El 26 de marzo último, Mario Alejandro Fariña conducía su Chevrolet Corsa en San Justo, partido de La Matanza, en un viaje de remise de tantos que hacía. Llevaba una mujer en el asiento trasero. Llegaron a la esquina de Colonia y Adolfo Berro.
Allí, un delincuente los cruzó. El hampón intentó robarle el Corsa a Fariña, según el relato policial del día. Ocurrió un forcejeo. El remisero terminó muerto a tiros; tenía 55 años. Era padre de dos hijos. La escena que siguió fue, al menos, caótica. Con el chofer todavía al volante, ensangrentado, el auto aceleró hacia un árbol. La mujer en el asiento trasero intentó maniobrar el vehículo. Se abalanzó al volante, sin éxito. El Corsa, finalmente, chocó. Así, la Policía Bonaerense llegó al lugar para comenzar la investigación del caso.
A comienzos del mes pasado, personal de la Comisaría 5° Centro San Alberto de la Policía Bonaerense capturó a un sospechoso por el crimen, con un trabajo de su gabinete técnico operativo y su jefe de calle. Se trata de Gonzalo Villalba, alias “Comita”, vinculado al submundo de rastreros y ladrones de choferes de la villa San Petersburgo. Fue encontrado en la misma zona que siempre frecuentó, luego de que un informante lo entregara y varios días de vigilancia encubierta. No fue sencillo seguir a “Comita”, que se había rapado la cabeza y se había dejado crecer la barba. Se encontraba en situación de calle y se movía de domicilio en domicilio. Sin embargo, contaban con un dato clave: su nombre completo.
La mujer que ocupaba el Corsa, una prostituta barrial, era su amante. “Si me amás, no me delates”, le advirtió “Comita” por chat.
Finalmente, lo entregó.

La mujer conocía a Fariña; era un remisero de confianza. También conocía a “Comita”, según declaró ella misma en la causa. Lo había visitado algunas veces en el penal de Magdalena, donde estuvo preso meses atrás por robo a mano armada. Meses antes, nostálgico, le había escrito desde su celda para que fuera a visitarlo. Cuando el ladrón salió y volvió al barrio, comenzó a frecuentarlo.
El fiscal Rulli ordenó inmediatamente tras el hecho que la mujer, que reconoció dedicarse al trabajo sexual, entregue sus conversaciones con el sospechoso y sus perfiles de redes sociales, ante el riesgo de que los borrara. Minutos después, “Comita” eliminó los chats, sin saber de la investigación en su contra.

Más tarde, ante el fiscal Rulli, la mujer reconoció que conocía a “Comita” desde chico y que, en la noche del 16 de mayo, Fariña la había llevado a encontrarse con él, para tener sexo en un hotel de San Justo.
Momentos antes del crimen, según su relato, la mujer le pidió al delincuente que pague el remise. Villalba se negó. Luego, le intentó robar el auto al chofer. Al final, lo mató.














