
El ejercicio otorga beneficios que superan la resistencia física o el estado de ánimo.
Científicos en China descubrieron que la molécula betaína, que está presente en alimentos como la remolacha y la espinaca, se activa en mayor cantidad cuando el cuerpo realiza actividad física regular.
Ese hallazgo sugiere que la betaína actúa como pieza clave en los efectos protectores que el ejercicio genera contra el envejecimiento. Fue publicado en la revista Cell.

Los investigadores demostraron que los niveles de betaína en el cuerpo aumentan a partir de la constancia deportiva y se vinculan con una ralentización de los procesos de envejecimiento a nivel celular.
Así, la ciencia suma una explicación molecular a los conocidos beneficios del ejercicio sobre la salud. El trabajo fue liderado por expertos del Hospital Xuanwu, la Universidad Médica Capital y la Academia China de Ciencias.
El hallazgo abre la posibilidad de desarrollar tratamientos que imiten los efectos antienvejecimiento del ejercicio en personas que no pueden realizar actividad física regular.
La identificación de la betaína como molécula clave sugiere que, en el futuro, podrían crearse fármacos basados en este compuesto para retrasar el envejecimiento y reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con la edad.
El enigma molecular del ejercicio y la longevidad

El origen de los efectos positivos del ejercicio seguía siendo un misterio en el plano molecular.
La comunidad científica quería entender qué procesos internos explican que moverse regularmente ayude no solo al corazón y los músculos, sino también a la longevidad y la calidad de vida.
Uno de los grandes interrogantes giraba en torno a los mecanismos que hacen que la actividad física tenga un impacto real en el envejecimiento.

Los científicos que publicaron en Cell buscaron decodificar cómo funciona exactamente esa “medicina natural” del ejercicio y qué ocurre dentro de las células.
El principal objetivo fue identificar y analizar los cambios moleculares y celulares que produce el movimiento sostenido en el tiempo.
Para eso, utilizaron herramientas que permiten analizar de forma simultánea genes, proteínas, sistema inmune y pequeñas moléculas como el betaína.
Betaína: el secreto molecular del ejercicio

Los investigadores convocaron a 13 voluntarios sanos y evaluaron sus respuestas al ejercicio en dos momentos: luego de un trote de 5 kilómetros y tras un mes de rutina física constante.
Así los científicos observaron tanto el efecto inmediato como el cambio más duradero generado por la constancia.
Después de una sola sesión de ejercicio, el cuerpo de los participantes mostró una respuesta aguda de estrés.
Con el paso de las semanas y la repetición del esfuerzo físico, se registraron modificaciones profundas: menor envejecimiento celular, menos daño en las células y mejoras en la flora intestinal y el sistema inmune.

Uno de los descubrimientos centrales consistió en que los riñones empezaron a producir “mucho más betaína” tras el mes de ejercicios.
El equipo comprobó que este aumento de la molécula bloquea una enzima llamada TBK1, relacionada con procesos de inflamación y envejecimiento.
Esta función protectora del betaína fue puesta a prueba también en ratones.
Los ensayos demostraron que los animales con mayores niveles de esta sustancia mostraron menor acumulación de grasa en el hígado, un problema frecuente con la edad o el sedentarismo.
Es decir que los investigadores comprobaron que la betaína puede imitar algunos de los efectos beneficiosos del ejercicio, especialmente el enlentecimiento del envejecimiento biológico.
Además, los investigadores observaron mayor sincronización entre distintos órganos, asociada a la acción del betaína, lo que amplifica su impacto beneficioso.

“Nuestro estudio delineó el mapa molecular mediante el cual el ejercicio transforma la fisiología humana, proporcionando ideas mecanicistas sobre sus beneficios para la salud”, detallaron en el estudio.
Esta hoja de ruta molecular permite pensar en formas nuevas de fomentar el bienestar, incluso para personas que no pueden realizar actividad física intensa.
Otra conclusión importante es que los efectos positivos no surgen de hacer ejercicio una sola vez, sino que aumentan solamente con la regularidad.
De este modo, la betaína se perfila como un camino a explorar para el desarrollo de futuros tratamientos enfocados en el envejecimiento saludable.
Recomendaciones, límites y proyecciones

Si bien el hallazgo acerca una posible “píldora del ejercicio”, el avance no reemplaza los muchos beneficios físicos y mentales que solo la actividad física puede brindar.
Trabajaron con una muestra pequeña y en un periodo limitado. Por este motivo, falta realizar estudios con más participantes y durante más tiempo para asegurar la validez universal de los resultados.
Aun así, el descubrimiento muestra que los efectos del ejercicio surgen de transformaciones reales y medibles en las células y moléculas del cuerpo.