carga simbólica y social del diagnóstico mucho más allá de cualquier base fisiológica comprobada.

Helen King, citada por Schleiner, detectó que menciones a la “green sickness” aparecieron en manuales médicos hasta los años 1920. No obstante, el diagnóstico desapareció del repertorio de enfermedades reconocidas durante el siglo XX. Las razones de este abandono se vinculan tanto al cambio en las costumbres sociales como a la comprensión médica de los síntomas.
De acuerdo a diversas investigaciones, médicos de la época confundieron manifestaciones de anemias reales con nociones sociales y morales relacionadas con la virginidad. La medicina moderna identifica la anemia como una afección causada por deficiencias nutricionales, enfermedades crónicas u otros motivos, sin vincularla al estado civil o a cuestiones morales.
Algunas crónicas y versos satíricos, como los referidos al duque de Monmouth, reforzaron la idea de que solo el matrimonio o las relaciones sexuales podían “curar” la enfermedad en las jóvenes.
Así se profundizó la estigmatización social sobre las mujeres solteras o quienes no deseaban contraer matrimonio, catalogándolas de enfermas por su estado.
A lo largo del tiempo, la noción de “enfermedad verde” funcionó como un reflejo de los prejuicios y el desconocimiento científico sobre la salud de las mujeres adolescentes.
El diagnóstico reflejó la interacción de factores culturales, médicos y religiosos en una época donde el acceso al conocimiento médico era limitado y dominado por creencias heredadas de la Antigüedad.
Actualmente, no existe ninguna evidencia que vincule la falta de matrimonio con enfermedades hematológicas. La desaparición del término “green sickness” y su olvido en la medicina contemporánea muestran cómo los diagnósticos pueden estar más influidos por valores sociales que por la evidencia científica.
Según especialistas como Helen King y Winfried Schleiner, el estudio de “enfermedad verde” permite comprender cómo la sociedad interpretó los síntomas de jóvenes mujeres y cómo la ciencia evolucionó al dejar atrás los mitos y avanzar hacia una comprensión basada en datos verificables y observación clínica.