
La mayoría de las personas asocia los problemas de la boca con el dolor de muelas o con esa visita al dentista que se posterga meses. Sin embargo, si bien se trata de un factor poco visible tiene un gran impacto sistémico. Según los especialistas, la inflamación crónica que aparece cuando la boca no está sana puede restar energía al músculo, a la recuperación y al rendimiento.
La salud bucal puede afectar el deporte incluso en el alto rendimiento. Un reciente metaanálisis evaluó el impacto de la enfermedad periodontal en deportistas profesionales y reveló que quienes sufren periodontitis tienen un 55% más de probabilidades de reportar una disminución en su rendimiento físico.
En la misma línea, un estudio transversal realizado en el marco de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 ya había evaluado a 278 atletas con datos disponibles y el 18% reportó que los problemas en la boca afectaban su entrenamiento o su rendimiento.
La inflamación “silenciosa” que el cuerpo paga con rendimiento

Consultado por Infobae, el odontólogo de la Unidad de Soporte Odontológico del Hospital Italiano Martín Altavista (M.N 35.917) sostuvo que el problema no se limita a un dolor localizado.
“Cuando hay enfermedad en las encías o caries sin tratar, las bacterias y sus toxinas no se quedan ahí. Entran al torrente sanguíneo y disparan una respuesta inflamatoria en todo el cuerpo”, afirmó.
En su mirada, ese proceso obliga al sistema inmune a sostener un esfuerzo constante: “El sistema inmune empieza a trabajar de más para intentar controlar ese foco. Y esa energía que el cuerpo destina a ‘apagar ese incendio’ es energía que le resta al músculo, a la recuperación y al rendimiento”.
El impacto autoinformado observado en atletas olímpicos sirve como una señal de alerta para una práctica que suele quedar fuera de los chequeos deportivos. Según el estudio de Londres 2012, además de ese 18% que percibió efecto sobre el desempeño, se detectaron niveles elevados de enfermedad oral en los deportistas que asistieron a la clínica dental del evento.
Periodontitis: una infección crónica que eleva marcadores que ya se miden en medicina del deporte

Para entender el vínculo con fatiga y recuperación, Altavista precisó el cuadro clínico: “La periodontitis es una infección crónica de las encías y el hueso que sostiene los dientes”. Remarcó que, en la mayoría de los casos, no duele y puede pasar inadvertida: “Es una herida abierta con bacterias activas que sangran al mínimo contacto”.
Ese foco, sostuvo, no se queda en la cavidad oral. “Esa infección silenciosa genera en el organismo una respuesta inflamatoria permanente. Se liberan al torrente sanguíneo unas proteínas (las más conocidas son la IL-6 y la proteína C reactiva) que son exactamente las que los médicos del deporte miden para saber si un atleta está sobrecargado, si su recuperación es buena o si tiene riesgo de lesión”, explicó. En ese punto, sintetizó su idea clínica: “Un deportista con periodontitis activa, antes de ponerse las zapatillas, ya tiene esos indicadores elevados”.

La evidencia disponible sobre la asociación entre enfermedad periodontal y rendimiento fue sintetizada en una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Research in Sports Medicine. El trabajo buscó estudios observacionales hasta abril de 2022 y concluyó que la enfermedad periodontal se asoció con reducción del rendimiento deportivo autoinformado (OR = 1,55; IC 95% 1,04–2,31; p = 0,03), aunque señaló la necesidad de más estudios con evaluación objetiva y control de factores de confusión.
Altavista fue explícito sobre lo que todavía no está resuelto: “En cuanto a si existe un umbral exacto a partir del cual el rendimiento cae, la respuesta honesta es que todavía no está del todo definido”.
Lesiones que no cierran: cuándo mirar la boca en la consulta deportiva

Consultado sobre cuándo se indaga en la salud bucal ante lesiones de las que no se explica la procedencia, el odontólogo describió un escenario clínico frecuente: síntomas persistentes o repetidos sin causa evidente. “En mi trabajo en el Hospital Italiano, donde atiendo pacientes con enfermedades complejas, aprendí a leer la boca como un espejo del resto del cuerpo”, apuntó. A partir de esa experiencia, trasladó el criterio al deporte: la señal aparece “cuando algo no cierra”.
En su enumeración, la salud bucal debería revisarse ante “una lesión que no cicatriza en los tiempos normales, una fatiga que persiste sin causa aparente, dolores articulares o musculares que se repiten sin que haya un traumatismo que los explique, o infecciones respiratorias frecuentes”.
Y planteó una barrera estructural: “Hoy, en la mayoría de los equipos deportivos (incluso en niveles semiprofesionales), el odontólogo no forma parte del equipo médico”.
En este punto, el médico deportólogo Néstor Lentini coincidió en la necesidad de integrar el cuidado odontológico al control del atleta, con foco en un punto concreto. “El deportista debe cuidarse de no tener caries, tiene que consultar periódicamente al odontólogo”, sostuvo ante la consulta de Infobae. En su explicación, las caries “pueden afectar el rendimiento físico y aumentar el riesgo de lesiones musculares o provocar fatiga muscular”.
Lentini también vinculó el dolor y la inflamación con la precisión técnica: el cuadro puede “limitar la concentración” y “conllevar a realizar mal un gesto deportivo”, con especial relevancia “en aquellos donde la destreza y la concentración son fundamentales”. En su lectura clínica, eso se traduce en “mayor predisposición a desgarros y calambres”.
Caries, bacterias y complicaciones: lo que suma riesgo cuando se ignora el foco

