
La carrera policial de Fernando Paúl F. R., cabo segundo en servicio activo, terminó en una habitación de hotel cerca de la frontera sur. El 20 de noviembre de 2025, a las 10:45 de la mañana, agentes de la Unidad de Investigaciones Antinarcóticos con Coordinación Europea (Uiace) irrumpieron en el cuarto 201 del Hotel Monet, en Huaquillas. Allí encontraron USD 6.000 en efectivo y al hombre que dentro de la institución era conocido como “Peluche”, señalado por la Fiscalía como jefe de una estructura delictiva integrada por policías que, desde sus cargos operativos, proporcionaban asesoría, logística y movimientos financieros al crimen organizado.
La detención, que no fue publicitada por el Gobierno ni por la Policía, marcó el primer golpe a una red que llevaba meses operando en sigilo. Los expedientes judiciales revelan que la organización había logrado infiltrar unidades estratégicas en puertos, aeropuertos y jefaturas antinarcóticos, aprovechando la información sensible que manejaban ciertos uniformados. Ese fue el terreno desde donde Peluche articuló un sistema que, según la Fiscalía, movió grandes sumas de dinero para organizaciones delictivas durante 2025.
Junto a él operaban otros tres policías: Wilson Alfredo S. N., alias “Sonwil”; Joseth Alexander S. N., alias “Troxo”; y Juan David C. O., alias “René”. Todos conocían a fondo el funcionamiento de los controles en zonas críticas. Sonwil, exsargento, había servido en el control canino de puertos y aeropuertos en El Oro, una provincia estratégica para el tráfico marítimo. Su hermano Troxo trabajó entre 2020 y 2021 en la Unidad Antidrogas de Puertos y Aeropuertos (UIPA), en Guayaquil, uno de los puntos más utilizados por las mafias para enviar cocaína al exterior. René, por su parte, estaba asignado a la Jefatura Antinarcóticos de Cañar.

La investigación que los puso bajo sospecha comenzó el 2 de mayo de 2025, cuando un operativo policial decomisó USD 280.560 ocultos en un vehículo. A partir de ese hallazgo, los investigadores descubrieron patrones de movimientos reiterados de dinero entre enero y mayo de ese año. El golpe clave vino de la incautación de un iPhone 14 Pro Max perteneciente a César Augusto C. M., alias “Ches”, un civil que también integraba la estructura y que permanece prófugo. El contenido del dispositivo permitió reconstruir el rol de Peluche como reclutador de policías y coordinador de operaciones financieras clandestinas.
Los chats recuperados muestran, por ejemplo, que Troxo buscaba acercarse a él para ingresar formalmente al esquema criminal. “Ojalá el Peluche diga: ven a trabajar conmigo”, escribió el 12 de enero de 2025. En otro mensaje, se advertían riesgos por el aumento de operativos policiales y se hablaba abiertamente de “mover plata de un lado a otro”, lo que según la Fiscalía confirma que los uniformados actuaban como facilitadores logísticos para el narcotráfico.
Para evitar rastreos, la banda utilizaba aplicaciones encriptadas como Zangi. Allí se identificó al usuario “Yanquee”, que resultó ser Sonwil. Entre el 30 de abril y el 1 de mayo de 2025, él y Ches planificaron el traslado del dinero que luego sería decomisado. La operación fue ejecutada en varias fases, recolectando sumas en distintos puntos y culminando en entregas que se realizaban con palabras clave. Cuando Peluche avisó a Ches que “el amigo k le tiene” debía recibir la “ropita” en Riobamba, se refería —según los peritajes— al dinero que debía entregar René.

Las fotografías encontradas en el teléfono reforzaron la línea investigativa: imágenes de fajos de billetes, armas, municiones, los propios implicados posando juntos y una foto de Troxo junto a un trabajador con gafete de un operador portuario privado. La Fiscalía sostiene que este conjunto probatorio muestra no solo la existencia de la red, sino la confianza interna y el nivel de acceso que tenían sus miembros.
El día de la caída de Peluche, las detenciones se encadenaron como efecto dominó. A las 11:10 fue capturado Sonwil en Riobamba; veinte minutos después, su hermano Troxo. Finalmente, a las 11:56, René fue detenido en la Fiscalía de Cañar con USD 4.800. Ahora, todos enfrentan cargos por delincuencia organizada y se encuentran bajo prisión preventiva mientras avanza una instrucción fiscal de 90 días. La Fiscalía busca seguir el rastro de “Ches”, cuya fuga impide cerrar el círculo de la estructura.
Detrás del alias Peluche no había un gran capo, sino un cabo de Policía con acceso a información estratégica que supo explotar las grietas del sistema. Su caso vuelve a exponer hasta qué punto el narcotráfico ha logrado penetrar instituciones claves del Estado, utilizando a funcionarios que conocen los mecanismos de control y las debilidades operativas. Ninguna autoridad ha explicado hasta ahora cómo operó la red dentro de la institución y cuántos procesos internos se derivarán. Pero la historia de Peluche muestra, una vez más, que el crimen organizado no solo se combate en las calles, sino también dentro de los propios organismos encargados de enfrentarlo.