La Galleria Borghese en Roma, reconocida por su colección de arte barroco y ubicada en una villa del siglo XVII, enfrenta una ola de críticas tras presentar una propuesta para construir un edificio adyacente.
El objetivo del nuevo espacio es ampliar la capacidad de visitantes y exhibir obras actualmente almacenadas, en respuesta al aumento del turismo y la demanda cultural en la ciudad. Aunque el museo subraya que el proceso se encuentra en fase administrativa, diversos grupos patrimoniales italianos advierten que la iniciativa antepone los intereses comerciales a la protección cultural del sitio.
En 2025, la Galleria Borghese recibió a más de 630.000 visitantes, lo que representa un aumento cercano al 25% respecto a 2015, cifra considerable frente al límite actual de 360 visitantes por turno de dos horas. Este incremento se inscribe dentro del repunte turístico de Roma posterior a la pandemia de 2020, aunque la afluencia sigue siendo inferior a la de otros puntos emblemáticos de la capital italiana.
El estudio preliminar para el proyecto de ampliación fue encargado a una firma de ingeniería a principios de este año, con la intención de determinar la viabilidad técnica y económica de la obra y ofrecer una solución ante la restricción de espacio.
Además de incrementar el flujo de visitantes, el museo argumenta que la construcción permitiría exhibir una mayor proporción de su acervo, entre el que destacan obras de Bernini, Caravaggio, Correggio, Rafael y Tiziano, usualmente resguardadas fuera del alcance del público por limitaciones físicas de la villa.
Los defensores del patrimonio italiano sostienen que la expansión podría poner en riesgo la integridad arquitectónica y paisajística de la villa y sus jardines, proyectados hace cuatro siglos según el modelo inglés. “No a la construcción de un nuevo edificio junto a la Galería [Borghese]”, reclamó la asociación Amigos de Villa Borghese a través de Facebook, donde instó a la cancelación del proyecto.

A esta postura se sumó Tomaso Montanari, historiador del arte y destacado promotor de la conservación patrimonial, quien advirtió en un artículo publicado en el periódico Il Fatto Quotidiano: “Sigue la lógica de un hipermercado: debemos aumentar, aumentar, aumentar. No importa si destruimos la identidad estética centenaria de algo único y vivo en el mundo.”
La ciudad de Roma, que ejerce jurisdicción sobre la Galleria Borghese, autorizó el estudio de factibilidad en enero, pero sostiene que no se ha dado luz verde definitiva. Corriere della Sera recogió declaraciones de Massimiliano Smeriglio, responsable de cultura del consejo municipal, quien puntualizó: “Hemos tomado nota de las necesidades expresadas por el museo, pero por ahora es solo una voluntad genérica. El proyecto de viabilidad técnica y económica debe presentarse aún para que se realicen evaluaciones y deducciones.”
La Villa Borghese, erigida en las primeras décadas del siglo XVII por el cardenal Scipione Borghese —sobrino del papa Paulo V y ferviente coleccionista—, ha sido testigo de múltiples intervenciones. Sin embargo, grupos patrimoniales alegan que esta propuesta representa un punto de inflexión ante la presión turística y la creciente demanda de acceso al arte, abriendo un debate sobre los límites entre la conservación histórica y la adaptación al nuevo panorama cultural de Roma.