Para Lentini, además del impacto funcional, existe un riesgo infeccioso que merece atención clínica. “Las caries pueden ser reservorios de bacterias como el streptococco que viajan por el torrente sanguíneo y pueden alojarse en las válvulas cardíacas produciendo endocarditis bacteriana con todas las complicaciones que ello conlleva”, advirtió.
En esa línea, cerró con una recomendación general que integra prevención y rendimiento: “La higiene y el cuidado bucal con la visita periódica al odontólogo es fundamental para mantener al organismo saludable y prevenir todo este tipo de lesiones que alteran el rendimiento deportivo”.
Isotónicas, geles y barritas: la dieta que rinde, pero puede dañar el esmalte

Altavista planteó una “paradoja” en deportistas que entrenan con constancia: “El deportista puede tener una higiene bucal impecable y aun así tener los dientes en mal estado”. La explicación, dijo, suele estar en lo que se consume durante el entrenamiento: bebidas isotónicas, geles de carbohidratos y barritas energéticas, con perfiles ácidos y azucarados.
Un trabajo difundido por University College London sobre atletas de elite describió un patrón de consumo alto: 87% reportó uso regular de bebidas deportivas, 70% de geles y 59% de barritas energéticas.
Altavista explicó por qué el daño se acumula: “Durante el entrenamiento se toma a sorbos, durante una hora o más, mientras la boca está seca por el esfuerzo físico”. En ese contexto, señaló, la saliva pierde capacidad protectora: “Neutraliza los ácidos, remineraliza el esmalte y limpia. Con menos saliva y más ácido, el daño se acumula entrenamiento tras entrenamiento, de forma silenciosa”.
También marcó una brecha asistencial: “El nutricionista trabaja para optimizar el rendimiento, que es su función, pero rara vez hay un diálogo con el odontólogo”. Y llevó el concepto a una indicación práctica: “Después de consumir un gel o una bebida isotónica alcanza con enjuagarse con agua” y “no cepillarse los dientes de inmediato” porque “el esmalte queda temporalmente debilitado”.
Qué controles y hábitos mínimos recomiendan para entrenar sin “pagar” con la boca

Para alguien que no es deportista profesional, pero entrena con frecuencia (cuatro o cinco veces por semana) y busca prevenir que la salud bucal le baje el rendimiento, Altavista propuso un piso claro: “Dos visitas al dentista por año, con revisión de encías”. Aclaró que no se trata de un control superficial: “No el ‘chequeo rápido’ que solo busca caries, sino una evaluación periodontal”.
En el día a día, insistió en lo básico que suele omitirse: “Cepillado dos a tres veces por día con técnica correcta e hilo dental diario”. Y explicó por qué ese punto define resultados: “El cepillo no llega entre los dientes, que es exactamente donde empieza la enfermedad periodontal”.
Para reducir el impacto de bebidas y geles, detalló una secuencia: “Agua después de entrenar, antes de cepillarse. Si tomaste una bebida isotónica o un gel, enjuagate con agua y esperá al menos 30 minutos antes de cepillarte”. También sugirió revisar un foco frecuente en jóvenes: “Una muela de juicio que no salió bien puede generar una infección crónica de bajo grado que pasa completamente desapercibida durante meses”.
Señales de alarma: cuándo frenar el entrenamiento y consultar al odontólogo

Altavista diferenció molestias leves de cuadros que no conviene dejar evolucionar. “Hay cosas que no conviene esperar a que ‘se pasen solas’”, sostuvo, y enumeró signos: dolor espontáneo (sobre todo si despierta de noche), inflamación visible en la encía con o sin pus, sangrado abundante y repetido, y limitación para abrir la boca o dolor mandibular.
En su regla práctica, el tiempo importa: “Si algo en tu boca cambió y en 72 horas no volvió a la normalidad, es momento de consultar”. Y explicó un sesgo frecuente en la consulta: “La boca tiene una capacidad enorme de hacernos acostumbrar al malestar. Muchos pacientes llegan con procesos crónicos de meses convencidos de que ‘siempre fue así’”.
El riesgo, en la lógica del entrenamiento, es doble: el dolor y la inflamación pueden condicionar el rendimiento y, además, sostener un foco inflamatorio que interfiere con la recuperación. Por eso, tanto la revisión sistemática de Research in Sports Medicine como los datos observados en atletas olímpicos refuerzan una idea operativa: la boca también es una variable de rendimiento.













